Durante años, muchos intelectuales,
filósofos, políticos, escritores y personalidades de diverso ámbito han
soñado con un "gobierno mundial". Uno que mantenga el mundo unido y en
paz bajo una serie de valores éticos y con hermandad entre todos los
hombres y mujeres, sin la existencia de relaciones de poder desiguales
que nos suponga una lacra en vez de un progreso.
Cada día resulta más evidente: estamos
en la sociedad del consumo por excelencia. Las tesis keynesianas, en su
afán por resolver los graves problemas de la economía de mercado
mediante el fomento de la demanda agregada a todos los niveles, no
solamente no está superada, como algunos argumentan, sino que conforma
la médula espinal de las economías desarrolladas en la actualidad.
Este número es un especial Reflexiones sobre el medio ambiente, la sociedad y la economía, puedes bajártelo haciendo click en el siguiente enlace: Argumentos de la socialdemocracia, número6
Los ciudadanos y
ciudadanas de a pie, cuando escuchamos el término "gran negocio"
pensamos de primeras, por lo menos en mi caso, en el fenómeno de la
inmediatez. Un gran negocio es, de la noche a la mañana, vender un piso
que hace 10 años te costó 100 millones por 300.
O hacer una venta de gran cantidad en un
pequeño comercio que no suele superar el millón diario de facturación.
Que te toque la lotería, no sé si entra dentro de la tipificación de
negocio pero, estaremos de acuerdo, también es un gran chollazo.