Este Miércoles se celebró el “Blog Action Day” con la premisa de hablar del problema de la pobreza. Desde la ONU, la erradicación de la pobreza más profunda forma parte de los objetivos del milenio. Desde 1990 los pobres en números absolutos en el mundo se han reducido ligeramente de más de 1.200 millones de personas que vivían con 1$ al día o menos (a paridad de compra), en el 2001 la pobreza extrema azotaba a 1.090 millones de personas. Una reducción algo inferior al 1% anual aproximadamente.
Las discusiones sobre los nombres no son una actividad que sea de mi agrado. En mi época pre-empirista, cuando pensaba como un abogado, solía pensar que esas discusiones eran importantes. Pero contadas un par de excepciones- el derecho y la contabilidad, grosso modo- los debates terminológicos son aburridos y estériles.No obstante, las etiquetas al final tienen importancia en la medida en que constituyen una forma de identidad colectiva que, a fin de cuentas, es lo que mueve a la gente a actuar y pensar de forma común; compartir un lenguaje, un vocabulario y unas referencias es de hecho un elemento de cohesión fundamental.
El espectáculo que estamos observando en estos primeros días de comienzos del curso escolar en la Comunidad Valenciana, como consecuencia de la impartición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía con dos profesores, al menos: uno de historia o filosofía y otro, especialista en inglés, podríamos calificarlo de esperpéntico, cuando no grotesco.
Ya hace un tiempo que tendría que haber escrito algo sobre la decisión del Gobierno de crear una nueva ley del aborto, pero la verdad es que poco me queda ya por decir. Que estoy contenta, claro, y que es un proyecto que debería haberse emprendido hace tiempo. Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué hemos esperado tanto, o tan poco según cuál sea nuestra opinión al respecto?
Jane Addams, eminente socióloga americana y defensora del trabajo social como terapia, descubrió que la gente a la que trataba de ayudar tenía mejores ideas acerca de cómo podían mejorar su vida que las que tenían ella y sus colegas del centro Hull-House.