No hay ninguna duda de que el Gobierno de España está viviendo su momento clave. Todo gobierno que dura más allá de una legislatura lo tienen que pasar y el que tiene que asumir el del gobierno presidido por Rodríguez Zapatero es de especial importancia, ya que las circunstancias son especialmente delicadas.
El Gobierno tiene que ejercer de gobierna y asumir decididamente el liderazgo del país. Tiene que empezar a tomar decisiones claras, determinantes y sin marcha atrás. Tiene que armarse de buenos argumentos y saberlos comunicarlos y esencialmente tiene que comunicar la gravedad de la situación.
Las medidas que vaya tomando tienen que estar equilibradas. No puede cargar las reformas o los ajustes solamente hacia un lado de la sociedad, aunque tampoco puede intentar contentar a todos. El gobierno debe transmitir confianza, pero debe empezar confiando en sí mismo.
No parece buena idea, lanzada por Iñaki Gabilondo la otra noche , la de nombrar a un ministro/a de Economía y Hacienda que genere confianza tanto dentro como fuera del país, dotarle de una amplia autonomía y descargar todo lo económico en él, de forma que el resto del gobierno pueda dedicarse a sus materias propias sin tener que responder continuamente por la situación económica. En todos caso el gobierno debería ser más pequeño y tener menos ministros quemados.
El Gobierno debe explicar a los ciudadanos cuestiones básicas tales como que en una economía de mercado el empleo lo crean las empresas y que al gobierno solamente le corresponde propiciar un ambiente económico adecuado. Que sin empresas e inversiones aquí no hay nada de hacer en cuestiones de desempleo. Hay que remover instituciones y prácticas que no sirven absolutamente para nada y que lo único que hacen es anclar al país.
Nada une más a un partido político que el ejercicio del poder y nada lo desune más que la pérdida de éste e incluso la posibilidad de perderlo. El PSOE también está pasando por un momento delicado, pues perder el gobierno dejando atrás cuatro millones de parados puede ser un obstáculo político y electoral para dos décadas. Las últimas posiciones de Barreda, sin duda representante a un sector en alza dentro del PSOE, como es el “Bonismo” es un reflejo de esta preocupación y más cuando las elecciones municipales y autonómicas de 2011 se presentan como un calvario para los socialistas.
Lo malo que tiene una crisis como la actual es que hay que aplazar temas importantes precisamente por la crisis. Lo bueno que tiene la crisis se encuentra en su misma maldad: muchas cuestiones urgentes y espinosas pueden asumirse precisamente gracias a la crisis. Todo es cuestión de querer o no querer liderar al país.





