| La ley de la gravedad en las ciencias sociales: debate sobre metodologías |
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El nacimiento de neoprogs ha traído, como no puede ser de otra manera, un debate sobre metodología entre diversos blogueros izquierdistas que admiro. Por un lado Alberto Garzón et. al. critican el individualismo metodológico y la elección racional que muchos de los autores de neoprogs propugnan, y por otro Citoyen lo defiende. Igualmente me quedaría con la exposición de Egócrata, como punto intermedio y aclaratorio.
Todo esto, como siempre que pasa en el debate de la metodología de las ciencias sociales, termina con comparaciones con las ciencias empíricas, precisamente con la física. Y por ello quiero hacer algunas matizaciones para intentar, a ver si lo consigo, poner ciertas diferencias entre lo que es posible con el positivismo en ciencias empíricas y lo que no es posible hacer en ciencias sociales con ese mismo positivismo. Yo a diferencia de ellos, soy un tipo venido de ciencias empíricas y que luego su exigüa labor investigadora (una tesina doctoral y poco más) la ha realizado en las ciencias sociales. Por tanto mi análisis de las metodologías de las ciencias sociales es como mínimo exótico. Pero espero, precisamente por ese exotismo y por provenir de la más positivista de todas las ciencias, poder aclarar aspectos sobre la potencia de la “ley de la gravedad” en las ciencias sociales. Antes de nada, quiero aclarar otra cosa: en metodología de las ciencias sociales me defino como positivista, más heredero de Durkheim que de Webber. Los relatos están muy bien, y a veces es lo único que podemos conseguir (como en muchos estudios antropológicos), pero los datos y la comprobación empírica es algo que me gusta mucho más. Los modelos y teorías en ciencias empíricasEn ciencias empíricas me atrevo, a un nivel poco profundo, a definir 4 niveles de teorías o modelos. Cada uno con una capacidad y potencia epistemológica diferente y decreciente. El primero de ellos sería una teoría completa y que sabemos que hasta el momento no tiene incongruencias y incompatibilidades con la realidad empírica. Esto en física no existe (y por tanto en el resto de ciencias empíricas tampoco, ya que todas eventualmente terminan requiriendo de modelos físico). Esto sería la famosa “teoría del todo”, una teoría que sabemos que es completa (describe la realidad en toda su totalidad), capaz además de realizar predicciones incluso sobre valores esenciales en física (como es el valor de “c”, o las masas de cada uno de los quarks y leptones), y además que por todas los intentos que se han hecho es matemáticamente consistente y además coherente con todo los experimentos que se realizan y todas sus predicciones son acertadas. Esta teoría de grado 1, no existe, aunque gastamos miles de millones de € en intentar encontrarla y horas y horas de trabajo de las mentes más privilegiadas de este planeta para intentar acercarnos. Hay otro conjunto de teorías o modelos de grado 2. Aquellos que sabemos que matemáticamente son consistentes, sabemos que hasta el momento sus predicciones son coherentes con los experimentos, pero que sabemos que son incompletos. De estas teorías sólo me atrevo a decir que hay un puñado muy pequeño. Por ejemplo, el modelo estandard de partículas y todas las teorías que lo conforman: la cromodinámica y la electrodinámica cuántica o la relatividad general. El modelo estandard de partículas y los modelos de fuerzas que le acompañan son muy resistentes a los intentos de asalto experimentales, han predicho partículas antes de que las detectáramos (y por eso andan bastante seguros en el LHC de que más tarde o temprano encontraremos el boson de Higgs) y sus predicciones cuantitativas adquieren un nivel de concordancia con el experimento increiblemente asombroso (hasta el momento y debido a las limitaciones de los aparatos de experimentación, estamos seguros en algunas variables que la concordancia entre teoría y la cifra real tienen una discrepancia como mínimo menor a una parte sobre 10^19). El problema es que estos modelos sabemos que son incompletos físicamente: por ejemplo el modelo estandard no incluye la gravedad, o de un cierto nivel inferior de predicción: el modelo estandard no predice que masas tienen las partículas elementales, por poner un ejemplo de la docena larga de variables que se definen por puro empirismo (hemos detectado el quark top y por eso sabemos su masa, el modelo estandard sólo predijo que existiría y que tendría una serie de variables pero no podía decirnos que valor exacto tendría su masa antes de encontrarlo). En este tipo de modelos sabemos que lo podemos aplicar en toda la física que conocemos excepto en aquellos lugares donde sabemos que son incompletos. Por último tenemos modelos que sabemos que son incorrectos, hay experimentos que han demostrado que sus predicciones no son correctas, pero que aún nos son útiles (por la simplicidad de cálculos o porqué para unas determinadas condiciones de partida sus predicciones aún siguen siendo útiles). Un ejemplo de ello es la gravedad newtoniana. Todo físico que se precie sabe que las ecuaciones newtonianas de la fuerza de la gravedad son falaces. La relatividad general es un modelo (incompleto) que nos es exacto (hasta el momento ) (sería una teoría de nivel 2), y que describe con mayor exactitud y rigor el fenómeno de la gravedad. Aún así la mayoría de cálculos sobre gravedad en astrofísica se sigue utilizando las ecuaciones newtonianas: los cálculos son más simples, y además las ecuaciones newtonianas y relativistas se parecen mucho a bajos niveles de masa y densidad (como en una galaxia, o como en la proximidad de cuerpos celestes normales no muy masivos). Las sondas espaciales son enviadas en trayectorias que calculan y predicen los movimientos de los cuerpos del sistema solar que utilizan las ecuaciones newtonianas… a pesar de que sabemos que formalmente son incorrectas, siguen siendo útiles. Ejemplos de estos los hay a patadas, y para un uso sencillo, casi todo lo que en Física llamamos “ley” es una ley de tercer nivel… algo que sabemos que es ley en un ámbito concreto. Un cuarto nivel son leyes empíricas, es decir herramientas de predicción que son útiles, aciertan pero que no están basadas en un modelo más profundo. Un ejemplo de ello es la ley de Hook, ley que se sigue utilizando para calcular la fuerza de retorno de muelles sin ningún problema. Es una ley inductiva y no deductiva (a pesar que algunas de estas leyes se han podido luego reformular pasados los años a través de métodos deductivos). Tanto el nivel 3 y 4 se rigen por el criterio de utilidad más que por el de “son veraces”. Un ejemplo lo podemos encontrar en la modelización de la capacidad calorífica de los sólidos rígidos. La capacidad calorífica (a volumen constante) nos relaciona la cantidad de energía térmica por unidad de masa que un sólido absorve con la cantidad de temperatura que gana. A diversos rangos de temperatura esta capacidad varía y evoluciona de forma distinta, en unos rangos de energía bajos prevalece la capacidad de los electrones atómicos de absorver energía térmica y el incremento de temperatura corresponde más a la absorción de energía por los electrones, a una temperatura algo mayor este papel lo juega las vibraciones moleculares, por ejemplo, y así sabemos que para poder describir como variará la capacidad calorífica según la energía que vayamos suministrando o retirando o con respecto a la temperatura tendremos hasta 4 modelos distintos que se aplican en fases distintas del material. En sistemas complejos donde hayan muchos fenómenos que interactúan a veces será más util utilizar un modelo u otro. Y dependerá del tipo de experimento que queramos hacer donde aplicaremos un modelo u otro dependiendo que fuerza prevalezca más.
¿Y todo esto? ¿como afecta al positivismo en las ciencias sociales?Es muy simple y haré una afirmación categórica que no puedo demostrar, pero que puedo argumentar. En ciencias sociales no podemos encontrar ninguna teoría de modelo 1 o 2. O al menos todos sus intentos han demostrado ser incorrectos. El modelo austríaco para la economía es un modelo 3 disfrazado de 1. Parece que todo se sostiene, es consistente matemática y lógicamente, intenta describir un “todo” en el ámbito de la economía y se basa en una serie de premisas que llegan de forma elegante y praxeológicamente a unas conclusiones. Lo triste de todo ello es que sabemos que sus conclusiones no concuerdan en miles de casos con los resultados experimentales (o sea históricos). Tenemos un bonito modelo que sabemos que es incorrecto para varias situaciones. Por poner un ejemplo, cuando se intenta analizar el efecto de aumentos de salario mínimo en algunos países con respecto al empleo, se demuestra que la predicción austríaca no siempre se dá y que posiblemente un modelo de “empleador monopsonista” sea más acertado para describir las relaciones laborales de trabajadores con habilidades normales (y no extremadamente excasos y por tanto con una capacidad de negociación más de “tú a tú” con el empleador). Aún así, comienza el problema, aún más grave, del relativismo con respecto al empirismo. Los modelos económicos utilizan mucho el “ceteris paribus” es decir “si ninguna otra variable se modifica”, algo que es una contradicción en ciencias sociales. No podemos esperar que una medida concreta (subir o bajar el salario mínimo) se produzca sin que en un plazo mínimo para poder cuantificar sus efectos reales, ninguna otra variable económica o social del mundo haya cambiado. Hoy California aumenta el salario mínimo en 10 centavos de $, sus efectos se tendrían que notar pasados unos meses en el nivel de contratación de los trabajadores de sueldos más bajos, pero como a la semana ha subido el petróleo un céntimo ya distorsiona la predicción austríaca que requería “ceteris paribus”. Mal rollo para los positivistas, porqué ya nos enfrentamos a que los teoricistas o más bien adeptos al relato (ya sea weberiano o hayekiano) nieguen que los experimentos o los resultados empíricos sirvan realmente como mecanismo de ratificación de los modelos. Aún así podemos romper un poco la trampa para poder seguir evolucionando. Le demos un valor a los datos empíricos para poder refutar modelos, lo que sí está claro, tanto para los que piensan postivistamente como para los adeptos al relato, es que exista o no un modelo de tipo 2 o 1, no puede ser aplicado de forma infalible, ya que o bien, estamos convencidos que es incorrecto en algunos casos porqué los datos empíricos así lo demuestran, o bien, nunca se encontrarán condiciones donde realmente las predicciones de tales modelos puedan funcionar al no cumplirse casi nunca el “ceteris paribus”. Es decir, a la práctica, existan o no los modelos 1 o 2 teóricos, estos no pueden ser tratados como tales, ya que la realidad social y económica lo impiden. Bien, entonces todos los modelos y “leyes de la gravedad” sociales son de tipo 3 o 4. O son leyes que sabemos que sus predicciones en algunos casos son incorrectas o son leyes que hemos inducido y son de aplicación casi unifenomenológica. Llego entonces a una conclusión demoledora, desde el positivismo y el racionalismo más puro, TODOS los modelos sociales y económicos han de responder al criterio de utilidad, y para determinados análisis utilizaremos uno u otro dependiendo de que su capacidad predictiva y su consonancia con los datos empíricos sea la mejor. Por eso, después de haber estudiado los salarios mínimos, las pérdidas y aumentos de empleo y haberme zampado algún que otro sesudo estudio de la OCDE me atrevo a decir que cuando el salario mínimo se encuentra por debajo de la mitad del salario medio de los trabajadores el modelo que mejor se aplica para predecir su efecto en el empleo es el de empleador monopsonista y por tanto aumentos pequeños del salario mínimo suelen estar acompañados de aumento de empleo, pero que a partir de un salario mínimo que supere la mitad del salario medio de un país el modelo de mercado perfecto se aplica y por tanto un mayor aumento del salario mínimo irá acompañado de destrucción de empleo. Esto es una conclusión refutable, pero desde el positivismo debería hacerse o bien con un modelo más completo que sea capaz de englobar las conclusiones a las que he llegado o refutar alguna de ellas con mejores datos (que puedan, por ejemplo eliminar “ruido estadístico” y acercarnos más a un análisis cumpliendo mejor el “ceteris paribus”). Así yo discrepo básicamente con la existencia de una llamada “ley de la gravedad” en las ciencias sociales, aún desde el positivismo más radical no se puede afirmar de esta manera. Podemos decir que hay “leyes de la gravedad restringida” y que la gracia está en poder definir donde se aplican unos modelos con mayor potencia predictiva y donde otros. Por tanto yendo al núcleo de la cuestión: el modelo del individualismo metodológico y la elección racional puede llevarnos a conclusiones y predicciones mucho más potentes para una serie de problemas de análisis social, y en cambio otros que incluyan factores de asimetría en la información, o que introduzcan el llamado “efecto del niño en la heladería” que añaden la irracionalidad en la toma de decisiones (algo que aparece hasta en artículos serios que estudian en casos reales el comportamiento humano en situaciones de “juegos” de la teoría de juegos, donde aspectos como la verguenza, el sentido de justicia, la generosidad, la envidia y muchos otros condicionamientos socioculturales o emocionales llevan a que la elección mayoritaria no sea la más racional), o que analicen un problema social más desde un punto de vista de identidad personal que contemple su relación con una identidad de grupo o nacional o de clase ayuden a predecir mejor ciertos comportamientos sociales. El método en sí, no es malo, el individualismo metodológico y la elección racional proviene de un modelo y que diversos modelos establecen métodos para analizar un problema social o económico determinado. Simplemente, desde el positivismo es escoger el que mejor predice para cada problema social. Yo mismo utilizo (sin fijarme demasiado) este método al analizar las organizaciones políticas en mi modelo mediócrata y en cambio me parece que los métodos de Bourdieu, McLuhan o Eco son más útiles para analizar la influencia de los mass-media en nuestra construcción simbólica de la realidad.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| jueves, 30 de octubre de 2008 | |
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