PrincipalArtículosOpiniónColumnasRevista "Argumentos"Blogoconversación
lunes, 06 de septiembre de 2010
Principal arrow Artículos arrow Libertades y derechos arrow El multiculturalismo es un liberalismo: una perspectiva individualista
El multiculturalismo es un liberalismo: una perspectiva individualista Imprimir E-Mail
Lecturas 1200    

ImageEl multiculturalismo entendido como proteccion de las minorias (feminismo, proteccion de las minorias etnicas, integracion de los inmigrantes, nacionalismo…) y las politicas que acarrea (proteccion de la identidad nacional, discriminacion positiva, etc…) es sin ningun genero de dudas uno de los grandes debates de nuestro tiempo.
Publicado originalmente en "La ley de gravedad"

Sin embargo, la importancia que reviste el debate en la arena politica es directamente inversa a la calidad de su argumentacion. La imagen convencional del defensor del multiculturalista es la de algun apostol del nihilismo posmoderno folk lanzando diatribas esencialistas contra el establishment. Esto es patente, especialmente, en el caso del nacionalismo en Espagna (teclado yanki) donde los actores buscan su legitimacion en pasados remotos o en justificaciones criptomarxista o neotribalistas que tienden a quitar todo prestigio al debate.

El problema de esta situacion es que impide cualquier tipo de debate sobre bases racionalistas y lo desplaza hacia una confrontacion de mitologias que, en el medio plazo, degenera en algun tipo de violencia politica.

No obstante, existe una defensa posible y desde mi punto de vista inevitable del multiculturalismo desde un punto de vista liberal-individualista. Esta defensa se apoya sobre argumentos solidos y tipicamente liberales tales como la proteccion del individuo frente a la masa o del ciudadano frente al Estado.

Los que me leeis sabeis que me gusta presentar las cosas dentro de un marco racionalista, aun cuando no este de acuerdo,  especialmente si se trata de temas tan susceptibles de crear conflicto como el debate sobre las identidades. El objetivo de esta articulo es por tanto presentar el multiculturalismo (entendido como politicas de reconocimiento de las identidades colectivas) en sus fundamentos y justificaciones, encuadrarlo dentro de la ideologia liberal y finalmente hacer una valoracion critica presentando una alternativa.

 1 La irrelevancia de las identidades en el Liberalismo politico

El liberalismo (en sentido anglosajón-rawlsiano) define la justicia en términos de “derechos e individuos”. Los individuos son la unidad básica de análisis (es un individualismo) y el único soporte ético (la ética solo existe en el plano de la subjetividad) y estos individuos, por el hecho de serlo, tienen derechos.

De esta forma, se rechazan puntos de vista tribalistas o comunitaristas donde los derechos se adquieren en razón de la pertenencia a un grupo (una etnia, una nación, un estamento social) y no están subordinados a él. En el esquema de justicia rawlsiana la pertenencia a un colectivo no produce, en principio, derechos ni obligaciones, la única distinción relevante es la que distingue las desigualdades que son el resultado de una elección (endógenas) de las que son el resultado de una situación de partida (exógenas). Es una perspectiva insensible al género, a las creencias religiosas, a la identidad cultural o nacional ya que estas situaciones no son “peores” o “mejores” sino solo distintas. Lo único que genera derechos es partir desde una posición de desventaja (el nivel de renta, el origen social, etc…) pero no la pertenencia a un colectivo.

2 La críticas comunitaristas del liberalismo.

Los comunitaristas critican el aspecto individualista de razonar en términos de “derechos e individuos”. Es cierto que la filosofía política liberal anglosajona es sorprendentemente silenciosa sobre cosas tan políticas como la nacionalidad, la forma del Estado, la democracia, etc… El plano sobre el que se razona es el de la intersubjetividad: las relaciones entre individuos, pero en ningún caso lo que ocurre en una comunidad.

Esta perspectiva es según esta crítica “atomista”. El énfasis en los derechos de los individuos fomenta de alguna forma el egoísmo individual y nada garantizaría la cohesión. En la práctica, las comunidades dependen del comportamiento de los individuos; de su voluntad para pagar impuestas, para defender a su país, para cumplir la ley, de sentirse miembros de una comunidad. Es en el seno de esta comunidad y por los lazos que unen a los individuos donde se pueden aplicar políticas liberales de redistribución y de protección de los individuos. Pero en ausencia de una comunidad bien cohesionada, estas políticas serían simplemente imposibles. Pues bien, el liberalismo no menciona una línea sobre como mantener una comunidad unida. Si se aplicaran las políticas liberales desnudas, la sociedad se desagregaría.

Esta crítica ha sido formulada por Taylor en su artículo “Atomism”, no obstante, está presente en mucho textos. Así por ejemplo, Buchanan argumenta que el Estado del bienestar había creado la sensación de gratuitidad de los derechos y fomentaría un individualismo excesivo y un grado elevado de rent seeking una vez que, tras el fin de la guerra fría, no existe ninguna amenaza común que nos reúna. Ortega y Gasset decía “El mayor peligro, el Estado”; tras la proclamación del ideal liberal, el Estado había dado la sensación de que los derechos eran gratuitos cuando en realidad se sostienen sobre una serie de virtudes y voluntades, y que había creado la sensación de tener todos los derechos y ninguna obligación.

Así, las políticas liberales deben estar subordinadas a la supervivencia de la comunidad. Los derechos individuales solo existen gracias a la comunidad y por lo tanto, esta debe prevalecer sobre aquéllos.

3. La acomodacion liberal de la critica atomista: el nacionalismo liberal

A raíz de esta crítica, el liberalismo ha intentado acomodar un concepto que explique como mantener unida a una comunidad humana donde se puedan llevar a cabo estas políticas. La que se considera como más realista es el llamado “nacionalismo liberal” ya que es la forma en que se han llevado a cabo históricamente.

El nacionalismo liberal espera mantener unidas a las comunidades en tanto que “naciones” entendidas estas como entidades etno-culturales con un imaginario colectivo común. Esta era la perspectiva de los intelectuales europeos a finales del siglo XIX representada por Renan. Renan nos explica que una nación tiene dos elementos indisolubles: un pasado, un conjunto de mitos y glorias, una unidad cultural y un proyecto político voluntarista común (un plebiscito cotidiano).

Todas las naciones del mundo se han construido históricamente de forma más o menos centralizada. Estas son las llamadas políticas de “nation building”. En sus formas mas violentas (como Polonia o Yugoslavia) estas suponen limpieza étnica y asesinatos masivos. Pero de forma más sutil, todos los Estados del mundo tienen políticas de nation building: la existencia de fiestas y símbolos nacionales, de una lengua oficial, de un poder centralizado, de un servicio militar, de un sistema educativo que enseña historia nacional, de unos medios de comunicación nacionales, de una función pública donde se jura la constitución,… El objetivo o al menos el efecto de estas políticas es crear un sentimiento de unidad nacional que mantiene unida a la comunidad.

Además, estas políticas son de alguna forma inevitables. A la hora de elegir un temario de historia, por ejemplo, uno debe elegir que incluye y que excluye y como se abordan los temas. Este tipo de políticas forman un imaginario y una percepción colectiva común a una nación, crean una cierta homogeneidad cultural.

El nacionalismo liberal reclama su condición de liberalismo. Para ellos, este conjunto de políticas son instrumentales, son la condición sine qua non para que las políticas liberales de defensa de los derechos individuales puedan ser llevadas a cabo. No se trata por tanto de una concepción nacionalista-comunitarista, el individuo no queda subordinado a la comunidad nacional sino nacionalista-liberal, donde la comunidad esta al servicio del individuo. Sin embargo, la protección de derechos individuales debe ir acompañada por políticas de nation building que son la condición para esta protección.

4. El multiculturalismo liberal como acomodacion del nacionalismo

Las políticas de “nation building” son por tanto instrumentos al servicio de la protección de individuos. La existencia de una comunidad es algo necesario (aunque no superior) para que las políticas de protección de derechos sean siquiera posibles. Sin embargo, el problema aparece en el hecho de que estas políticas generan perdedores y estos perdedores sufren las discriminaciones que no son justificables en razon del merito.

En la medida en que la promoción de un modo de vida común por el Estado fomenta la unidad, es algo que también invita a la exclusión en la medida en que distintos individuos se desvíen de este modo de vida. Si el imaginario colectivo se basa, por ejemplo, en la etnia, es evidente que individuos pertenecientes a una etnia minoritaria se verá perjudicado. La adopción de una lengua nacional, por ejemplo, es algo susceptible de perjudicar a los que no la hablen, la adopción de fiestas nacionales perjudicará a los que sean miembros de una minoría nacional.

De forma más general, las políticas de un Estado (y por lo tanto, la forma en que se protegen los derechos individuales) y sobre todo las políticas de nation building, dependen de con quien se comparta el espacio público de ese Estado. Veámoslo con un ejemplo.

Pensemos que un Estado que debe aplicar una política que puede ser numerada en un espacio de 1 a 10. Pensemos que este Estado tiene una población de tres individuos (A B y C), cada uno con preferencias distintas respecto a estas políticas (1 a 10).

A: 1 B: 10 C: 10

Los costes individuales dependen de cuanto se aleje la política adoptada de su política preferida. Así si la política es 5 y la preferencia es 2 el coste es de 3.

En los sistemas democráticos, las decisiones se toman por mayoría. ¿Qué ocurre si la decisión se toma por mayoría? Bueno, el resultado es mucho más radical ya que B (10) y C (10) formarían una coalición adoptando su política favorita (10) imponiendo a A un coste de 9 (10-1). Este mismo ejemplo vale para pensar en casos en los que, aún siendo minoritarios, determinados grupos ostentan una posición dominante en términos de capital político (por ejemplo el género masculino o la metrópoli en un imperio).

¿Qué ocurriría si compartiera espacio público con dos individuos con preferencias idénticas a las suyas (A:1 B:1 C:1)? La política elegida sería 1 (la media de tres veces uno) y los costes serían 0 para todos.

¿Como encaja esto con las políticas de nation building? Las políticas de nation building son decididas en función de las preferencias de un grupo dominante (la nación en cuestión). Es en función de ellos de los que se decide qué cultura o paradigma nacional se promociona (algo sobre lo que el liberalismo no nos dice nada, solo nos dice que debe promocionarse una cultura, pero no cuál). Ante esta decisión, existen perdedores: aquéllos que por alguna razón se encuentren marginados en el proceso de decisión y cuya cultura no encaja con la cultura promocionada. Lo que multiculturalismo argumenta es que deben considerarse estas situaciones en el momento de realizar un juicio de valor sobre las ventajas y las desventajas.

Un primer grupo son los inmigrantes y minorías étnicas o religiosas (los árabes en Francia, los negros e hispanos en América, o los musulmanes en cualquier país europeo) que son el caso más claro. El inmigrante recién llegado a un entorno social en el que es minoritario se ve impuesta una cultura, una lengua, y una serie de medidas de promoción nacional.

 En este sentido, el hecho de pertenecer a una etnia minoritaria supone una desventaja y debe ser tenida en cuenta: deben existir mecanismos que protejan a estas minorías de las decisiones de la mayoría. Estas medidas son de dos tipos: o bien que le ayude a integrarse en la sociedad o, en el caso de que sea imposible, les otorguen ciertos privilegios o autonomía legal que compensen la desventaja. Un ejemplo es el caso de los días festivos que están determinados por nuestra pertenencia a una cultura judeocristiana pero que serían substancialmente distinta en un país musulmán. El multiculturalismo argumenta por lo tanto que los musulmanes deben tener derecho a tener su días festivos particulares.

El segundo caso es el de las minorías nacionales o los pueblos indígenas. Se trata en este caso o de colectivos culturales localizados sobre un territorio cuyo imaginario de nacional difiere considerablemente del mayoritario. Este es el caso de los indios en América o de Cataluña, el País Vasco, Kosovo, el Ulster, Escocia o Córcega en Europa. Reino Unido es un Estado protestante con políticas de nation building adaptadas a la mayoría Inglesa (la historia que se enseña es anglocéntrica, los medios son ingleses…). En España ocurre algo parecido: la lengua oficial es el castellano, la historia que se enseña en la escuela es hispanocéntrica, tenemos fiestas nacionales, etc… Idém para América (el elemento WASP) o Serbia. En la medida en que existen minorías a las que se imponen costes por el hecho de pertenecer a un colectivo más amplio, el multiculturalismo argumenta que deben existir protecciones legales para estos grupos tales como derechos específicos (a recibir enseñanza o servicios públicos en su lengua nacional) u organizaciones políticas autónomas donde desarrollen su propia cultura nacional (desde la autonomía hasta la independencia).

Finalmente, existe también un argumento (aunque probablemente más débil) para defender la protección de grupos sexuales discriminados tales como las mujeres o el colectivo GLTB. Estas protecciones suelen tomar la forma de adaptaciones legislativas (ley de matrimonios homosexuales) o de discriminación positiva (cuotas, etc…). El razonamiento es más débil ya que aquí la discriminación no existe por políticas de nation building, sino en razón de estructuras culturales informales o instituciones legales implícitas.

Esto se basa en lo que las feministas llaman el “dominance approach”. Por ejemplo, no hay ninguna razón “liberal” que justifique los matrimonios deban hacerse entre personas de distintos sexo, se trata de algo que es así por convenio, más concretamente, porque la política se ha decidido de acuerdo con la mayoría heterosexual. Algo análogo ocurre con el feminismo existen muchas leyes que, sin discriminar explícitamente, si lo hacen implícitamente como por ejemplo los requisitos de altura para entrar en determinados cuerpos (bomberos, ejército, etc…). Las instituciones sociales de carácter informal (desde la lengua o el modelo de familia tradicional hasta la cultura) son también elementos que, de alguna forma, discriminan en razón del género y que son considerados por las feministas liberales como justificando la discriminación positiva.

Existen más casos, pero lo que hay que retener es que el multiculturalismo liberal provee una base moral suficiente desde un punto de vista individualista liberal para defender cosas como el derecho de secesión, el diálogo intercultural o las discriminaciones positivas en razón de la pertenencia a un grupo.

El problema es: ¿hasta donde? Es decir, si existen derechos específicos de grupo, ¿esto no llevaría a comunidades como por ejemplo los musulmanes a reivindicar la aplicación de leyes antiliberales como la sharia? ¿Puede justificar el multiculturalismo por ejemplo la sumisión de la mujer al hombre consagrada en determinadas religiones). Aquí Will Kymlicka propone una distinción entre un esquema comunitarista (como por ejemplo el que existía en el imperio otomano con una ley distinta para cada comunidad religiosa) y uno liberal. La diferencia es que e la políticas multiculturales hay que diferenciar entre las protecciones externas y las restricciones internas. Las primeras son medidas que protegen a los individuos por el hecho de pertenecer a un grupo, mientras que las segundas protegen al grupo para mantener a los individuos contra su voluntad dentro del grupo. Así, mientras que las primeras permitirían a las mujeres musulmanas ir veladas a la escuela, no permitiría en ningún caso que fueran obligadas a ir veladas. Es aquí donde se ve la naturaleza liberal del multiculturalismo: su justificación viene de la necesidad de proteger al individuo, y por lo tanto sus límites también dependen de su capacidad para llenar esta misión.

5 La sintesis republicanista

Hasta el momento he intentado presentar de forma objetiva como se presenta el debate sobre el multiculturalismo y las identidades colectivas sin hacer explícita mi opinión. En esta útlima parte me gustaría explicitar como entiendo que puede presentarse el multiculturalismo y en qué medida creo que la adopción de sus política puede ser legítima o apropiada. Para ello tomaré el multiculturalismo como base e intentaré criticarlo. Esto en dos puntos.

A) La primera crítica tiene que ver con el efecto que el multiculturalismo produce en el debate político. En un marco Rawlsiano, como he explicado, la política multiculturalistas son legítimas en la medida en que ayuda a realizar la igualdad, entendida como igualdad de recursos y oportunidades. En la medida en que la pertenencia a un grupo oprimido es una fuente de desigualdad, es legítimo poner en marcha políticas culturalistas.

El problema es que, aunque la pertenencia a un colectivo pueda ser fuente de desigualdad, estas desigualdades no son ni las únicas ni las más importantes que surgen en la sociedad. Sin embargo, la ideología multuculturalista (como todas las ideologias) es una máquina de generar recursos políticos, aunque estos recursos son generados de forma asimétrica entre grupos.

Las identidades colectivas generan recursos políticos. Esto era algo claro bajo el imperio del socialismo antiguo; la clase media era débil o no existía, la identidad de clase tomaba una importancia grande y por lo tanto los antagonismos de clase. La pertenencia a una clase u otra en una sociedad muy desigual es algo fácil de identificar y de entender; cada cuál sabe si pertenece a una clase o a otra. Las divisiones sociales son importantes. La razón de la prevalencia de la identidad de clase sobre las otras era por tanto que ésta es (1) fácil de identificar y (2) un buen proxy para la desigualdad; la mayoría de desigualdades que existen en una sociedad resultaban de la pertenencia a un clase social u a otra.

Cuando el debate se desplaza a las identidades de grupo, esta lógica cambia. Una de las razones para que el debate se desplace es, en primer lugar, la diversificación de las sociedades occidentales. La unidad de clase se vuelve difusa; es mucho más difícil identificar la pertenencia a la clase trabajadora, existen cientos de casos en los que es muy difícil entender a quién pertenece (los funcionarios, el sector servicios, el autónomo)… La clase se vuelve una identidad más difusa (más difícil de identificar) y menos homogénea. Cuando el criterio (el elemento federador) deja de coincidir con la desigualdad (la reivindicación común), las bases para que existe un actor político colectivo se ve debilitado.

El debate  multiculturalista, sin embargo, apunta a identidades colectivas facilmente identificables. El género, la etnia, la religión, la orientación sexual son criterios sencillos de identificar y que por lo tanto proveen las bases suficientes para la existencia de un actor colectivo. Hoy día es mucho más fácil identificar a una mujer o un homosexual que a un obrero y es sobre este tipo de colectivos sobre los que se fija la atención del público y de los políticos.

En términos marxistas, el multiculturalismo podría considerarse como un invento burgués; tanto si hablamos de nacionalismo, como de feminismo, como de reivindicaciones de los inmigrantes, los debates sobre la identidad han desplazado al debate sobre la redistribución de la riqueza. La redistribución no se produce entre clases o individuos, sino entre grupos o colectivos. Esto se debe a dos razones.

  1. En primer lugar, el poder de presión político depende en buena medida de la capacidad de organización de un colectivo; si el criterio federador es más fuerte y fácil de identificar, la capacidad de movilización es mayor.
  2. En segundo lugar, redistribuir entre grupos es más fácil que redistribuir entre individuos (es más fácil poner una ley con discriminación positiva que unos servicios sociales que estudien el caso de cada individuo de forma concreta).

Esto no supondría un problema si la pertenencia a estos colectivos fuera la principal causa de desigualdad, pero no lo es. El efecto principal del debate sobre la identidad es desplazar el punto de gravitación de la atribución de derechos y la redistribución, de la condición de individuo desfavorecido a la condición de miembro de un grupo.

El efecto colateral de este tipo de debate es transformarse en un equilibrio autosostenido. En la medida en que la pertenencia a un grupo otorga derechos, esto provoca una demanda potencial para un industria de la construcción de las identidades. La generación de nuevas identidades al mismo tiempo aumenta las divisiones entre grupos que, lejos de ser disipadas por las políticas multiculturalistas, se agudizan dando lugar a una demanda de nuevas políticas de reconocimiento.

B) El segundo punto de crítica tiene que ver, no tanto con el multiculturalismo, como con el individualismo político del liberalismo. El liberalismo determina su esquema de justicia en términos “individuo y derechos”. El problema es que el subproducto cultural de esta ideología dominante es la tendencia a la fragmentación social y el egoismo, como señalan los comunitaristas. Como parche, el liberalismo crea el nacionalismo y las políticas del nation building para mantener unida a la comunidad. Sin embargo, las políticas de nation building crean ganadores y perdedores que a su vez generan un mayor grado de fragmentación y así sucesivamente.

En primer lugar, el problema del nacionalismo es que elige una vía problemática de garantizar la unión de la comunidad. La falla intelectual del liberalismo es que tiende, por su esquema de justicia, a eliminar la responsabilidad individual respecto de la comunidad, el mérito y la cooperación volviéndose insostenible en el medio plazo. Un autor francés decía “l’Etat de Droit dérive en le tas de droits” (el Estado de derecho deriva en el montón de derechos).

Existen a esto varias soluciones. Una de ellas es la propuesta por el nacionalismo liberal; fomentar un conjunto de valores de carácter más o menos irracional basados en la cultura. Esta vía sin embargo plantea una serie de problemas concretamente que la industria desl nation building crea ganadores y perdedores además de engendrar una serie de dinámicas perjudiciales que el propio liberalismo no puede aceptar como legítimo dando lugar al multiculturalismo como remedio al remedio. En este sentido, el multiculturalismo es desde mi punto de vista inevitable cuando uno se sitúa en un esquema liberal basado en “derechos e individuos”.

¿Existe una alternativa al liberalismo que sea sostenible en el largo plazo? Desde mi punto de vista sí. Mi alternativa es el ciudadanismo, el republicanismo o “patriotismo constitucional”(Habermas). La perspectiva republicanista propone organizar la sociedad basándose en valores e ideas considerados universales. Mientras que el culturalismo nacionalista carece de justificación moral (las políticas de nation building son arbitrarias) el republicanismo, al defender valores universales, no puede considerarse como una violación de derechos.

Es posible reivindicar una protección de las minorías cuando lo que mantiene unida a la comunidad es el nation building ya que la elección del elemento federador tiene un carácter instrumental, sin embargo, no es posible reivindicar el derecho a no integrarse en valores como la democracia, la libertad individual, el respeto del otro, la solidaridad, el servicio… no al menos desde una perspectiva liberal, ya que estos valores son consustanciales al liberalismo.

No obstante, esta perspectiva cambia el punto de gravitación del liberalismo dejando de ser una fuente de derechos para pasar a ser una fuente exigencias para el individuo. El programa republicanista conlleva la actitud de exigir al individuo comportarse de una forma determinada; conforme a los valores y a la infraestructura cultural necesaria para la sostenibilidad del liberalismo en el largo plazo. Sigue tratándose de un individualismo (ya que considera al individuo el único soporte moral) pero deja de ser un liberalismo (ya que considera que hay formas de vida más valiosas que otras). El republicanismo no es por tanto un programa neutral sino que se centra en la virtud de los individuos; es un programa perfeccionista basado en el mérito.

¿Qué ocurre con el multiculturalismo? Bajo la óptica republicanista, el liberalismo desaparece como fuente de derechos, ya que el republicanismo no pone el acento sobre los derechos sino sobre la virtud del individuo y en el mérito. No obstante, los derechos siguen teniendo vigencia en la medida en que son las infraestructura esencial para que la virtud pueda ocurrir. La protección de las minorías sigue teniendo sentido, pero solo como mecanismo de integración y esta supeditada a la sostenibilidad del proyecto colectivo, sabiendo que el proyecto colectivo es un proyecto individualista ya que la exigencia de virtudes cívicas no es más que el mecanismo de sostener la realidad liberal en el largo plazo.

Esto es así en la medida en que la neutralidad cultural de las normas es imposible. A la hora de exigir una lengua oficial, estándares de calidad, ésto genera perdedores (los que no hablan la lengua, los que no entran en los estándares). En la medida en que estos estándares solo se pueden tomar en función de la mayoría, son un mecanismo de exclusión que debilitan la viabilidad del proyecto colectivo y por lo tanto la infraestructura de los proyectos individualista.

En esta medida, un multiculturalismo “soft” es aceptable y deseable desde un punto de vista republicanista aunque siempre relativizado; es decir, subordinado a la viabilidad del proyecto colectivo en el largo plazo. Es legítimo practicar la discriminación positiva en la medida en que ayudan a integrar a las minorías en la república, es legítimo dar facilidades lingüisticas, facilitar la coordinación con las autoridades religiosas, etc… Las identidades colectivas no son fuente de derechos como un fin en sí mismo (esto evita la “pilarización de la sociedad”), sólo lo son como medida de integración (en la medida en que permite a los individuos desarrollar la virtud republicana).

El republicanismo no significa en la práctica políticas muy distintas de las del liberalismo. Sus políticas de protección del individuo, de libertad individual, etc… no son incompatibles sino, en realidad, complementarias con el proyecto humano ciudadanista. El efecto es sin embargo relativizar la importanca de los derechos poniendo el acento, parafraseando a Kennedy, no sobre lo que su comunidad puede hacer por él, sino lo que él puede hacer por su comunidad.

Las conclusiones del artículo son por lo tanto las siguientes:

  1. El liberalismo acierta en su enfoque individualista; la unidad básica de análisis deben ser los individuos y todos valen lo mismo con independencia de sus circunstancias exógenas.
  2. El individualismo no es sostenible en la medida en que crea una dinámica de atomización y de egoismo y su sostenibilidad está condicionada a alguna medida de cohesión social que garantice la viabilidad de la comunidad bajo alguna clase de elemento federador.
  3. La medida federadora del nacionalismo liberal basada en la cultura tiene el problema de ser moralmente arbitraria y crear una serie de pretensiones de derechos éticamente legítimas bajo la forma de reivindicaciones multiculturalistas que terminan cuestionando la viabilidad de la comunidad.
  4. La viabilidad en el largo plazo pasa por una forma de comunitarismo universalista; el republicanismo. El republicanismo admite medidas de integración basadas en los derechos pero pone el acento sobre la responsabilidad, el mérito y el servicio que son la base de sostenibilidad de la comunidad en el largo plazo.


Comentarios de los usuarios (0) RSS feed comment

Ningún comentario guardado

Añade tu comentario



mXcomment 1.0.3 © 2007-2010 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
Compártelo:
Furl it!
Delicious
Digg
Technorati
YahooMyWeb
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
Escrito por Citoyen   
miércoles, 30 de abril de 2008
 
< Anterior   Siguiente >
Aforismos
J. Perich
"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco."
 
Últimos comentarios
Entrevista a Hugo Fazio,...
docente
Humano y fraternal, son dos aspectos necesarios para entender que con injusticia social, jamás existirá convivencia y principios humanistas. la...
31/07/10 02:50 Más...
Por alix vargas

La(s) socialdemocracia(s)
GRACIAS POR SUS PALABRAS
DE PERU UN FRATERNAL Y SINCERO SALUDO DEL PARTIDO ACCION DEMOCRATICA POR LA NACION PERU, DE SU AMIGO MARCO ANTONIO IBARRA BLAS Y SI DESEAN ESCRIBIR Y...
22/04/10 03:51 Más...
Por MARCO ANTONIO IBARRA BLAS

Felip Puig i Godes: opiniones...
Bien por el Barça 2 a 6...
Estpendo el Barça, gran goleada, humillante goleada al Real Madrid. Buen juego, capaz de conmover a la Cataluña pesimista... Quien iba a decirlo el...
03/05/09 20:05 Más...
Por Carles Conqueny i Arriola

Usuario y registro





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí

Joseph Stiglitz
"Market Fundamentalism Is Dead"
Agregador de blogs de www.socialdemocracia.org realizado en feevy y fusilado por Carlos Guadián, refrito por Jéssica Fillol y rematado definitivamente por José Rodríguez.
Redes amigas
Image Las Ideas.org
Red Economia Crítica XLaIzquierda
Extremadra en positivo Mas Ciudadanía
Image Image