| El eterno retorno de los animal spirits |
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La principal diferencia que existe entre los economistas más liberales y los que somos más intervencionistas, es esencialmente una cuestión de optimismo. Obviamente, ese optimismo o pesimismo puede estar más o menos informado y para eso tenemos los instrumentos empíricos y hay cosas que son más o menos ciertas que otras, pero incluso con todos los datos encima de la mesa siempre queda un lugar para la interpretación y ahí es dónde aparece el optimista.
Publicado originalmente en La Ley de la Gravedad Algo que diferencia por ejemplo a alguien como Kantor y a mí no es un problema de método, ni filosófico, sino una diferencia de optimismo. Dónde él ve un sistema descentralizado que funciona de forma relativamente limpia y eficiente, yo el riesgo de un zillón de fallos de coordinación, desequilibrios, problemas de información asimétrica y gente apostando con vidas ajenas. Es decir, aunque suscribo el contenido de este artículo, casi al 100%, no suscribo el tono optimista en absoluto. En el caso del sistema financiero, algo que nos separa a los economistas clásicos y neokeynesianos son los prejuicios respecto a la inteligencia de los inversores. Keynes creía que el sistema financiero funcionaba de forma relativamente desconectada de la realidad y que los inversores se guiaban más por sus prejuicios, su instinto, etc que por las variables reales. Al contrario, que los economistas clásico, Keynes no pensaba que la rentabilidad real de las inversiones fuera el determinante principal de éstas, sino que lo atribuía a cosas como el “humor”, el ánimo, y otras variables psicológicas que formaban las expectativas respecto del futuro. Lo que él llamaba los “Animal spirits”. Es decir, el sistema financiero no funcionaba de forma muy distinta a como lo haría un casino. La idea de los animal spirits era probablemente bastante más cierta en tiempos de Keynes de lo que es ahora. Hoy el sistema financiero funciona de forma bastante más técnica, requiere controlar la estadística, las matemáticas financieras, etc… y está lejos de ser sólo una especie de casino. Hay reglas relativamente objetivas para evaluar el riesgo y la rentabilidad de una inversión y aunque sabemos que hay inversores que consultan a adivinos y echadoras de cartas, no se trata de la regla. Aún así, los animal spirits se resisten a desaparecer del panorama. Concretamente, hay bastante base empírica que detecta ciclos de irracionalidad (sentido normativo, es decir como “inteligencia”) en el comportamiento de los inversores y la Nueva Economía Keynesiana ha detectado que conjuntos pequeños de irracionalidad que son despreciables a nivel individual pueden crear efectos agregados considerables. De eso precisamente va el último libro de Georges Akerlof y Robert Shiller. (paper fantástico aquí) Un “animal spirit” muy importante es lo que se suele llamar la “confianza”. El problema de la confianza tiene dos lados uno “real” y otro “informacional”. El real consiste en que, muy a menudo, la rentabilidad-real- de la acción de un individuo depende del comportamiento de otros agentes. Así es como funciona un pánico bancario: como el banco sólo tiene una pequeña cantidad de sus depósitos en caja-el resto está invertido- si todos retiramos nuestro dinero habrá inevitablemente gente que no conseguirá su dinero. Si uno sabe que los demás van a retirar su dinero, es de hecho racional ir a retirarlo- liquidar tus inversiones es un Equilibrio de Nash. De forma más general, la rentabilidad de una empresa depende en buena medida de su acceso al crédito-como general motors-y que haya crédito depende en buena medida de la rentabilidad. Si todo el mundo piensa que el crédito va a seguir restringido, entonces el hecho llegará a ser una profecía autocumplida. Esto es lo que llamamos un “problema de cooperación”; cuando es rentable hacer algo siempre que los demás también lo hagan. Otra forma de confianza es que las expectativas se forman, hasta cierto punto, basándose en la observación de lo que hacen los demás. Por ejemplo si yo veo que todo el mundo compra casas, incluido gente muy lista e inteligente, entonces es bastante racional por mi parte pensar comprar casas es de hecho un buen negocio. Si todo el mundo piensa igual, entonces tendremos una bonita burbuja de especulación. No sé si conocéis esa viñeta con una fila enorme de gente dónde cuando les preguntan a dónde van todos dicen “yo sigo a este señor” y cuando le preguntan al primero responde ” a mí me empujan estos señores”. ¿Qué está ocurriendo ahora? Básicamente, los animal spirits- el pesimismo de los inversores- no están jugando una mala pasada. Los inversores no leyeron los tips de supervivencia para jugar en los mercados financieros y ahora se encuentran poseídos por los animal spirits. Es como si durante la posguerra mundial hubieran decidido meterlos allá dentro del vórtice y ahora alguien hubiera abierto el sello que los encerraba. O eso es al menos lo que piensan Robert Shiller y Jeffrey Sachs. La gente no termina de tener claro lo que está pasando, así que se limitan a imitarse mutuamente “Oh, mira, los de morgan stanley se han retirado de aquí, deben saber algo que nosotros no sabemos y debe ser realmente grave, vende vende” (este es el problema “no real”).Por otro lado, todos saben que cuando todo el mundo es pesimista, lo más racional es ser pesimista: “general motors no saldrá adelante sin crédito, así que mientras el crédito no se restaure es mejor no prestarles porque la inversión no será rentable” Sin embargo, si no les prestan, el crédito no se restaurará. Además, este efecto produce un “feedback”, si todo el mundo es pesimista, las cosas irán mal y la gente tenderá a pensar que no estaban siendo suficientemente pesimistas. La imagen que mejor describe la situación actual es la de uno de esos portales bonitos que solíamos ver egócrata y yo en nuestras partidas de la llamada de Ctulhu dónde tu amigo, después de fallar la tirada de cordura, ha puesto los ojos en blanco, te amenaza con una pistola mientras recita el cántico que seguirá trayendo calamares asesinos a nuestro mundo. Además, Kantor nos explicaba que la generación de inversores que ha montado esto tenía poca cultura histórica- no sabía que todo podía explotar en cualquier momento- de forma que es probable que crean que la historia se va a repetir y han corrido a leer esos libros tan bonitos sobre la gran depresión en busca de inspiración lo que obviamente no realzará su optimismo- algo equivalente en la llamada de Cthulhu a buscar la solución en ese libro antiguo que perteneció a la secta maldita del sol naciente. ¿En qué consiste una buena política pública en esta situación?. Uno de los problemas de los animal spirits es que de momento no sabemos realmente como funcionan. Si alguien os dice que sí sabe como funcionan, no le hagáis caso: os miente. Nadie sabe como volver a meter a la gran sepia en su ultradimensión después de que el sello se haya roto. Los animal spirits son el resultado de un montón de gente tomando decisiones en situaciones cuasi-histéricas con un grado enorme de incertidumbre y entender cómo ocurre esto es un papel para la psiquiatría, no para la macroeconomía porque cada individuo es distinto pero la demanda agregada es común. Los que hemos pasado nuestra adolescencia jugando a la llamada de Chtulhu rol hemos aprendido que este tipo de cosas se solucionan con dinamita.
Es decir, sabemos que cuando tu amigo pone lso ojos en blanco y empieza a recitar los cánticos es mejor que dejes de pensar que es tu amigo y que hay alguna forma de salvarlo. En este caso las cosas de niñas sería lo que los economistas llamamos “dejar jugar los estabilizadores automáticos”. Como el problema no es uno “real” sino de optimismo, es poco probable que sentarse a un lado a mirar lo que ocurre mande a los animal spirits de vuelta a su mundo. Tampoco usar la política monetaria de forma agresiva parece que vaya a funcionar (leed el enlace, da bastante miedo pero es muy bueno). Uno de los problemas de la política monetaria es que depende de una caja negra que llamamos “mecanismo de transmisión monetaria“; es decir, de que los agentes financieros aprovechen el dinero barato para invertir, algo de lo que sabemos realmente poco. Pero si los inversores siguen con los ojos en blanco en posición fetal en un rincón como si fueran zombies por el efecto de los animal spirits, entonces hay obviamente un problema. Y tampoco funcionarán estímulos de niñas como “bajar los impuestos” por las mismas razones: cuando la gente está acojonada, lo último que uno puede esperar es que gasten más dinero cuando les bajes los impuestos. Volvemos pues a la dinamita. Kantor me explicó en una ocasión que Keynes decía que la mejor política pública sería que el Estado mandara enterrar cantidades enormes de dinero en el bosque y dejar que la gente los buscara para desenterrarlos, eso probablemente llevaría la economía al pleno empleo y restablecería el optimismo. La dinamita debería ser algo por el estilo aunque algo mejor pensado, claro. Los gobiernos deben hacer algo suficientemente absurdo, novedoso e imprevisible para conseguir restaurar su credibilidad y que a la vez alivie un poco el panorama. Uno de los problemas es que no es cada gobierno individual el que tiene que lograr cerrar su vórtice; son todos los gobiernos del mundo. La confianza de los inversores de cada país depende de la confianza de los inversores en el resto del mundo. Por eso, que en la pasada cumbre no llegaran a un acuerdo claro sobre qué iban a hacer y le dieran un mandato sensato al FMI para resolverlo fue una muy mala idea. Los gobiernos deben salir ahí fuera y explicar a los inversores que están dispuestos a elevar el gasto público de forma casi ilimitada para sostener la demanda agregada y que si los mercados no compran las producción, lo hará el Estado. Jeffrey Sachs puede tener su oportunidad para sus programas faraónicos de acabar con la pobreza. Y sobre todo, es imprescindible que sepan venderlo: no solo por razones políticas-que también- sino porque lo importante no es sólo el gasto en sí, es meter a los animal spirits de vuelta en el vórtice y para eso hace falta ser creíble. Repito, no cosas de niñas como granadas-o inversión por goeto: dinamita, solución nuclear, la madre de todos los estímulos fiscales, el equivalente fiscal a la Ascensión y la Gehenna juntos. Post dedicado a Egócrata (ahora miembro en lorem ipsum)y Luzbel, porque ambos saben que habernos gastado nuestros ahorros de adolescentes en cuchitriles decorados con fotos de manga y habernos aprendido la genealogía de la casa de Gondor no era un gasto inútil, era una inversión.
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| Escrito por Citoyen | |
| lunes, 01 de diciembre de 2008 | |
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