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Los diez mandamientos del político |
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No comprendemos a los políticos. Bueno, tampoco se comprenden entre ellos e incluso los hay que cuando se miran al espejo ni se reconocen. Creemos que actúan guiados por una especie de autodestrucción personal, o que son estrellas del cine frustradas o simplemente que sienten placer ante los insultos de la ciudadanía desairada por sus nefastas gestiones o por los diversos marrones que la vida política conlleva. Si supiéramos más sobre de comportamiento ético, seguramente no les criticaríamos tanto (o quizás más). A continuación el decálogo que deberían utilizan los políticos en su cotidianeidad:
- Amarás al partido sobre todas las cosas, aunque te den una patada en las nalgas.
- No tomarás el nombre de tu mentor en vano, incluso cuando hayas sido tú el que le ha dado una patada en las nalgas a él.
- Santificarás las fiestas con actos oficiales o de partido. Tu vida no es privada, acaso privada de muchos placeres terrenales.
- Honrarás a tu padre y a tu madre. Ya que a ti te van bien las cosas, queda absolutamente muy feo que los metas en una residencia de primera regional.
- No matarás a tus contrarios dentro y fuera del partido; a los sumo los ahogarás en continuas infamias.
- No cometerás actos impuros: siempre llevarás las manos limpias cuando cambies los planes urbanísticos o redactes leyes perniciosas para la ciudadanía. Ante todo higiene democrática.
- No robarás a los que ya han sido saqueados. A parte de antiestético es poco efectivo.
- No dirás falso testimonio ni mentirás para tapar un falso testimonio o mentira, ya que no funciona la regla mentira por mentira igual a verdad. Los políticos y las matemáticas son per se incompatibles.
- No consentirás pensamientos ni actos impuros. Por muy buenas/buenos que estén las/los miembros del partido contrario no pensarás joderlos en el sentido literal de la palabra.
- No codiciarás los bienes ajenos, aunque estos hayan sido obtenidos de forma ilícita. Esto incluye a la pareja, amante o picante del opositor del compañero inclusive del vecino del segundo segunda.
Estos diez mandamientos se resumen en dos, amarás al fundador de tu partido sobre todas las cosas y al prójimo como posible votante tuyo.
El decálogo como todo buen credo va acompañado de una serie de recomendaciones que no han alcanzado la categoría de mandamiento. El buen político debe por lo tanto:
- Sonreír con una sonrisa profident cual caballo percherón aunque le estén abriendo en canal.
- No agitar los brazos en los mítines o actos públicos cual poseso de cocaína o anfetas. La recomendación no es una prohibición sobre su consumo, acaso sobre las manifestaciones de su consumo.
- Mirar siempre a los ojos de las interlocutoras. Un buen político tiene más de dos razones para mantener la calma y la serenidad.
- La limpieza y el aseo, junto con la utilización de desodorantes y colonias no muy estridentes son necesarias más que para el político, para el entorno del político.
- Vestimenta: Andy Warhol queda ya denostado. Para originalidades los toreros y los telecontertulianos. Añadir a esto el destierro absoluto del calcetín blanco con el zapato negro y otras clásicas variedades en la vestimenta folclórica.
- No marcarás paquete o paquetes. Ni pantalones ajustados ni escotes pronunciados. No hay que levantar falsas expectativas.
Como pueden ver la vida del político no es tan sencilla y fácil como el imaginario popular ha pintado. Desde jetas, hasta maniáticos depresivos hay un amplio abanico caracterológico entre los políticos que en algunos casos incluye lo que denominamos normalidad. Lo dicho, no comprendemos a los políticos. Ah, si no fuese por ellos, ¿con quién nos meteríamos?
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Escrito por David Fornons
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martes, 04 de diciembre de 2007 |
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