| Dame argo |
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Que en los últimos años la distancia entre pobres y ricos- tanto en términos globales como locales- ha ido aumentando no es, creo yo, noticia de última hora. Pero no deja de ser interesante el reportaje del suplemento semanal del New York Times al respecto. La diferencia es tan abismal que el 1 por ciento más rico de la población estadounidense ha pasado de acaparar un 7% de la riqueza en 1979 a un 16% en la actualidad, mientras que el 80 por ciento más pobre ha perdido 7 puntos. Los ricos son más ricos no sólo en términos absolutos, sino también porcentuales. El Times pone estas cifras en términos llanos y explica que es como si cada ciudadano perteneciente a ese 80 por ciento hubiera firmado un cheque por 7.000 dólares en favor de sus vecinos de arriba.
No hay que saber mucho de economía para deducir cómo se ha producido este expolio: recortes sucesivos de impuestos en los tramos más altos, desregularización del mercado laboral y del sector financiero, desmantelamiento de las escasas prestaciones sociales que existían... ser pobre, como ya expliqué anteriormente, es caro. Y esa diferencia de precio se la embolsan los más pudientes.
Para obtener el mismo producto, el ciudadano rico simplemente desembolsa el precio; el pobre debe endeudarse mediante créditos. Con los intereses que paga por ellos, está financiando... los fondos de inversión del rico. Y curiosamente, los beneficios de esos fondos pagan menos impuestos que los salarios de los que pagan a crédito. Es como pagar 3 veces más por el mismo producto que compra el vecino y que sea éste quien se embolse la diferencia.
Irónicamente-bueno, en realidad no- los que más se empeñan en mantener este estado de cosas son los que braman contra la redistribución de la riqueza... cuando va para el lado que no toca.
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| Escrito por Mireia Ortega | |
| jueves, 14 de junio de 2007 | |
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