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Es hora de cambiar las relaciones trasatlánticas.
Después de la dura lección que ha supuesto para Europa la hegemonía ideológica y económica del neoconservadurismo americano, y de la mayor todavía enseñanza que han supuesto Irak y Afganistan para unos solitarios Estados Unidos (no nos engañemos, la presencia de casi todas las demás naciones es sólo testimonial). Creo que la lección que tanto Europa como Estados Unidos han aprendido es que se necesitan. En un mundo, no ya más globalizado, sino más lleno de peces grandes que luchan por la comida de este pequeño estanque que llamamos casa, la ruptura de las relaciones entre estos dos tradicionales aliados ha entregado las llaves del poder mundial a otros polos de poder, léase, Rusia, China y los países productores de petrólelo.
No se trata de hacer seguidismo al estadounidense, sino, mediante nuestra declaración mútua de respeto y ayuda, demostrar al pueblo de Estados Unidos que estamos preparados, y deseosos, para el cambio. Un cambio que ya se está produciendo, y que entregará el poder de la nación más poderosa del mundo a gente bastante más centrada y mucho menos peligrosa que los neocons de Bush padre (el hijo ha sido, cimplemente, la marioneta más cara y más rentable de la historia). Gane quien gane, Estados Unidos deberá afrontar los problemas que su sucesor ha causado. Económicos, medioambientales, políticos, internacionales, energéticos. Y deberá hacerlo desde una postura de consenso en la que no podemos faltar los europeos. Hacerlo, seguir dándole la espalda al coloso con pies de barro que son los USA, significará entregar las llaves del poder mundial, por ejemplo, al expansionismo imperial ruso, o al gobierno chino con toda su historia de olvido de los derechos humanos. Ver hoy a un militar ruso, blandiendo una pistola, amenazando a un cámara de televisión, sin miedo a las noticias, me ha dejado claro que la verdadera guerra de estos años no se librará frente a las naciones árabes, como algunos quieren haceros creer, sino frente a una Rusia crecida y apoyada por China e India. Por ello, además de replantearnos la ruptura de los lazos trasatlánticos, Europa debe volver su vista a los colosos del norte de África, como amigos. Sembrar el Sahara de paneles solares eficientes, al tiempo que se multiplica la inversión en infraestructuras gasistas y petroleras desde Argelia y Libia, para evitar el bloqueo que Rusia blande cada día, y ayudar a todas las naciones del Magreb a aumentar su nivel de vida es no sólo fundamental, sino también imperativo para la energéticamente dependiente Europa. Reestablezcamos los lazos con Estados Unidos, ahora que sus posturas vuelven a ser compatibles con nuestras creencias (a la fuerza de la crisis ahogan), busquemos a nuestros tradicionales aliados, los Europeos, para hacer un frente común, y abramos la puerta a nuevos socios para la mejora común de nuestros pueblos. En definitiva, la Izquierda deve renegar del cartel de antiestadounidense que le han colgado, y demostyrar, con hechos, que nuestra postura crítica estaba fundamentada por los actos torpes y egoistas de una minoría que ya no representa al pueblo estadounidense.
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