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Los aparatos políticos están diseñados para absorber la libertad y la voluntad que están en el inicio de cualquier activista convencido -no en un heredero regio indiferente a su destino-, reintegrando sus impulsos y su indomabilidad inicial en la fuente del partido. Los gobiernos están diseñados para absorber esto de los candidatos -ya saben, el denominado síndrome de la Moncloa-
De ahí que en la historia de los reyes, políticos y dirigentes haya pasado tanta gente sin pena ni gloria. Anularon su capacidad de decisión para adaptarse y seguir en el ciclo. Digamos que soy bastante consecuencialista en la teoría ética. No soy un espíritu puro ni pretendo serlo. Eso para los buenos de la humanidad que tanto miedo me dan. Digamos que prefiero las éticas que se reajustan según las consecuencias, que las que prefieren su reajuste a nivel lógico -las de principios- En la medida que no creo que el lenguaje natural sea una herramienta demasiado perfecta para describir pequeñas instrucciones lógicas -al contrario, el lenguaje natural se vuelve potente y descriptivo cuando es abundante e interconecta diferentes entornos: las buenas novelas, esas que no se pueden leer en el metro, los buenos ensayos o los buenos debates, no los que echan por la tele- Soy consecuencialista porque creo que hay que someter todo a pruebas con el entorno y de ahí modificar -cual ISO 9001- Pero existe una diferencia entre el consecuencialismo como teoría general y las personas que adaptan sus principios según el beneficio inmediato de las circunstancias. El consecuencialismo admite que una doctrina política como el socialismo se adapte a la realidad para mantener relaciones de justicia, dignidad, libertad, etc. entre las personas. Admite -con razones- pasar de un núcleo duro ético de Pablo Iglesias, que rechazaba cualquier acercamiento al republicanismo, a un liberalismo de izquierdas -a lo anglosajón- de Zapatero o Solbes. Pero el consecuencialismo no es nunca una justificación de la superviviencia política de un político. O de su escalada. Hay un punto donde uno debe mantenerse en sus principios en la medida que “fluctuar” elimina la confianza que los demás pueden tener en ti. Volviendo el sistema caótico, al no poder ninguno de los agentes predecir -confiar- en el resto: si todo el mundo va cambiando de principios según sus intereses inmediatos, nadie es predecible más allá de dos o tres movimientos, salvo en una cosa: que no es de fiar. Entonces ¿Adaptarse con lo que venga o aislarse y salir del juego? Pues como aristotélicos que también somos, ni una ni otra. Adaptarse sólo cuando eso sea un paso en la consecución de los objetivos y no sólo sea sólo supervivencia, ambición o pajas mentales. Al fin y al cabo, como saben los buenos guionistas de Hollywood, en las decisiones se muestran las personas. Y nada dice que tengan que ser fáciles. PS: El diálogo del arquitecto se puede retrotraer hasta Hesiodo, con los trabajos y los días. Y como bien sabía el griego, y como inconscientemente de este relato, me decía nuestro antiguo secretario general de Torrejón, esto es un ciclo y quien sepa mirar sabe en que edad del hombre -en que ciclo- nos encontramos y que tipo de decisiones hay que tomar. PS2: Los antropólogos en vez de irse a ver tribus extrañas, aldeas gallegas o bandas urbanas de Nueva York, deberían adentrarse en los partidos políticos -o en las multinacionales- Se aprende mucho de las personas y muy deprisa -en la medida que no se pueden posponer las decisiones como en la propia vida- PS3: Hay algo peor que un político integrado definitivamente en el sistema: alguien que pretende destruirlo o homogeneizarlo con su imagen -con su dominio- El Agente Smith. Esos que para pasar a la historia se juegan la vida del resto de sus conciudadanos llevándoles a la guerra. PS4: Las organizaciones políticas juveniles actúan de la misma forma. Pero si cabe con consecuencias más catastróficas: anulan en casi todos su capacidad de decisión bajo unos valores para que estas se tomen bajo los parámetros de partido, justo en el momento que menos ataduras y deudas personales se podrían tener. Justo en el momento que menos ataduras tendrían que tener para cuestionarse tantas cosas que se dan por hecho. De ahí que prefiera las organizaciones políticas norteamericanas en cuanto activismo político joven. De ahí el: Hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar.
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