La durísima política de ajuste presentada por Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados, que va a recaer sobre los empleados públicos, pensionistas, personas dependientes, eL Tercer Mundo…era algo que se veía venir hace tiempo. Desde ámbitos económicos, políticos, mediáticos impregnados del más puro y duro neoliberalismo, nos han estado anunciando medidas semejantes que se estaban aplicando en Grecia, en Irlanda o Portugal, para que los españoles nos fuéramos preparando.
Ya han llegado. Como no podía ser de otra manera, han sido muy bien recibidas por las organizaciones empresariales, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, y también por los mercados, esa entidad sacrosanta, a la que debe subordinarse todo, la política y la ética. Que uno de los procedimientos más contundentes y rápidos para que suban las acciones en la Bolsa, sea el recorte de importantes derechos sociales a determinados colectivos, no deja de ser lamentable. Como también que la rebaja del 5% de las remuneraciones de los empleados públicos, ignorando acuerdos previos firmados con sus representantes sindicales, sea no sólo bien acogida, sino ensalzada por amplios sectores de la sociedad española. Yo creo que todavía les sabe a poco. Todavía quieren más. Se sentirían plenamente satisfechos si a los funcionarios públicos les aumentaran las horas de trabajo, les suprimirían las pagas extraordinarias, las vacaciones pagadas, y por qué no, los militarizarán, y además los encorrieran a gorrazos si osaban quejarse. Alegrarse de la desgracia ajena, se comenta por sí solo. Como funcionario que soy, nunca podría alegrarme si se tomara una medida semejante con un trabajador de la Opel o de la Balay. Mas esto es lo que hay. Y que conste que asumo de una manera responsable el sacrificio, siempre que lo hagamos solidariamente todos.
Lo que es incuestionable es que al final vamos a pagar la crisis, los de siempre: aquellos que no hemos tenido nada que ver ni en su origen ni en su desarrollo. Los verdaderos culpables, se van a ir de rositas. La gran banca, grupos de inversores, auténticos tiburones de las finanzas, que con inmorales y vergonzosas maniobras especulativas se han apropiado de buena parte de nuestra deuda pública, tras subir la prima de riesgo del bono a 10 años, respecto al alemán, en 6 puntos porcentuales para Grecia, 2 para Portugal y 1 para España, Italia y Reino Unido. Por ende, el pago de esta deuda más costosa se va a realizar con el dinero arrebatado entre otros a millones pensionistas. Es el pensamiento único. ¡Y ay de aquel que se atreva a cuestionarlo! Desde las corrientes neoliberales, hace décadas, se ha estado sembrando la idea, de que el progreso, por el que cada generación viviría mejor que la anterior, se terminó. Hoy, la clase trabajadora, como la tiene asumida, ha renunciado ya a mejorar su situación, por lo que se siente harto satisfecha con mantenerse como está. Todavía más, a muchos trabajadores europeos nos han convencido de que la culpa es de los “otros”: los empresarios asiáticos que producen a bajo precio porque pagan salarios de miseria, de los inmigrantes o de los funcionarios. La construcción de un enemigo exterior viene muy bien. Y así se evita que surja una conciencia de clase. Divide y vencerás.
Mas no tienen bastante, se las ingeniarán para dar más vueltas de tuerca. Su voracidad es inimaginable. Un simple ejemplo. ¿Qué se esconde tras la tan traída reforma laboral? Pues acabar con ese dualismo dentro del mercado laboral, entre los trabajadores sin contrato indefinido, y aquellos que lo tienen fijo, como son los funcionarios. Aquí todos iguales, pero por lo bajo. Que todo trabajador pueda ser despedido en cualquier momento. Debemos estar preparados los empleados públicos. Llegará, vaya que si llegará. Cuando haya llegado, nuestros compatriotas se sentirán también plenamente satisfechos. Mal de muchos, consuelo de tontos.
En lugar de la opción tomada de reducción del gasto, la más fácil, rápida y contundente; hay otras, mucho más justas, como la del incremento de los ingresos, con una fiscalidad más progresiva. Tal como señaló Francisco de la Torre Díaz Portavoz de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE): Las rentas del capital (plusvalías obtenidas especulando en bolsa, intereses, dividendos,…) tributan al 18%. Las rentas del trabajo (sueldo obtenido trabajando) tributan del 24 al 43%, según ingresos. No es de recibo, es inmoral, que mientras las grandes fortunas tributen al 1% mediante el instrumento de las SICAV (Sociedades de inversión de capital variable), se le congele la pensión a un jubilado. Hay suficiente margen de maniobra para buscar ingresos en determinadas rentas de capital. El hacerlo así, no sería otra cosa que cumplir la Constitución, tal como señala el artículo 31.1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio
Todos aquellos que somos trabajadores, debemos estar preparados porque se avecinan tiempos duros en un futuro inmediato, y más todavía si no se produce una reacción contundente desde la izquierda política y sindical. Circunstancia poco probable, pues tal como ha dicho Saramago: no es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir…
Como colofón de todo lo expuesto, resultan muy ilustrativas las palabras del gran historiador Joseph Fontana: “Desde 1789 hasta el hundimiento del sistema soviético las clases dominantes europeas han convivido con unos fantasmas que atormentaban frecuentemente su sueño: jacobinos, carbonarios, anarquistas, bolcheviques…, revolucionarios capaces de ponerse al frente de las masas para destruir el orden social vigente. Este miedo les llevó a hacer concesiones que hoy, cuando no hay ninguna amenaza que les desvele—todo lo que puede suceder son explosiones puntuales de descontento, fáciles de controlar---, no necesitan mantener.”





