En lugar de indicar un cambio que hiciera eficientes los sistemas de producción y la reducción de costes, él ataca el asunto concreto que explica el propio ejercicio de innovar en maquinaria durante la era industrial. La realidad era mucho más triste. En la época, Inglaterra tenía el coste de mano de obra más alto de Europa, de modo que era incapaz de competir con las empresas extranjeras y le impedía tener un crecimiento económico razonable. Esa necesidad obligo a pensar. Ese pensamiento acunó una nueva fórmula productiva y con ella un nuevo sistema económico, social e incluso político. Podemos extrapolar esta idea de la necesidad que obliga al hombre a innovar.
La crisis se está desplegando con severidad, la recesión es inevitable y a la vuelta de la esquina está la más temible de las situaciones, la deflación y con ella la parada técnica de la economía. Ahora que el dinero es un bien natural y no un elemento práctico para la compra, el valor ya no se da por el interés de las cosas si no por la producción de las mismas. El sentido del patrimonio ha cambiado y con ello el paradigma económico también cambiará. Esa crisis sistémica es la mayor de las oportunidades que hemos tenido en los últimos dos siglos para establecer nuevos modelos de negocio, nuevos sistemas de relación financiera, nuevos vínculos entre empresa y gobierno, nuevas estrategias mucho más justas y, en definitiva, una nueva generación de ideas que fuercen los cambios imprescindibles que este mundo precisa.
Obviamente esto no deja de ser un deseo, pero nunca habíamos estado tan cerca de lo inevitable. Se pongan como se pongan en Washington, en Madrid o en Tombuctú, las medidas adoptadas en los últimos días, los rescates de los últimos meses y los llantos de las próximas semanas, no van a ser más que fotografías con tono sepia, lo bueno está por diseñarse, las respuestas por encontrarse y el camino por trazar. Confio todavía que seremos capaces, como sociedad civil o como clase emprendedora, pero aun quedan opciones. Al que me llame pesimista lo acribillo a ideas, al que me llame optimista lo silencio eternamente con datos objetivos que cada vez nos tocan a más gente y de más cerca. Hoy lo explicaré en el Nodus.