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jueves, 09 de septiembre de 2010
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Economía política de la reforma universitaria (especulaciones) Imprimir E-Mail
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ImageCuando pensamos en reformas más o menos de conjunto en España que combinen la eficiencia con la igualdad de oportunidades siempre terminamos (al menos a mí me ocurre) chocando con el sistema educativo. Un sistema educativo que forme profesionales capaces es la base de cualquier política de redistribución así como de crecimiento a largo plazo.

Publicado originalmente en "La ley de la gravedad " 

Las patologías son múltiples. Los que después de haber estudiado en España hemos pasado por alguna universidad del extranjero conocemos de primera mano la vergüenza que se siente al comparar nuestra universidad con cualquier otra. La absoluta inadaptación de los planes de estudio, la irracionalidad en la gestión de los recursos (como el hecho de que se pueda estudiar filología árabe en Cádiz y física en Cantabria), la total desconexión entre la enseñanza y el mercado de trabajo, la mediocridad general del profesorado, el corporativismo de la mafia del PAS y la cultura universitaria basada en el alcohol y el sexo del alumnado donde se reprime la excelencia y la competitividad son solo algunos de los rasgos de esa gigantesca máquina de mutilación intelectual que es el sistema de educación superior en España.

Esto no es solo sociología amateur, es también confirmado por los datos: la sistemática baja calificación de las universidades españolas en los rankings internacionales y la baja productividad de nuestra economía reflejan esta situación.

Aunque este diagnóstico pesimista es más o menos compartido por casi todo el mundo, no ha habido ninguna reforma que haya tenido un mínimo de éxito. La razones del fracaso se deben a la falta de voluntad política para llevar a cabo la reforma, la falta de medios y sobre todo, la cantidad de intereses creados defendidos en nombre de la vaca sagrada de la autonomía universitaria. Este es el tema en que quiero centrarme aquí.

La autonomía universitaria proviene de la idea de que la universidad debe ser gestionada bajo el dominio de sus interesados, que según esta teoría no es la sociedad o los contribuyentes sino el trípode barroco del PDI (personal docente) el PAS (personal administrativo y servicios) y los sujetos experimentales estudiantes (normalmente representados por un conjunto de alumnos cuya edad sobrepasa con mucho lo medianamente razonable para estar en la universidad).

Los dos primeros grupos (docentes y personal servicios) se han esforzado sistemáticamente en mantener un sistema basado en las rentas (derivado de su condición de funcionarios) donde los recursos son otorgados por el estado son gestionados de forma arbitraria y claramente ineficiente y se han opuesto a cualquier clase de presión exterior. En cuanto al alumnado, normalmente manipulado por la mentiras de los dos primeros grupos y a raíz de una adolescencia mal digerida, se han opuesto igualmente a cualquier reforma como un acto de folklore universitario más.

El diagnóstico es sencillo: la universidad es una entidad autista (en el sentido de que no responde a estímulos exteriores) cuya endogamia la hace totalmente reacia a cualquier reforma. NO ha habido ningun gobierno que haya tenido agallas para meterse, seriamente, en la reforma por miedo a los costes políticos de la operación.

¿Qué estrategias están disponibles para racionalizar el sistema? Me gustaría proponer una estrategia de reforma basada en dos frentes fomentar la movilidad e introducir la competencia entre centros:

I Fomentar la movilidad:
La matrícula en una carrera universitaria tiene lo que los economistas llaman efectos de “lock in”. Estos efectos son una de las fuentes más importantes del autismo universitario. El proceso es de la forma siguiente

a) Se realiza la elección de centro y carrera de forma irresponsable e irreflexiva normalmente debido a la edad de la decisión (muy joven), a la falta de información sobre el contenido real de la carrera y a menudo a una oferta local relativamente reducida.
b) Una vez dentro y descubrir la realidad sobre el centro y la carrera, cambiar de carrera tiene costes significativos (efecto lock in). Estos costes son tanto reales (el hecho de haber perdido un año) como psicológicos (admitir que uno ha fracasado, etc..). Lo mismo para cambiar de centro (falta de compatibilidad del plan de estudios, la ausencia de convalidaciones, la falta de becas de movilidad…).
c) Estos costes hacen que se lleve a cabo un proceso de racionalización de la elección a posteriori cuando se descubre que posiblemente no haya sido la más acertada (normalmente en tercero o cuarto de carrera). Ante la imposibilidad de cambiar la elección, lo que se hace es adaptar las preferencias convirtiendo al alumno en un férreo defensor del sistema o en cualquier caso a terminar la carrera.
d) La permanencia de estos alumnos a su vez manda una señal a los alumnos potenciales que permite al centro y a la carrera sobrevivir y mantenerse aún cuando en realidad no es un buen sistema.

El problema es que se realiza una elección que tiene unos costes hundidos con una falta de información considerable. Que ocurriría si en el punto b) permitiéramos que cambiar de centro o de carrera sea algo mucho menos costoso o incluso gratuito, es decir, si la movilidad fuera mucho mayor? Lo más probable es que el alumno decidiera cambiar de centro o de carrera. Esto evitaría el resto del proceso (la distorsión en la señalización) y corregiría la decisión inicial.

Qué medidas son posibles para fomentar la movilidad? Se me ocurren varias:

i) Compatibilizar los planes de estudio: para cualquiera que haya tenido la experiencia de cambiarse de centro es evidente que el sistema de convalidaciones funciona mal (que no se convalide una asignatura porque tiene un crédito menos que la misma en otra universidad). Las equivalencias al trasladarse de un centro a otro están realmente mal planteadas. Una primera forma de fomentar la movilidad es obligar a los centros a reconocer las asignaturas cursadas en otros centros y armonizar mínimamente los planes de estudio con un sistema de equivalencias entre centros y entre carreras que funcione.

ii) Acortar las carreras: uno de los problemas de las carreras en España es que son demasiado largas. Empezar una licenciatura en España supone elegir lo que uno va a hacer al menos durante los próximos cinco años de su vida, sabiendo que no obtendrá ningún título hasta el final. Si los ciclos fueran mas cortos (entre dos y tres años) y luego fuera posible continuar en otra rama, esto permitiría moverse con más facilidad. Esto permitiría por otro lado complementar las formaciones dentro de la interdisciplinariedad. Alguien que empiece a estudiar digamos, filología friki por motivos idealistas o simplemente por querer tener un fondo de cultura general importante podría enlazar al cabo del tercer o cuarto año con unos estudios que se apliquen a la vida real (empresariales, derecho, políticas, economía etc…) sin tener que volver a empezar de cero.

iii) Abolir las barreras lingüísticas: uno de los objetivos del proceso de Bolonia es, precisamente, fomentar la movilidad entre países europeos mediante la compatibilidad de planes de estudios. Sin embargo, esto no surtirá ningún efecto mientras que existan barrera lingüísticas entre universidades europeas. Abolirlas implica realizar una inversión en la educación primaria (totalmente necesaria por otras razones) en la enseñanza de idiomas extranjeros (y sobre todo el inglés) de forma que un estudiante pueda decidir empezar sus estudios en la universidad europea de su elección. Yo estoy a favor de hacer de la enseñanza de idiomas la misión mas importante de la educación preuniversitaria.

iv) Financiar la movilidad: no consiste más que en cambiar el actual modelo “que cada alumno tenga un centro a menos de cien kilómetros de su casa” por uno que diga “que cada estudiante puede estudiar en el centro de su elección al mismo coste que si estuviera a menos de cien kilómetros de su casa”. Menos centros, más concentración y más becas.

v) Informar a la gente: no sirve de nada tener movilidad si los alumnos carecen de la información necesario. La inexistencia de rankings en España es una de las “peculiaridades” de nuestro sistema educativo. Publicar anualmente los rankings (en términos de salidas profesionales) de las universidades (no solo españolas, también europeas) en cada uno de los planes de estudios sería una medida que añadiría transparencia al mecanismo y permitiría a los alumnos elegir el mejor centro para su especialidad. De nada sirve poder moverse si uno no sabe a donde ir.

2  Lanzar las universidades a competir

La medida de fomentar la movilidad es una medida del lado de la demanda. Su principal objetivo es poner de manifiesto que, si los alumnos tienen la posibilidad de realizar una decisión razonada e informada de sus estudios, no elegirían la mayoría de los centros o planes de estudios que hay actualmente.

Sin embargo, poner esto de manifiesto no puede surtir ningún efecto en el lado de la oferta (la organización de universidades) si no se cambia su estructura de incentivos. Eliminar el poder de monopolio que tienen los centros no tiene ninguna utilidad si esto no los lleva a cambiar su actitud, por eso es imprescindible que esto tenga repercusiones sobre el funcionamiento y la financiación de las universidades. Tal como están organizadas las universidades hoy (de forma corporatista) no existe ningún incentivo real para hacer las cosas bien y cualquier intento de redibujar su estructura tendrá que lidiar con los grupos de presión internos.

La forma de cambiar esto es poniendo a funcionar la autonomía universitaria: cuando uno es autónomo, puede organizarse libremente, pero también tiene limitaciones presupuestarias y obligación de rendir cuentas. La situación actual es hacer apuestas con el dinero de Papá estado. Sin embargo, si la financiación está de alguna forma ligada al resultado (el número de alumnos que se recibe y el éxito que estos tienen, ajustado en función de su origen social) esto pondría en marcha un mecanismo de selección de universidades haciendo desaparecer las menos eficientes.

Se me ocurren dos tipos de medidas para racionalizar el gasto. Existen para esto varias formas

i) Financiar alumnos, no centros: sabemos que el gasto en educación superior tal como está planteado es, de hecho, regresivo. NO tiene sentido que matricularse en la universidad sea prácticamente gratuito para gente que no lo necesita. La solución pasa por cambiar la financiación al lado del alumno: conceder becas, préstamos, financiación en función del nivel de renta y del mérito y dejar a las universidades, reguladas y organizadas, competir de forma más o menos normal con los problemas presupuestarios de una empresa privada. Para ser justo, este sistema debería tener un sistema que garantice el acceso (no la gratuitidad) a la educación de cualquier alumno.

ii). Ligar el nivel de financiación a los resultados: el problema de la evaluación es que los criterios son relativamente arbitrarios y relativamente manipulables. Sin embargo, el éxito de un centro debería tener en cuenta a la hora de medir su éxito: el nivel de renta de sus estudiantes, el número de alumnos atraer, la capacidad para encontrar un puesto de trabajo de los alumnos. Si se pudiera evaluar estas características de forma objetivo, sería posible dar los incentivos necesarios a los centros universitarios.

La ventaja de estas medidas (movilidad+competencia) respecto a las clásicas (redibujar la arquitectura de la universidad desde el ministerio de educación consultando al PDI y al PAS) es que consiguen puentear las resistencias de los grupos de interés universitarios. No estamos diciendo “organizaos así” sino “organizaos como queráis, pero haced las cosas bien”. Para tener éxito, la movilidad debe preceder a la reforma de la financiación. Si los alumnos pueden elegir centro y estudios con más facilidad, esto disminuirá el poder de determinados centros y llevará a otros (con más alumnos y por lo tanto con más poder) a ponerse del lado de la reforma al ver que pueden ganar mucho con ésta. Esto permitiría a continuación modificar la financiación.

Medidas en esta línea son las que propone la estrategia de Bolonia: fomentar la movilidad entre centros europeos y permitir a los alumnos moverse libremente de un centro a otro. Bolonia es de alguna forma nuestra única esperanza: los que hemos tenido la mala suerte de tener este sistema educativo, al menos, que nos dejen huir al extranjero.

La legislatura que empieza tendrá que ser ésa en la que se reforme la economía y el modelo de crecimiento. La educación superior es la piedra angular del crecimiento. Es hora de ponerse manos a la obra.

 Nota final: este artículo está basado en la experiencia personal (haber sido estudiante en dos países distintos, varios años de política universitaria (si me gusta el masoquismo) y ser hijo de profesor de universidad) y en unos conocimientos (muy) básicos en economía. NO es por lo tanto un artículo especializado, sino más bien una lluvia de ideas. Estoy abierto a sugerencias, debates etc…



Comentarios de los usuarios (3) RSS feed comment
Escrito por emiro vera suarez, on 19-03-2008 01:02,
1. LA EDUCACION DEBE SER REFORMADA
la educaciön nunca debe ser propiedad del Estado. Es un bien colectivo y debe estar en la conciencia de cada ciudadano participar en cada acto que convoque la universidad o el Estado para implementar un cambio en su diseño curricular. A nivel mundial, pocas universidades se encuentran adaptadas al hecho economico de la region. Hay un diferencial en los programas de enseñanza que no encarrilan el sistema educativo a su propia realidad. Las carreras deben ser de cuatro años, una especializacion de un año y magister de dos, luego al final un doctorado. Se supone que el mismo seria una recopilacion de la realidad del egresado, como un proyecto de vida y la tesis es simplemente una continuidad del quehacer del egresado durante toda su estancia como agente del proceso enseñanza - aprendizaje.
 
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Escrito por miguelnunezrios, on 19-03-2008 01:51,
2. http://ahilovamos.blogspot.com
Comparto algunas cosas, menos la bendición intrínseca de convertir Institutos o Universidades en empresas. Yo estudié toda mi vida en un colegio privado... absolutamente privado, no recibia ninguna subvencion publica, desde los 3 años hasta los 18, en definitiva, a mi me ha educado una Sociedad Limitada, pues bien: recopilas muchas luces, yo te puedo contar muchas sombras, y algunas tienen que ver con mezclar dinero y educación; tu pagale a los centros para que apruebe la gente, y el tráfico de cheques empezará a volar, y creeme, lo he visto con mis propios ojos. Hay que premiar el esfuerzo, pero yo lo haría de otra manera.
 
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Escrito por miguelnunezrios, on 19-03-2008 01:59,
3. Pero...
Estoy absolutamente de acuerdo en un elemento clave, hacer de los Institutos y Universidades entidades autónomas, con un denominador común: el alumno responde directamente ante el Director, el profesor y sus padres. Pero mezclaro con el dinero (ya se que lo dije antes pero si hace falta lo repito) es un gravisimo error. Garantía social, toda, excelencia, toda. Ambas cosas son compatibles, ahora no tenemos ninguna de las dos.
 
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