Citoyen escribía la semana pasada por aquí el lado sobre un libro que defiende una idea curiosa: el origen de la burbuja crediticia no es la política monetaria, sino la desigualdad económica. Raghuram Rajan, un economista de la Universidad de Chicago (¡!), explica que el progresivo estancamiento de los niveles de renta de ámplios estratos de la sociedad americana fue compensado en parte a golpe de endeudamiento.
La idea es relativamente sencilla, y es relativamente racional desde el punto de vista individual. Si las universidades públicas eran cada vez más caras, la clase media pedía créditos. La sanidad subía de precio, tirabas de tarjeta de crédito para emergencias. Las pensiones de jubilación de empresa son cada vez menos fiables, compras una casa como forma de ahorro/inversión. En cierto sentido, los americanos vivían bajo el estado de bienestar de plástico, bajo la égida de las tarjetas de crédito.
Si repasamos la política económica de los Estados Unidos en los últimos treinta años, lo cierto es que la idea no es en absoluto descabellada. Ronald Reagan y sus muchachos se plantaron en Washington con dos grandes principios rectores: el estado de bienestar era demasiado grande y demasiado caro y debía ser desmantelado, y el principio rector de la política económica era la responsabilidad individual, con cada uno a su bola y ahí donde caigas es tu problema. San Reagan no redujo el tamaño del estado, ni bajó los impuestos, ni el déficit público, pero lo de aumentar desigualdades y eliminar regulación lo hizo a conciencia.
El resultado fue, en cierto sentido, un nuevo modelo social implícito: el gobierno no te echará una mano - si necesitas ayuda, el riesgo lo pagas tú, vía tipos de interés cuando pidas un crédito. Las ayudas que retiramos por un lado las “compensamos” haciendo mucho más fácil pedir dinero prestado, creando así una sociedad donde cada uno es responsable de su destino, etcétera, etcétera.
La idea suena muy bien, pero tiene dos problemas graves. Primero, y más obvio, el acceso a crédito es increíblemente regresivo. Citoyen dice que los grandes beneficiados de esta clase de arreglos son las clases medias, pero de hecho me parece (sin mirar números) que aquí todo el mundo se ha llevado tortazos a mansalva. El desastre inmobiliario ha hecho que una cantidad increíble de gente deba más de lo que vale su casa en Estados Unidos (un 23% de las viviendas están en esta situación - y en algunos sitios, como Las Vegas, un 80%), sin ir más lejos; y el camino más rápido para que una familia de clase media deje de serlo es tener problemas de salud y “disfrutar” su seguro médico.
Paradójicamente, la gente que realmente no tiene demasiado no se ha llevado tantas galletas. Las hipotecas basura cayeron sobre todo en la clase media-baja, no en la gente realmente pobre, las pensiones públicas se han mantenido, y tanto pobres como ancianos aún tienen cierto acceso a la sanidad, sea vía Medicaid o Medicare.
La explosión de crédito ha ocultado la desaparición de toda una serie de servicios que la clase media americana tenía como intocables, como universidades públicas decentes (y no demasiado caras), seguro médico de empresa y precios de vivienda relativamente estables. No todos los cambios son consecuencia directa de políticas públicas (la sanidad de empresa era una mala idea ya desde el principio), pero el aumento de las desigualdades en gran medida sí lo es, y la mayor dependencia en crédito es un resultado de ello.
El segundo problema, igual o más grave, es que la desigualdad tiene un efecto secundario curioso: oculta la inflación en sitios donde no queremos que esté. Hace una temporada citaba a Steve Waldman, que escribía un artículo sobre ello defendiendo esta idea.En una sociedad más o menos igualitaria, el crecimiento económico hace que aumente la renta de los que no tienen demasiado dinero, y estos son mucho más propensos a consumir. El aumento del consumo tiende a poner presión sobre los precios, así que acabamos viendo inflación cuando la economía va bien.
En una sociedad desigual el crecimiento se concentra en pocas manos, y esta gente no se dedica a consumir demasiado. Si eres millonario y te bajan los impuestos, puede que gastes un parte comprándote un yate más grande, pero la mayor parte del dinero se irá ahorro e inversión. Todo ese capital tiene que aparcarse en algún sitio, sea en bolsa, sea en bonos, sea en fondos de inversión que se dedican a comprar CDOs con hipotecas basura de calidad dudosa. Los precios que subirán, en este caso, no será el precio del pan, leche, pañales y tostadoras, sino el de activos financieros, creando potencialmente encantadoras burbujas financieras.
No hace falta que repita que una recesión nacidad de una burbuja de activos es mucho más dolorosa y difícil de solucionar que una recesión inducida por una subida de tipos para combatir inflación, supongo - y que en el segundo caso no tenmos que ir rescatando bancos de si mismos.
La pregunta obvia, sin embargo, es preguntarnos hasta qué punto esto es lo que ha sucedido en España. Mi intuición (no estoy escribiendo una tesis, así que no he mirado demasiados datos) es que nuestro problema no viene de aquí, sino que es más una crisis a la vieja usanza. Incluso durante la era Aznar, no vimos un retroceso del estado de bienestar (demasiado) obvio o una desregulación del mercado financiero (al contrario, se reguló relativamente bien). Nuestro problema fue bastante más sencillo: tipos de interés negativos, y una burbuja inmobiliaria absolutamente descomunal. Lo más irritante (es un decir) es que los tipos estaban tan bajos para compensar la obsesión deflacionaria alemana, y que las ingentes cantidades de capital que financiaron nuestra borrachera venían, en gran parte, de excesos de ahorro en otros sitios (China, Alemania, ricos potentados americanos, etcétera), así que el petardazo fue aún más desmesurado gracias a ayudas externas.
Puede que la relación entre desigualdad y burbujas financieras suene absurda, pero me parece que no es nada descabellada. La política en Estados Unidos realmente cambia en los años ochenta, y las crisis financieras que siguen no creo que tengan demasiado de casual. Es una idea que definitivamente merece ser explorada con más detalle, y que deberíamos tener en cuenta.





