Mucho hemos cambiado desde entonces, sin embargo, seguimos necesitando que algo o alguien asuma la responsabilidad que tanto tememos asumir. Los más conservadores siguen echándole las culpas a algún dios, por supuesto el único verdadero para cada cual el suyo. Y aquellos que presumimos de modernos, eruditos, agnósticos y demás, hemos hallado en el sistema al sustituto ideal. Todo, incluso aquello que hacemos nosotros mismos y no consideramos correcto, es culpa del sistema.
Es de una gran utilidad el sistema. Lo mismo le sirve a un político que ha perdido las elecciones, que a un desarrelado que, con el cuento de ser antisistema, vive como una rémora a costa del sistema, o a ciudadanos grises y modélicos que al final, también echan la culpa al sistema de todo lo que no le suponga un beneficio.
Pero lo peor es que aquellos que no somos acaparadores de propiedades ni caraduras disfrazados de bucaneros de cromo, sino que intentamos ser ciudadanos trabajadores, responsables y solidarios, ante una injusticia, una decepción política o cualquier contratiempo que no nos vemos capaces de controlar, acabamos optando por echar también la culpa al sistema.
Y yo me pregunto ¿qué es el sistema? ¿de dónde viene y qué o quién lo forma? ¿acaso no somos nosotros el sistema? luego, ¿no somos todos responsables de que el sistema sea el que es?
¿Es que no somos muchas más las víctimas de las injusticias sociales que quienes las infringen? Luego ¿por qué buscamos nuevas deidades a quien culpar en lugar de asumir nuestra responsabilidad?
¿No nos parece bien el trato que se nos da en el trabajo?
En nuestra mano está construir sindicatos o cualquier otro tipo de asociacionismo que nos permita demostrar nuestra fuerza y exigir nuestros derechos, o al menos defender los que hemos sabido conquistar y que vamos perdiendo peligrosamente.
¿No nos gusta cómo enseñan a nuestros hijos en la escuela?
En nuestras manos está ir allá, participar en las decisiones y compartir las responsabilidades con los profesores.
¿No nos convence la actuación de los políticos por los que hemos votado?
En nuestras manos está participar en movimientos ciudadanos, partidos políticos, sindicatos, plataformas, o cualquier otra forma de participación, expresar nuestra opinión y exigir aclaración de cualquier cosa que no entendamos o no nos parezca bien. Castigarles con el voto, exigir cambios de dirigentes, presentarnos nosotros mismos como candidatos...
Hay un sin fin de posibilidades de participación en nuestra sociedad. Y no, no es perfecta, claro que no. Y se cometen muchas injusticias, desde luego que sí. Y queda tanto por hacer, por supuesto. Luego ¿a qué esperamos? ¿Por qué no nos ponemos a trabajar en lugar de quedarnos en un rincón quejándonos y buscando a quién echar las culpas?
Le echamos la culpa al sistema y el sistema somos todos. Le echamos la culpa a los políticos y los políticos son fruto de la sociedad que hemos sido capaces de hacer entre todos, ¿o es que son extraterrestres o mensajeros de Dios? Decimos que los partidos políticos, los sindicatos y demás asociacionismos no sirven para nada y no planteamos alternativas coherentes, capaces de vertebrar las aspiraciones y necesidades de todos los ciudadanos.
El sistema es el que es, lo que hemos sido capaces de hacer entre todos. Y seguirá siendo lo que seamos capaces de hacer entre todos. Es lo que hay, creo.