Monday, 07 June 2010 00:00
Carlos Raya
No tiene desperdicio. Así, con estas frases lapidarias, nos quiere convencer Teddy Bautista, Presidente de la SGAE, de lo importante que es para la Cultura que nos tomemos en serio la propiedad intelectual. Este personaje tiene la extraña capacidad de no dejar de sorprenderme y en una entrevista realizada por el periodista Manuel del Pozo, del diario Expansión, nos regaló esta perla.
En mi opinión estas sentencias no son lanzadas de una forma consciente, comprendiendo el alcance de tal afirmación, sino que son el fruto reflejo de la visión real que Bautista tiene de la Cultura: la contempla desde una sola perspectiva y es meramente económica.
Teóricamente, la propiedad intelectual (y el derecho de autor) se ideó para proteger los intereses de los artistas, científicos e intelectuales en general, pero los intereses de este colectivo no se reducen a lo crematístico, pues no son comerciantes, empresarios ni banqueros. Obligar a los intelectuales a que contemplen su razón de ser y el resultado de su trabajo desde esa perspectiva supone el mayor sometimiento y humillación que la especie humana haya ejercido sobre sí misma. Ante todo, el arte como expresión más elevada del espíritu humano necesita de una independencia total del substrato material y de los condicionantes que su consideración cargarían sobre el sentido de la obra. El arte que nace para ser vendido no es arte sino pornografía. La prostitución del artista comienza cuando alguien le dice “si quieres vender haz las cosas de esta otra forma”. Ser meretriz del arte es trágico para el artista y sobre todo para la sociedad, pues su único posible libertador se transforma en súcubo de amable apariencia.
Y así nos van las cosas, tal y como afirma Joost Smiers en su obra, “Imagina un mundo sin copyright” la dirección, ritmo y desarrollo de la cultura se decide por personas y entidades que ningún interés tienen en el arte por el arte sino en la rentabilidad del arte. Ellos deciden qué música debemos escuchar, que libro será el próximo best-seller, qué pintor triunfará o que cine debemos visionar. El adocenamiento cultural de las masas se cuece en los consejos de dirección de un puñado de compañías multinacionales. La aquiescencia de las entidades de gestión colectiva es el resultado natural de la general perversión del sistema, pero también el más nefasto para una sociedad que intenta por todos los medios sobrevivir a la imposición de la propiedad intelectual, el monopolio y patente como único camino para recompensar el trabajo de nuestros sabios.