| Relaciones entre mercado y moral |
|
|
Citoyen me lanza desde su blog tres preguntas extraordinariamente interesantes, pero sobre las que cabe hacer un par de advertencias iniciales. En primer lugar, son ese tipo de preguntas para las que no existe una respuesta consensuada y sobre las que es difícil, si no imposible, llegar a una conclusión tajante, debido a la propia naturaleza de la pregunta. En segundo lugar, son ese tipo de preguntas para las cuales quienes se lanzan a responderlas dedican, por lo general, horas de divagaciones y de ingentes cantidades de texto donde, en realidad, no se aporta casi nada.
Yo, que no me he planteado aún hacer la tesis sobre esta cuestión y que por lo general huyo de los debates vacíos o que pueden derivar en cuestiones sobre el sexo de los ángeles, me atreveré a responder humildemente las tres cuestiones lanzadas de forma que cumpla así con la solicitud de mi amigo Citoyen. Las preguntas son las siguientes: ¿Afecta el sistema económico a la moralidad de la gente?, ¿En qué sentido lo hace? y ¿es eso algo que lo convierta en algo ilegítimo, o por el contrario, es un “mal necesario” para lograr otras cosas? Voy a partir de un ejemplo que puede servirnos. Imaginemos que Citoyen y yo somos alumnos de una misma clase en una facultad cualquiera. Somos buenos amigos y nos unen una serie de intereses comunes que nos mantienen más unidos que separados. La clase la imparte un profesor mediante un método "magistral" según el cual llega, da su charla, escuchamos y tomamos apuntes y al final del curso nos examina. Ahora supongamos que al año siguiente hay un cambio de método: a los educadores les parece que es necesario introducir incentivos al estudio a través de un sistema de puntos en clase que sea competitivo. El profesor ofrecerá unos cuantos puntos de clase al primero que consiga demostrar si el mercado influye sobre la conciencia de las personas, por ejemplo. En ese momento, Citoyen y yo hemos pasado de ser amigos no-enfrentados a una situación en la que seguimos siendo amigos, al menos en un principio, pero estamos enfrentados porque competimos por un objetivo concreto. La relación entre Citoyen y yo en este ejemplo ha varíado sustancialmente, como es lógico. Puede incluso que acabemos cayéndonos mal mutuamente como consecuencia de los contínuos roces que podemos tener mientras competimos. Pero, ¿qué ha modificado la naturaleza de nuestra relación? Obviamente, el cambio fundamental es la lógica del sistema subyacente, en este caso el método educativo. La nueva lógica impuesta tiene unos efectos perjudiciales, desde el punto de vista moral, que pueden (y seguramente lo hacen) acabar con las relaciones sociales. El antiguo método tenía una lógica sustancialmente distinta, y no trasladaba efectos a las relaciones sociales. Es decir, es el sistema subyacente, y más concretamente su lógica, el que determina los movimientos en los comportamientos en los individuos y, por ende, las interrelaciones entre ellos mismos y entre ellos y su entorno. Es lógico pensar, entonces, que el sistema económico sí afecta al comportamiento de los seres humanos. Me parece evidente. ¿Y cuál es la lógica del sistema económico actual, es decir, del capitalismo? Pues la necesidad de reproducir el proceso productivo a niveles cada vez mayores, es decir, la necesidad del crecimiento económico o, en la terminología marxista, de acumulación de capital. Y esto supone la existencia de un mercado de trabajo, para empezar, en el que los seres humanos acudan para servir de fuerza de trabajo en el proceso productivo. Mercado de trabajo donde, no se nos olvide, la naturaleza del ser humano se reduce a la de una simple mercancía que puede ser comprada y vendida. ¿Influye la existencia de este mercado en el comportamiento de las personas? ¿Alguien se atreve a negarlo? El mercado, incluso aunque fuese efectivamente libre, asigna su precio a las personas y determina en qué medida debe ésta integrarse en la sociedad. Esto supone, en un primer momento, dar por hecho que el mercado se encuentra en una relación de dominación ante la sociedad o, dicho de otra forma, que es la sociedad la que sirve al mercado y no al revés. El ser humano acude al mercado de trabajo movido por la necesidad, para evitar la muerte, y compite ante otros como él por ser aquel que sobreviva o viva en mejores condiciones. El ser humano no es, por lo tanto, efectivamente libre: se le ha asignado una función en la vida y se le han reducido los márgenes en los que se mueve. Está inmerso dentro de la lógica del sistema y tiene una función dentro del mismo. ¿Podría ser de otra forma? Los trabajos de K.Polanyi revelan que efectivamente ya fue de otra forma en sociedades pasadas. El mercado no ha existido siempre, sino que ha sido una creación artificial que en su expansión hizo esclava a la sociedad misma. Antes de ese momento histórico, las personas estaban sujetas a un sistema con una lógica distinta y, por lo tanto, se comportaban de formas también distintas. Si es bueno o malo me parece una discusión más bien puramente moral. Habrá a quien le parezca bien que la gente ande todos los días compitiendo por un trabajo basura (sobre todo si eso les proporciona jugosos beneficios), y otros que pensaremos que es preferible una sociedad regida por reglas diferentes (una lógica distinta) y en las que el espacio que ocupemos en la sociedad no venga dictado por las exigencias del capital.
|
Ningún comentario guardado
mXcomment 1.0.3 © 2007-2012 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 18 de noviembre de 2008 | |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
RSS









