Sí, lector, esta es una de las obsesiones de la oposición municipal del Consistorio Barcelonés. En honor a la verdad, más bien ha sido una obsesión histórica por parte de CiU, que en esta vida, y las anteriores lo habían ganado todo, casi todo, claro menos el Ayuntamiento de Barcelona. Otras fuerza como el Partido Popular o ERC han dirigido más sus políticas constructivas o destructivas hacia la globalidad del PSC que no hacia la particularidad del alcalde socialista de turno.
Iniciemos un breve, pero curioso devenir historio en esta obsesión magnicida hacia el alcalde de Barcelona. El primer candidato a la destrucción fue Pascual Maragall. Aún recuerdo los bulos perfectamente organizados y lanzados hacia la sociedad civil con un profesional estilo y eficiencia que ni Goëbels superó en los inicios del Holocausto. La perspectiva histórica de esa destrucción infame de la imagen de un líder nos lleva a la conclusión que representó una enorme pérdida de tiempo y de recursos, tanto económicos como humanos, puesto que el líder a destruir, aunque fue herido, llegó ni más ni menos a Presidente de la Generalitat, y quizá el intento de destruirlo como alcalde posibilitó su lanzamiento como candidato a la Generalitat. Además es curioso, porque en el escabroso tema del consumo de sustancias el mismo presidente de la Generalitat convergente bajo criterios de sintomatología médica quizá no hubiese quedado en un buen lugar ante las insinuaciones falsas hacia Maragall, dada la ilegalidad de las sustancias, siempre hipotéticamente y también falsas, preferidas por el mandatario conservador.
De todas formas los convergentes han alegado el acoso de Felipe González hacia Pujol por el caso Banca Catalana, que fue resuelto con una especie de algo hay pero no se puede probar al cien por cien que dista mucho de la intriga interesada política y falsa.
El segundo alcalde a destruir fue Joan Clos. El curioso argumento fue que era un buen gestor pero lejano a los ciudadanos junto con el Forum de las culturas. El primer argumento se desmonta en el sucesor Jordi Hereu, del cual es sabido su cercanía con la ciudadanía y ese caer bien mayoritarios con la ciudadanía de Barcelona, aspecto criticado de forma curiosa por toda la oposición que ahora reclaman un gestor. El segundo cae con la consideración internacional de la gestión de Clos y del Forum, ejemplo que la práctica totalidad de las grandes ciudades del mundo quieren y se proponen imitar. Hacer de una zona absolutamente degradada, con una incineradora y depuradora incluida, un nuevo espacio para la ciudad, para el ocio, ocultando y optimizando tanto la incineradora como la depuradora en lo que ha sido uno de los mayores ejemplos de integración irrecuperación en un escenario urbano, un argumento meritorio internacionalmente pero nefasto a nivel local según la oposición.
Ahora, la destrucción del nuevo alcalde Jordi Hereu pasa por una alianza religioso mística, Sagradas Familias, y cuatro supuestos vecinos preocupados por la virginidad del subsuelo, en este caso sub-sub-suelo, de Barcelona. Una Barcelona pura, al parecer no penetrada en sus bajos de la misma forma que sí lo han sido Madrid, París, Londres o y aún más Nueva York, en la que por debajo de las torres gemelas pasaban no una, sino tres líneas de metro.
En fin, si quieren matar al Alcalde de Barcelona señores convergentes, yo utilizaría argumentos más creíbles pero menos perjudiciales y destructivos para Barcelona como una posible halitosis del edil, un fanatismo exacerbado por el FCB o a la utilización de calcetines de hilo en invierno. El resultado sería el mismo y al menos Barcelona no se quedaría sin infraestructuras.