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Tienen razón algunos de los que han descrito la sorprendente vestimenta con la que apareció el cardenal Cañizares en el acto organizado por el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (a partir de ahora ICRSS): el hombre parecía una novia camino del altar.

Esta foto me encanta, por el parecido que guarda a esas instantáneas de estudio con las que los contrayentes intentan plasmar su desbordante felicidad conyugal. El modelito, aparte ese rojo de clavel reventón que me parece precioso (aunque un tanto excesivo cuando se conjunta con los demás accesorios del mismo tono), me ha llamado la atención, lo mismo que a todos, por su enorme, larga y desarrollada... cola. En algún momento pareciera que la cola de su reverendísima cubre todo el suelo de la capilla, desde el altar hasta la entrada, para envidia de muchas princesas por un día que para sí quisieran semejante cantidad de metros de seda. Por otro lado, en la instantánea no me queda muy claro quién de los dos señores de negro es el cura y quién el novio. O a lo mejor son novios los dos, y esto acaba convirtiéndose en la materialización de las peores pesadillas de la rancia sociedad ultraconservadora, que asegura que tras los matrimonios entre homosexuales esto será Sodoma y Gomorra y ya no habrá distinción entre poligamia, bestialismo o pedofilia (por si acaso, yo pondría a los monaguillos unos metros más allá, que luego hay deslices y les salen caros a la Santa Madre). Y dándole un último vistazo a las imágenes del evento, me doy cuenta del poderoso simbolismo visual que tiene la foto reseñada arriba: entre el rojo y el negro, parece la cosa un logotipo de la CNT. Para que luego digan que la iglesia es de derechas.
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