| La maldición de la política industrial |
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![]() Un último comentario sobre Detroit y sus cochecitos; prometo no dar demasiado más la tabarra ahora que parece que el Congreso va a rescatar esos gandules un ratito (estos 15.000 millones no les durarán demasiado). El sector del automóvil tiene un problema grave de exceso de capacidad a nivel mundial. Hay demasiados productores de coches para el nivel de demanda presente y (probablemente) futuro; sea por la crisis, sea por el precio de los hidrocarburos, el mundo tenderá a comprar menos en las décadas venideras. Los defensores del libre mercado dicen, con toda la razón del mundo, que lo racional sería dejar que el mercado liquidara ese exceso de capacidad, sacándose de encima todas esas fábricas y trabajadores que están haciendo trastos inútiles. Los inversores ya descubrirán que ahora toca fabricar trenes, y ya reasignarán recursos. Ahora imaginemos un mundo con dos países, cada uno con su fábrica de coches con capacidad para fabricar un millon de coches. Resulta que el petróleo anda carísimo, y la demanda total en este pequeño planeta es de un millón y medio. Las dos fábricas están en crisis, produciendo 250.000 coches más de la cuenta, y las dos piden ayuda a sus respectivos gobiernos. ¿Qué deben hacer? Si nadie ayuda a los fabricantes, los dos se irán a la bancarrota. Los accionistas perderán dinero, las empresas se reestructurarán para producir menos, y los dos acabarán sacando 750.000 coches al año. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla: el gobernante de Poldavia, uno de los países, sabe que el otro gobernante es un amante del libre mercado y que no piensa hacer nada por sus fábricas. El sabio líder Poldavo decide dar dinero a su gloriosa factoría, haciendo que pueda competir de forma agresiva y sacar a su competidor del mercado a patadas. Gracias a su brillante estrategia, Poldavia tiene el monopolio de la fabricación de coches, ha humillado a sus rivales, y puede decir orgullosa que todo lo que rueda es Poldavo. Pequeño problema: es bastante probable que el vecino de Poldavia llegue a la misma conclusión. Anticipando las ayudas públicas poldavas, los enemigos de la poldavez contratacarán con otra subvención. Mira qué listos somos, nos vamos a quedar con un monopolio. Antes que nadie se pare a pensar, tenemos dos países tirando dinero a espuertas en empresas que van a perder dinero eternamente. Bonita maldición la de la política industrial: es racional para todos, no favorece a nadie. Acostumbraos a la idea de tirar dinero subvencionando fábricas: todos los fabricantes cuentan la misma historia, y todos los políticos saben que la decisión racional es subvencionar; es, como de costumbre, un dilema del prisionero. A largo plazo la teoría dice que en un juego repetido en el tiempo veremos algo que se parezca a cooperación en estos casos. En el planeta tierra, esto en teoría se le llama “Organización Mundial del Comercio, por cierto. No funciona demasiado bien.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| jueves, 11 de diciembre de 2008 | |
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