| Construyendo el Amor |
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Contestación corta: No. Y ahora la explicación. Punset, en uno de sus maravillosos libros de divulgación llamado “El Viaje al Amor”, ya dijo del amor que “Tiene 3.000 millones de años y surgió en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía sobrevivir sola“. El amor es, antes que nada, biología. Y, de lo que queda, psicología. Ni el romanticismo ni ninguna corriente literaria pudo inventarse el amor. Éste ya existía, pero no era, como dice bien el profesor de Citoyen, un requisito para casarse. La gente sentía amor de todos modos, pero la relación necesaria entre “casarse” y “enamorarse” no existía. Pero éste existía. ¿Cómo saberlo? Olvidemos por un momento a los biólogos, neurólogos y antropólogos (que demuestran en sus campos que esta emoción existió hasta donde tenemos conocimiento). Desde los primeros textos escritos tenemos testimonios de relaciones amorosas, de romances, de ansiedad cuando no está el ser querido, de celos, de pasión y de atracciones fatales. Los que escribieron los dramas de la Grecia Clásica, los trovadores de la Edad Media, los samurais japoneses, todos ellos sintieron amor. Lo que cambiaron los románticos era la conexión amor-matrimonio. Cambiaron la capa psicológica-cultural-sociológica del amor (el que tuvieras que sentir eso por alguien con el que casarte), pero no lo biológico, que es el núcleo. Aunque lo dicho vale sólo para el Amor. ¿Puede aplicarse a otros sentimientos trascendentes, como el odio? Por supuesto. Los fascistas no crearon el odio a principios del siglo XX, tan sólo asociaron un sentimiento universal a unos estímulos dados (judíos, homosexuales, liberales e izquierdosos, etc). ¿Cambiaron lo que es el sentimiento del Odio, con sus circuitos cerebrales y sus reacciones fisiológicas? No, centraron ese sentimiento en unos objetivos precisos y lo avivaron, pero no inventaron nada que no existiera previamente. ¿Puede la literatura crear sentimientos? No. Puede, en el mejor de los casos, asociar unas emociones existentes a nuevos objetos. Puede aumentar la intensidad de dichas emociones (el nacionalismo, por ejemplo, podría pensarse como una sofisticación del sentimiento de territorialidad). Pueden cambiar conductas específicas relativas al sentimiento (no ligan igual las mujeres de 15 años en los años 50 que a principios del siglo XXI), pero incluso en ésto hay factores que dificultan la asociación de determinados estímulos a determinados sentimientos, ya que no somos tablas rasas (asociar la emoción “Miedo” a las aceitunas es más complicado que asociar “Miedo” a las alturas).
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| Escrito por Raúl Sánchez (Lüzbel) | |
| martes, 18 de noviembre de 2008 | |
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