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Ayer vuelvo a leer en el País una referencia sobre el genocidio y la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Quizás sorprenda la afirmación anterior pero considero que a las cosas, a los hechos, hay que nombrarlos por su nombre. De acuerdo, podrán decir algún ilustrado, el nombre no hace la cosa. Pero lo que está sucediendo en el Sáhara si se compara con los otros genocidios y ocupaciones adquiere el mismo significado.
Pobre Sáhara, pequeña tierra, desértica tierra olvidada por el mundo. Tierra que no quiso una decadente y absurda colonial España. Tierra deseada por Mauritania, la cual se retiro al ser derrotada por el Frente Polisario, y Marruecos. La historia sigue, se repite: un pueblo en lucha frente a un invasor mucho más fuerte que utiliza su fuerza para aniquilar las ansias del mismo por ser libres y las vidas de sus gentes. La semana pasada dos jóvenes saharauis murieron y otros cinco resultaron heridos en un enfrentamiento desigual con las fuerzas del orden público marroquinas en la estación de Agadir. Más de lo mismo y lleva sucediendo más de treinta años. La violencia física es ejercida de forma muy directa y obvia, como la narrada anteriormente o la silente y constante producida en los campos de refugiados. Lo más triste es que aún quedan ciudadanos europeos que consideran al Frente Polisario, (movimiento político y militar rebelde que lucha por la independencia de su país como antes sucedió en todos los países colonizados) como terroristas. Hay que ser absolutamente cínico para considerar terroristas a quienes luchan con fuerza desigual frente a un destino que los aboca al exterminio. La conjunción de la brutalidad marroquí, junto con el desentendimiento del mundo es barra libre para la barbarie. Si alguien duda sobre lo expuesto, transcribo el sexto párrafo del informe dirigido al Presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fechado el 29 de Enero de 2002 (documento S/2002/161): El 14 de noviembre de 1975 España, Marruecos y Mauritania emitieron en Madrid una declaración de principios sobre el Sahara Occidental (el “Acuerdo de Madrid”), con arreglo al cual las facultades y responsabilidades de España como Potencia administradora del Territorio, se transfirieron a una administración temporal tripartita. El Acuerdo de Madrid no transfirió la soberanía sobre el Territorio ni confirió a ninguno de los signatarios la condición de Potencia administradora, condición que España, por sí sola, no podía haber transferido unilateralmente. La transferencia de la autoridad administrativa sobre el Territorio a Marruecos y Mauritania en 1975 no afectó la condición internacional del Sahara Occidental como Territorio no autónomo. Marruecos contó con el beneplácito de los Estados Unidos para ocupar el Sáhara Occidental. Quizás ahora los Estados Unidos con Obama y una Europa responsable podrían presionar primero para garantizar los Derechos Humanos en esta zona. Una vez garantizados, abordar el derecho de los saharauis de decidir sobre su futuro. España y Europa están en deuda con está nación ocupada. Es pobre, son pocos como un grano de arena en el desierto. Pero sus voces no claman inútilmente por el desierto. Garantizar los derechos políticos de este pueblo será un homenaje a la democracia.
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