Quiero confiar en Europa, y quiero confiar en los valores democráticos que la vieron lanzarse – una vez más- a una construcción europea, económica, de seguridad y además política, a lo que sumaremos la pretensión de convertir tal unión en un referente en el mundo. Pero en ocasiones, resulta complicado.
Tiene un cierto punto de desesperación la manera en que Durao Barroso intenta ser reelegido Presidente de la Comisión Europea. El también conocido cómo el cuarto hombre de las Azores - aunque le corten en las fotos - se arrima bien a lo que el considera hombres poderosos, se acomoda cómo nadie a las opiniones de todo el que le pueda dar un trozo de pastel, y no lo debe hacer mal, a juzgar por el hecho de que casi nos sale reelegido el hombre sin haber presentado un solo programa o guía para el cargo apoyado por los Presidentes de los Estados miembros (¿en que están pensando ustedes señores?). Fue parado por el Parlamento Europeo, que no pensaba votar siquiera tal reelección sin la presentación de un programa. A este hombre, que podría quitarle el apodo a El Golosina -si no fuera porque que el autentico se enganchara a todas las folklóricas me la trae al fresco, pero lo de este tiene misma táctica, más peligro – ha presentado finalmente un programa guía, del que también haremos un comentario más adelante.
Estos días hablamos mucho de las carencias democráticas de por ahí, no estaría de más ver que tal tratamos las propias. Porque las de la Unión Europea son propias. Podemos ir viendo en prensa los movimientos de Durao por salir reelegido presidente de la Comisión Europea antes que se modifiquen – cosa que urge- el funcionamiento de las instituciones europeas. Pese a que se produce un abuso, del desconocimiento que existe sobre las mismas y parece que sea una cosa menor, casi titular y honorífica la figura del Presidente de la Comisión Europea no es en absoluto un asunto menor.
José Antonio Durao Barroso quiere ser elegido antes de que entre en vigor el Tratado de Lisboa (1/112009, si todo va bien). Las instituciones europeas siguen funcionando actualmente con Niza (2003, 15 estados miembros), un tratado que pese a que pretendía preparar a la UE para su ampliación no trató la necesaria reforma institucional y de procedimientos en la toma de decisiones. Aunque para Ikea, dónde caben 2 caben 3, no creo que ni ellos pudieran hacer caber 27 en un espacio pensado para 15, ni organizativamente, menudos follones habría en esa casa, por ponerse de acuerdo en decidir, más que nada…
El Tratado de Lisboa – que ha venido a hacer lo que no se le permitió a la Constitución Europea, pese a que lo contenía- adapta las instituciones a los 27 miembros y trae nuevos métodos de trabajo, dotando por fin de la legitimidad democrática de la que Europa debe gozar. Mas capacidad de decisión al Parlamento Europeo – ese que votamos- y también a los Parlamentos Nacionales – esos que también votamos-, y los nuevos mecanismos de decisión son más justos y reflejan mejor la voluntad de la ciudadanía (de mayorías simples a cualificada con criterios de población). A su favor también tiene decir, que por fin se incluye la iniciativa popular ciudadana y un millón de firmas que obligarían al Consejo a llevar la iniciativa al Parlamento y se incluye cómo vinculante la Carta Europea de Derechos Fundamentales, que un poco de vergüenza si que da, que no lo fuera ya.
Estos intentos de adaptar las instituciones europeas a su realidad de 27 estados miembros, políticamente y no sólo económicamente ya debería haberse realizado. La aprobación de un Tratado Consitucinal para Europa, con toda la magnitud que representaba y que merecía, pinchó. En mi opinión, aunque se trataba de un texto del que se podía esperar más, fue rechazado más por lo mal-mal-mal que se comunicaron las instituciones y las personas, hecho de por sí muy triste. La reforma era urgente de todos modos, se ha preferido cambiar a un tratado menos ambicioso, supongo que porqué pasar al formato comunicación con la ciudadanía era demasiado reto para sus señorías, tarde o temprano se van a encontrar con ello.
A Lisboa, ratificado por 26 estados le queda Irlanda. Tras haberse incluido protocolos respecto a temas como la fiscalidad, el derecho a la vida, educación, familia, servicios públicos, derechos de los trabajadores y la neutralidad militar irlandés, el2 de Octubre se realiza de nuevo el referéndum y es de prever que esta vez salga sí. El Tratado de Lisboa entraría en vigor el 1 de Noviembre de 2009.
La polémica reelección de Durao Barroso, al que recordemos que le pilla el toro por tener el valor de presentarse a la reelección con el respaldo del Consejo y sin programa- está prevista, tras haberlo presentado finalmente la semana pasada, para el 16 de septiembre, unas dos semanas antes del Referéndum irlandés.
Sólo requiere de una mayoría simple de los diputados, la mayoría de los presentes, que es lo que le exige el Tratado de Niza. Sin embargo la nueva Comisión deberá ser votada con el nuevo sistema ya adaptado. El Presidente de esta Comisión, que es el poder ejecutivo de Europa y se supone que el independiente y más propiamente europeo, será elegido con muchas menos exigencias que el resto de comisarios. De someterse él se arriesga a ser escogido – no hay otro- con unos resultados bastante mas justos.
¿Por qué? Por que el Plan de trabajo presentado y su auto proclamación cómo absolutamente necesario en liderar la Europa que se enfrenta a la crisis no se sustenta por ningún lado. El ha presidido la Comisión Europea los últimos cinco años y cómo buen conservador que es ha promovido las mismas políticas liberales que han llevado a Europa a una crisis económica como la que estamos viviendo. Ha reaccionado muy tarde – cosa que le ha sido fuertemente criticada – y mostró reticencia a la intervención en la misma.
Es cierto que no se ha presentado una alternativa, pero el Presidente de la Comisión Europea es la cabeza del ejecutivo europeo. La Comisión propone la legislación y aplica las decisiones, tiene la iniciativa legislativa en exclusiva y dada la enorme responsabilidad que esto supone – la UE es la mayor potencia comercial mundial, además del mayor donante al mundo en desarrollo – no deberían rebajarse los procedimientos y la rigurosidad cómo si fuera una cuestión baladí. Además, renueva en el cargo a una persona cuyo plan de trabajo para los últimos 5 años se basó en la lucha contra el terrorismo y un término tan ambiguo y que da risa en su caso, como es la defensa de los valores europeos, que en estos momentos parece que ha olvidado cuales son.
Un poco de rigurosidad y respeto no estaría mal
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