A Román Durán casi todos los niños de mi generación le conocemos como "El Señor del pabellón", en nuestra infantil interpretación del mundo no era otra cosa que un señor que, de vez en cuando, nos echaba alguna bronca si "liábamos alguna" en ese lugar que parecía poco menos que su propio feudo. Recuerdo perfectamente como seguía atento las partidas que los escolares echábamos en las salas de espacio deportivo en los campeonatos interescolares de ajedrez, a los que solíamos llegar finalistas los alumnos del Colegio "San Francisco" acompañados unas veces por Don José María y otras por Don Ernesto y "los del Seminario" a los que no recuerdo bien quien tutelaba. Una persona que, para aquellos que nacimos todavía sin teléfonos móviles y que pudimos ser los últimos en jugar a las canicas, era cuanto menos intrigante y bastante enigmática.
El final del siglo XX y el inicio del siglo XXI han sido denominados como la “Postmodernidad”. Francis Lyotard fue el primero de los autores en formular la “época postmoderna” como aquélla en la que no tienen validez los metarrelatos, que son las explicaciones que dan sentido a toda la realidad.
A ZP le ha salido bordado el nombramiento de Chacón en Defensa. Desde que asumió esta responsabilidad no se ha vuelto a hablar de Política Militar, Seguridad, Estrategia o cosa que se le parezca sino que el discurso se ha desplazado y la actual Ministra (no “Ministro femenino”, como alguno ha venido a decir) no es evaluada teniendo en cuenta su capacidad para dirigir los Ejércitos, ni la estrategia que se sigue en aquellos países donde se encuentran nuestras tropas, ni siquiera las posibles consecuencias tanto a nivel de Relaciones Internacionales como militares que pudieran derivar de este ministerio teniendo en cuenta la actitud sangrienta del Estado Hebreo, por poner un ejemplo de actualidad.
Dicen desde el sector más reaccionario de la sociedad que el requisito para que a un grupo de personas con lazos de parentesco de primer grado se le pueda denominar “familia” hablando con propiedad es que la unión esté compuesta por un hombre y una mujer. Cualquier unidad familiar que carezca de estas dos partes de diferente sexo no puede considerarse familia, según la doctrina conservadora que pretende que las uniones homosexuales o las familias monoparentales no puedan ser denominadas “familias” como dios manda.
El debate sobre la paridad de las listas electorales, de los cargos políticos y públicos sigue dando esperanzadores resultados hacia una presencia equitativa e igualitaria del género femenino, históricamente marginado del poder, de su representación y de su ejercicio.