A pesar de las conspiraciones en todas partes de los gnomos de londinenses que ve el gobierno, The Economist sigue siendo, con mucho, el mejor semanario de Europa. No suelo estar de acuerdo con muchas cosas que dicen, creo que a veces se les ve el plumero ideológico y que a menudo pecan de ingenuos, pero tienen al menos un par de cosas fantásticas: mostrar siempre las dos caras de un problema y apostar el high profile. Explican las cosas de forma pedagógica y citan a gente buena. En España o en Francia en las páginas de opinión se ven demasiado a menudo apuestas por la psicomagia y en las de informacion periodistas que no han digerido bien lo que les han contado.
Y en todo esto pensaba viendo el debate (escrito) que han organizado sobre el asunto de la Innovación financiera. Básicamente han juntado a dos cracks de la economía como son Ross Levine (pro) y Stiglitz (contra) para que discutan si el desarrollo de los instrumentos financieros cada vez más sofisticados es algo globalmente positivo o negativo. El debate ilumina algo que es bastante cierto sobre la profesión económica que comenta la moderadora en el turno de réplicas; a nivel teórico/abstracto, ambos están generalmente de acuerdo en que un sistema financiero eficiente es fundamental, en que las innovaciones financieras son un arma de doble filo con riesgos y oportunidades, etc… Sin embargo, cuando se mueven a un terreno más concreto, la diferencias aparecen. Viene a poner sobre la mesa lo que decía yo en este post que lo que divide a los economistas ¨(serios) liberales y socialdemócratas no es tanto una perspectiva teórica, sino un problema de optimismo o pesimismo relativo respecto a determinados mecanismos de asignación de recursos; un pesimismo u optimismo que juega cuando la evidencia empírica es ambigua.





