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El capitalismo, el libre mercado y sus consecuencias (II)

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Las ansias de riqueza y acumulación del ser humano lo ha llevado, a lo largo de los siglos, a la búsqueda desesperada de recursos naturales y a la explotación de mano de obra barata por todo el planeta. Creemos superadas ya las épocas de explotación y esclavitud, pero aún siguen encubiertos y, por lo tanto, son mucho más peligrosos estos instintos del ser humano.

La mejora producida en la vida de los trabajadores de los países del tercer mundo está muy por debajo de la dignidad humana. Se comete un gran error al justificar la bondad de las empresas extranjeras  con la leve mejora de las condiciones laborales, pues se fija el objetivo en la irrisoria mejora de vida que obtienen los trabajadores, sin preguntarnos si es suficiente y digna la remuneración que reciben por el trabajo que realizan, sin preguntarnos si es justo el trato que reciben. Curiosamente el esclavismo se justificaba bajo esta misma argumentación, pues mejor que morirse de hambre es ser un esclavo. ¿Están utilizando las actuales corporaciones estos mismos razonamientos para justificar su explotación? ¿Buscan justificar el esclavismo como mejora de la calidad de vida del ser humano esclavo?

El desarrollo del capitalismo y del libre mercado ha llevado a las sociedades desarrolladas a la búsqueda de recursos naturales ajenos  y al sometimiento de la mayoría de la población a los dictados de las grandes empresas. Es de todos conocida la carencia de recursos naturales para el desarrollo de toda la especie al nivel que conocemos en los países desarrollados, pues no tenemos tierra suficiente como para desarrollar a todo ser humano hasta los niveles conocidos en el mal llamado primer mundo, pues los recursos son limitados.

Superadas las épocas del uso de la fuerza para el sometimiento de los diferentes países a los intereses de los poderosos, es el libre mercado el que sigue manteniendo vigente el expolio que los países desarrollados someten a los menos desarrollados. Bajo el supuesto económico de maximizar beneficios, grandes corporaciones claman por la implantación de un mercado libre y global que les dé la libertad de explotar, tanto recursos naturales como humanos, de los países subdesarrollados.

El expolio se camufla bajo supuestos de un supuesto beneficio local en los países acogedores de empresas americanas y europeas. Pero la realidad es bien diferente. La mayoría de la población sufre unas condiciones laborales tercermundistas, que distan mucho de los derechos laborales del mundo desarrollado, presentando al ser humano como una mera herramienta económica para conseguir los objetivos de estos tiburones del beneficio.

Los recursos naturales de fácil acceso para las empresas extranjeras dejan de estar en posesión de la población del país de origen, pues los ahora trabajadores, antes campesinos, no pueden acceder, para su propio disfrute, a las materias primas que se atribuyen para sí mismas las empresas extranjeras. Los mismos trabajadores que desarrollan la mayor parte de los productos que consumimos en el primer mundo no pueden disfrutar del resultado de su esforzado trabajo, pues no pueden competir con los precios que sus productos alcanzan en el mercado del mundo desarrollado. Con la inaccesibilidad al producto de su trabajo, se priva al hombre de la dignidad necesaria y que debería de ser inherente al mismo.

Mientras las empresas extranjeras explotan las materias primas de los países de origen, parte de esta sociedad de origen se beneficia de este modo de desarrollo. La oligarquía de los poderosos de estos países acogedores de empresas extranjeras ven crecer rápidamente sus beneficios, mientras la brecha social se hace más y más ancha, impidiendo cualquier resquicio de justicia social e igualdad humana.

El desarrollo que se produce en los países de origen es más que dudoso, pues la infraestructuras que se levantan, los nuevos medios de comunicación y los irrisorios beneficios que las empresas dejan en estos países son para el disfrute de esta oligarquía, mientras que la gran mayoría han perdido recursos naturales propios, y se ven abocados a aceptar las condiciones laborales impuestas, no tienen otra alternativa.

Pero las empresas extranjeras no acuden a países subdesarrollados sin unas condiciones exigidas, pues para el desarrollo de cualquier empresa se necesitan unas condiciones que debe garantizar el gobierno de turno. Entre éstas podemos citar la seguridad, derecho a la propiedad privada, derecho a patentes, infraestructuras que comuniquen los centros logísticos empresariales, entre otras muchas, todas ellas garantizadas y desarrolladas por los gobiernos.

Por lo tanto, el afán expansionista de las empresas europeas o norteamericanas viene condicionado por la garantía de unas condiciones que hagan apto el desarrollo del beneficio empresarial.  Así, los gobiernos entran en grandes deudas económicas antes incluso de que se asienten las primeras empresas extranjeras. Este poder sobre los gobiernos locales deja acorralado al mismo, sin realmente poder defender los intereses nacionales, anteponiendo la dictadura empresarial a los requisitos de sus ciudadanos. Venden los intereses personales de una oligarquía a los derechos de la mayoría de la población.

Así pues, las grandes corporaciones tienen gran interés en acudir a estos países, pues tienen el mando y poder. Se otorgan el derecho a manejar sus recursos naturales, sus infraestructuras, su política económica y sus condiciones laborales. La libertad de mercado les otorga el derecho a explotar. El beneficio no tarda en llegar, pues el precio final de los productos de estas empresas queda fijados, no por el coste de las materias primas más el de la mano de obra, sino que se fija en base a la maximización de beneficios y, por lo tanto, se fijará el precio máximo que el cliente esté dispuesto a pagar, obteniendo así un beneficio económico aún mayor.

Los salarios otorgados por las corporaciones extranjeras son irrisorios, pero se podría pensar que mejoran la calidad de vida de los trabajadores, pues ahora pueden trabajar y no morirse de hambre. Los campesinos ahora sin tierra se verán obligados a aceptar las condiciones laborales impuestas por las mismas corporaciones que les privó de un medio de subsistencia independiente a cambio de un salario que apenas puede cubrir las necesidades mínimas.

La mejora producida en la vida de los trabajadores autóctonos está muy por debajo de la dignidad humana. Se comete un gran error al  justificar la bondad de las empresas extranjeras  con la leve mejora de las condiciones laborales, pues se fija el objetivo en la irrisoria mejora de vida que obtienen los trabajadores, sin preguntarnos si es suficiente y digna la remuneración que reciben por el trabajo que realizan, sin preguntarnos si es justo el trato que reciben. Curiosamente el esclavismo se justificaba bajo esta misma argumentación, pues mejor que morirse de hambre es ser un esclavo. ¿Están utilizando las actuales corporaciones estos mismos razonamientos para justificar su explotación? ¿Buscan justificar el esclavismo como mejora de la calidad de vida del ser humano esclavo?

Bajo estas condiciones, poco servirá el desarrollo del país para su pueblo, pues los beneficios de la sociedad se quedan en manos de unos pocos, sometiendo a la mayoría a un régimen de semiesclavitud. Los contrastes se acrecentan y el gobierno queda a expensas de las corporaciones internacionales y, sin esta libertad del pueblo a guiar su propio futuro, poco beneficio y desarrollo industrial se producirá en los países actualmente sometidos y explotados. La ayuda económica para el verdadero desarrollo local, por justicia histórica, es más que necesaria, la libertad de mercado y el libre asentamiento empresarial extranjero nunca nos llevará a un verdadero desarrollo de las zonas más deprimidas del planeta.

 (Artículo originalmente publicado por Sergio Cebrián, en xlaizquierda.com)

 

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Agregador de blogs de www.socialdemocracia.org realizado en feevy y fusilado por Carlos Guadián, refrito por Jéssica Fillol y rematado definitivamente por José Rodríguez.