Debo reconocer que me asombra la visión de futuro, la capacidad para comprender los fenómenos económicos, sobre todo cuanto más a la derecha se arrima uno. El “si ya se veía venir desde hace mucho” es una constante. A mí me sorprende y me intimida, porque acostumbrado a leer mucha economía para intentar vencer mis muchísimas limitaciones e incluso contradicciones, me oigo repetir un “sí, claro”, y no hay nada de eso, pero ¿cómo llevar la contraria a afirmaciones tajantes cuando no se tiene el mínimo interés en debatir ninguna cosa? No me gustan las sentencias, siempre me provocan un no sé qué de ni puta idea que otras afirmaciones menos sonoras, menos contundentes, no me produce. Debo reconocer que yo no lo veía venir, lo pensaba en otro tiempo, pero no precisamente ahora, y ni mucho menos como se ha producido. Me explico.
La transición española ha sido un periodo fascinante, que parece lejísimos cuando está a la vuelta de la esquina. Quienes tenemos edad para poder apreciarla (aunque reconozco que precisaría tener una década más para obtener mejor óptica) pienso que nos tiene que parecer algo maravilloso, el cambio drástico de una forma de vivir en el miedo, bajo la tiranía, la inexistencia en el mundo, a poder expresarnos, a tener un papel en el contexto de los países occidentales y de todo el globo, conlleva un camino que hay que quitarse el sombrero inevitablemente a quienes lo han hecho posible, desde la cumbre de la política hasta las bases, desde la cima de la sociedad hasta los ciudadanos concienciados. Entiendo que es un ejemplo de transformación a considerar.
En ese contexto ganó las elecciones en una victoria apabullante el PSOE, dirigido por Felipe González. No era una época fácil, no hacía ni dos años del fallido golpe de Estado del 23-F, los poderes fácticos estaban
presentes y numerosos movimientos paramilitares generalmente de carácter neo nazi o fascista. Y se le ha enjuiciado bien y mal, para todos los gustos y colores, pero el dúo González - Guerra, mientras duró, fue de una eficacia difícil de negar. De acuerdo que Felipe fue quien eliminó, u obligó a eliminar, el término marxista del PSOE, lo que a muchos nos duele, pero entiendo que hay tres áreas en la que es sobresaliente. La primera poner fin a la transición, convirtiendo en sus 14 años de mandato una España aún anclada parcialmente en el pasado, a otra moderna. La segunda en política exterior, sin duda nos abrió la puerta a Europa y al mundo entero. Dejó ¿dejamos? pasar a la OTAN por el resquicio de la puerta con un intervengo pero no aunque sí, lo que entonces era un desastre para la izquierda de este país, o así lo veíamos, hoy no estoy seguro. Pero también nos abrió la puerta Europa y entramos en la Comunidad Económica Europea.
Y en tercer lugar, algo que desencadenó las iras sindicales, que fue la reconversión industrial. Mucho se ganó con la entrada en la CEE siendo receptores netos, que especialmente impulsaron las infraestructuras, pero más duro era el sector de la industria. Recuerdo entrevistas en TV con ese deje andaluz "piquito de oro" que tenía, diciendo "cómo vamos a mantener la industria de las minas de potasa en Navarra si no hay potasa" (o algo similar), y me parece un ejemplo significativo de la reconversión. Un tejido empresarial sin raíces, falso, basado en nada, de autoabastecimiento cíclico, que echó abajo, como debía de hacer, dejar el terreno libre de malas hierbas y abonado para poder empezar nuevas cosechas industriales.
Fueron años de inmenso desgaste. Un mandato larguísimo de 14 años, que cuando en el 96 ya se veía que las elecciones estaban perdidas, pueden creerme si les digo que comiendo con distintos cargos del partido el ambiente era de euforia, de satisfacción por el relevo, y el descanso por el acoso con el caso GAL o con determinados individuos indeseables que la oposición del PP se encargó de airear por todos los vientos como desprestigio al partido.
En esas condiciones tomó la batuta española José María Aznar. Gobernó durante casi 8 años completos tras una férrea oposición de la que siempre quedará el estribillo "váyase, Sr. González". Bondades y maldades. Entre las primeras destacaría la finalización del servicio militar obligatorio (la puta mili, para muchos) y haber conseguido las exigencias europeas para integrarnos en la moneda única.
Y dos imperdonables. Primero el comienzo de la gran especulación inmobiliaria con la consiguiente corrupción de distintos personajes de los ayuntamientos por las recalificaciones de suelos y el amiguismo. El alza de los precios y la subida de la construcción parecían imparables, gran atractivo para inversores nacionales y extranjeros que hicieron su agosto en las playas españolas y en las ciudades, triplicando o cuadruplicando el dinero expuesto en tiempos record.
Y la segunda, el no aprovechamiento y la dejadez de la oportunidad que les ofrecía la limpieza industrial de Felipe González para generar un sector sólido, moderno, renovador, atractivo para la investigación, con patentes españolas, con unos cimientos bien formados, productivos. Había posibilidad, había capacidad y había medios, pero no se hizo. A mi entender por que el neo liberalismo a ultranza, el "dejar hacer", potenciado por sus excelentes relaciones con el peor político de la historia de EEUU, Bush, no le motivó a plantear la reconstrucción de un tejido empresarial lo suficientemente capaz como para aguantar buena parte del PIB español. En lugar de ello, el impulso económico venía del ladrillo, demasiado volátil, precario y por supuesto finito. Permitió que la construcción fuese uno de los principales motores económicos, despreciando a la industria, la base de un déficit en la balanza de pagos que fue subiendo y ha continuado habida cuenta de la ausencia de materias primas en España. Exportan las fábricas modernas, con buena tecnología, que sean competitivas. No se exporta un edificio de tres plantas en la Costa del Sol.
Entonces sí que algunos, supongo, podíamos decir que "se veía venir". Que en algún momento el ladrillo podría tocar techo dada la velocidad en las subidas de precios. Dado el abandono de los sectores productivos de calidad. Viendo cómo la balanza comercial se hundía.
En esta coyuntura el PSOE ganó las elecciones, con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza. Pienso, al menos por mí, que esperábamos un cambio radical. ¿Cómo? No tengo la menor idea. Supongo que con una drástica intervención estatal en la economía, intentando de alguna manera subsanar los males heredados. Pienso que por un lado José Luis Rodríguez y Pedro Solbes, como cabeza económica, han sido débiles, no se han atrevido a dar la cara al mercado libre. Pero por otra parte no me hubiese gustado para nada
estar dentro de su camisa (ni evidentemente valgo para ello) porque romper la dinámica de un proceso evolutivo económico e intentar transformarlo, no superficialmente, sino de raíz, es algo que rompe cualquier esquema, que hipotéticamente es posible, pero de eso a la realidad hay un mundo de intereses, de inversiones, de muchísimos millones. Pero con todo pienso que en lugar de buscar un superávit en las cuentas públicas se debía haber invertido de forma productiva. Sé que hubo intentos de ello, se formó incluso una agencia para devolver "cerebros" españoles y potenciar la investigación, pero o el tiempo es corto o no se dio la suficiente voluntad o no se pudo. No tuvo 14 años como Felipe, ni ocho como Aznar, sino tres, en el 2007 las perspectivas ya no eran favorables. Pero ¿es verdad que "se veía venir"? Parcialmente, bajo mi punto de vista. El ladrillo tenía que caer, el tejido empresarial, salvo excepciones, es débil, demasiado supeditado a las pymes, pero en cambio Hacienda o el Banco de España habían blindado a las entidades, en contra de su voluntad en muchos casos que pedían mayor libertad para inversión, lo que hacía suponer que las jugadas neo liberales de EEUU no nos iban a afectar, con recursos de más del 200%, por más que la profundidad y el tamaño del riesgo era muchísimo superior al imaginable. ¿Una crisis regulatoria? Pues sí, pero las cuentas estaban saneadas, salvo el déficit exterior, obviamente. El Fondo de Reserva de la S.S. ascendía a 45.500 millones de euros, el crecimiento en el segundo trimestre del 2007 era del 3,8%. Era lógica una desaceleración, se había reducido el gravamen a las sociedades y la población ocupada era de 20,5 millones, absorbiendo la entrada de inmigrantes y la caída del ladrillo podría haber sido también absorbida si el desplome no hubiese sido radical, sino paulatino como era de prever. Si alguien era capaz de imaginar una hecatombe, debo de reconocer que yo "no lo veía venir". El contexto internacional nos ha pasado por encima como una locomotora.





