| Doble rasero |
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Tengo ganas de echarle mano al primer libro de Jessica Valenti, Full Frontal Feminism , donde con el habitual estilo desenfadado desgrana los secretos a voces de los dobles estándares a los que se somete a las mujeres en la vida diaria.
El doble estándar, o doble rasero, se produce de manera tan sutil y a la vez omnipresente que ni siquiera nos damos cuenta de que está ahí, y eso lo hace especialmente dañino. Y es que por mucho que nos vanagloriemos de imparciales, no tratamos igual a todo el mundo. Es doble estándar, por ejemplo, la opinión que mucha gente tiene de mujeres como Hillary Clinton. Lo primero que se les ocurre sobre ella es que es fría y ambiciosa. Su buena razón tendrán, puesto que parece que lleva años preparándose para presentarse como candidata a la Casa Blanca... al igual que lo hizo su marido ya bastante tiempo atrás. Y sin embargo, “frío” y “ambicioso” son de los pocos sambenitos que no he visto colgados del ex-presidente. Si el doble rasero nos hace ver con malos ojos las intenciones de una profesional de la política, por el mero hecho de ser mujer, ¿qué injusticias no nos hará cometer con féminas menos afortunadas en la vida, que somos casi todas? Es doble estándar decir que se prefiere a las niñas porque son más buenas, y más tarde echarse las manos a la cabeza porque la niña salta, corre, se cae y hace travesuras (y si se puede, se justifica con que está imitando a sus hermanos, los que sí tienen pilila). Es doble estándar que cuando una mujer defiende sus convicciones, se considere que es demasiado agresiva. Especialmente cuando se desprecia a sus compañeras, más diplomáticas, y se las señala como ejemplo de porqué las mujeres no están dotadas para el liderazgo. Por lo visto, sólo valemos para sargentos y clase de tropa. Es doble estándar que algunas actividades sean predominantemente femeninas- coser, cocinar, contar historias- y sin embargo, en cuanto estas actividades proporcionan sustanciosos ingresos, la presencia de mujeres profesionales quede reducida a un número testimonial. Es doble estándar que cuando una obra de ficción tiene un personaje femenino interesante, fuerte e independiente y con una historia que contar, invariablemente termina enamorada como una tonta o señalada como la friki que no se relaciona con nadie y acabará sus días solita y aislada. Es doble estándar, por cierto, que obras como los Hermanos Karamazov o los folletines de Dumas sean consideradas puntales de la literatura universal* mientras las novelas de Jane Austen son catalogadas como literatura femenina o, como poco, romántica. No sabéis lo que os perdéis. Es doble estándar también negar que las mujeres hayan contribuido a las artes y que inmediatamente se cuestione la autoría de los cuadros atribuídos a Sofonisba Anguissola. Es doble estándar, en fin, que al conocer la historia de una joven secuestrada, torturada y agredida durante días por una familia, todo el mundo ponga el grito en el cielo hasta que se enteran de que la víctima había sido compañera sentimental de uno de los agresores. Si es que se lo van buscando, las muy putas.
*Personalmente, considero que los Hermanos Karamazov es, sí señor, una obra maestra. En cuanto a Dumas, pues para pasar el rato está bien, pero resulta un poco sobrevalorado, la verdad.
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| Escrito por Mireia Ortega | |
| viernes, 28 de septiembre de 2007 | |
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