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domingo, 12 de febrero de 2012
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La distorsión de lo que es un experto y lo que no lo es en las ciencias formales Imprimir E-Mail
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ImageLas ciencias duras adolecen de un fallo: no están pensado su método para comunicarse con la inmensa mayoría de la población. Los científicos que más saben en una materia principalmente escriben, comunican y piensan en otros científicos, expertos como ellos, en la misma materia. Esto provoca que el 99% de los hallazgos y artículos científicos queden fuera de cualquier medio de comunicación, y que en los mass-media y la sociedad consideremos expertos a personas que en su esfera de conocimiento no lo son.

cientificolocoEsa práctica es buena, hace de ese campo social un Campo con sus propias reglas, donde los expertos no se ven sometidos a ciertas reglas externas como “las audiencias” o “el mercado”. Es verdad que no es un Campo aislado y que además los científicos como todo ser humano están sometidos a sus intereses particulares, a sus fallos, a sus emociones y por tanto no todo lo que produce ese Campo siempre sea correcto o esté exento de fallos o de errores.

¿Pero porqué la ciencia trabaja de esta manera? ¿porqué los científicos escriben principalmente sólo para científicos expertos en esa materia? ¿No sería mejor que la ciencia fuera más abierta y escribiera para el conjunto de la población antes que para su ámbito minúsculo de expertos?. Puede parecer a priori que es bueno el que los científicos expongan sus artículos primero a la sociedad o en un plano de igualdad a esta sociedad en lugar de a sus colegas expertos. Yo creo que eso sería un error y nos llevaría una situación de “ciencia pop” donde la verdadera “expertise” dejaría de valorarse y triunfaría aquél científico que comunicara mejor, no aquél que tuviera mayor perspicacia, capacidad investigadora y realmente creara luz en su campo de conocimiento.

El investigador serio intenta publicar en las revistas indexadas de su ámbito de conocimiento. Estas revistas indexadas las leen pocas personas, el Physical Review B, por ejemplo, tiene menor tirada que el New York Times, y además de una determinada especialidad, los que van más allá del “Abstract” del artículo y se lo leen complétamente, en la mayoría de casos no supera uno o dos centenares en todo el mundo. Bien, el investigador conoce que ha de publicar para ese corto número de científicos y que además se ha de adaptar a los criterios de los que realizan las revisiones de cada revista indexada, que son unos pocos entre ese selecto número de lectores posibles, que analizan la calidad científica de lo mostrado y estudian si el artículo o la investigación es relevante, aporta algo nuevo y está en forma correcta.

Puede parecer un sistema academicista, donde una autoridad decide que se publica y que no, y donde el prestigio personal del autor premia más que la calidad de cada publicación. En parte es cierto, se forman camarillas, los articulistas se citan entre ellos para conseguir “citas” y por tanto poder conseguir mejores subvenciones de las universidades, etc. Además si el autor no tiene referencias científicas detrás el que pueda publicar en una revista indexada es un reto complicado.

Aún así, hay puertas más sencillas. No todas las revistas indexadas son tan herméticas a articulistas algo más heterodoxos. El Physical Letters por ejemplo es una revista indexada de segundo nivel, lo que allí se publica no es la punta de lanza de la investigación, y no necesariamente sólo publican doctores en Física (de hecho hay algún artículo publicado por estudiantes de grado de Física, aún no licenciados), pero sí que tiene cierto interés científico y los artículos tienen cierta calidad. El hecho de poder ir introduciéndose en el “mundillo” a través de estas publicaciones de prestigio, sometidas también a “Peer-Review” pero con un grado menor de exigencia, ayuda a que investigadores puedan entrar y ganarse un currículum. Otra forma también sencilla es participando con aportaciones a Congresos (científicos, claro) que incluyan determinadas investigaciones en el debate con los “pares” que toman en consideración las investigaciones y estudios que se les hace llegar.

Pero el sistema, hay que reconocerlo, no está exento de problemas humanos ajenos a la ciencia. Hay clientelismo, hay amiguismo y hay también prejuicios y errores humanos. Pero tiene una virtud… a largo plazo funciona mejor que ningún otro. Un artículo publicado aunque sea de un tipo extraordinariamente prestigioso si está lleno de fallos o comete un fraude, o tiene errores de bulto será trinchado por sus compañeros y mostrado como erróneo. Ha ocurrido en casos muy sonados como el de la Fusión fría, pero también y casi a diario los artículos nuevos refutan fallos y errores de los anteriores, o los amplifican. El hecho de que el Peer-Review obliga a que los artículos pasen una criba entre expertos de la materia elimina mucha paja, evita que la comunidad científica en su conjunto tenga que tratar nuevamente con fallos ya conocidos. Al Physical Review y al Letters les llega a diario artículos con supuestos descubrimientos hechos por personas que creen haber descubierto el móbil perpétuo o un fallo grave en la relatividad general por parte de personas que carecen, por ejemplo, de conocimientos en cálculo vectorial o una formación rudimentaria en termodinámica.

Es verdad que existe la posibilidad no nula de que un artículo en apariencia muy alocado pueda contener una idea interesante e innovadora para la ciencia, y que un comité de Peer-Review muy duro pueda dejarla fuera. Pero también hay que decir que por cada idea innovadora con apariencia de alocada hay miles de ideas locas y sin sentido, errores por falta de conocimientos, fallos graves, o simplemente repeticiones sin valor científico, tautologías, argumentos fallidos, errores de cálculo, errores lógicos y completas tonterías que el Peer-Review evita que generen ruido en el trabajo de los científicos.

Además el criterio del “Peer-Review” hace que lo que tiene que ser relevante en ciencia tenga lo obligación de exponerse al conjunto de expertos, precisamente esos pocos centenares, que a nivel mundial son los que más dominan y saben de una determinada materia para que el conocimiento sea también utilizado por ellos y como no, expuesto para ser criticado, analizado, refutado o incluído en futuras investigaciones de estos científicos. El decir que en ciencia lo que no es publicado bajo “Peer-Review” no tiene ningún valor tal vez no es justo, pero sí que es cierto que lo que no es publicado bajo “Peer-Review” no tiene ninguna utilidad, visibilidad ni está a manos de la comunidad científica para ser utilizado, transformado o puesto en consideración. El que un artículo científico se publique en un períodico local, en un blog, en una revista electrónica de divulgación, tiene el interés que tiene, pero no el valor científico.

 

 

Imaginémonos un mundo sin “Peer-Review” donde cada uno según su criterio se autodenomina experto en base a que “sabe mucho de una materia” sin tener que cotejarlo con ningún colega. Es más aparecerían grupúsculos de “colegas expertos” que no se conocen entre ellos, un remedo de lo que ocurría en esa ciencia pseudo-amateur de los academicistas de la edad media, donde la difusión del conocimiento era lenta y árdua.

 

Un mundo sin “Peer-Review” tendría otras alternativas para decidir lo que es científicamente relevante, describo algunas de ellas, ya que si el Peer Review no nos gusta, tendremos que establecer algún criterio para definir lo que es científicamente relevante o no.

 

  • Lone Wolfs” o “es experto aquél que se define como tal y convence a terceros de que lo es”. Un poco es lo que ocurría en la época premoderna y en las sociedades agrarias. El que conseguía el monopolio del simbolismo sobre lo que es “ciencia” asumía el poder de definir lo que era ciencia o lo que no era. En este caso el chamanismo, las teocracias, etc. son ejemplos de adonde nos puede llevar este sistema de construcción del conocimiento. Un aspecto importante es que a pesar de que tenemos una ciencia seria bien organizada, hoy en día cualquier zumbado puede atraer un grupo de incautos a su vera y hacerles creer que es un verdadero científico. Conozco un empresario chileno que a base de talonario ha convencido a la universidad católica de Santiago para que él ejerciera de conferenciante en su universidad para intentar convencer que las ecuaciones de la gravitación universal son incorrectas… basado en un fallo tan garrafal como el carecer de conocimientos de cálculo vectorial y aplicar ecuaciones de dinámica de fluidos lineales a un sistema tridimensional. Grácias a dios, existe el Peer-Review porqué tipos así, con su influencia social podrían conseguir alterar los libros con los que estudian los estudiantes de primer ciclo de Física. Esto ocurre sobretodo en ciencias sociales: desde todólogos que los mass-media eleban a politólogos, pasando por supuestos expertos en márketing que no conocen lo que es la pirámide de Maslow.

  • Escolástica. O sea, basarse en un “libro”, o conjunto de sabios del pasado y ceñirse a lo que han escrito ellos para adecuar toda investigación y estudio. O sea, conncordar con lo que hayan dicho esas personas o esté escrito este libro. Gran parte de la ciencia de la edad media (aunque no toda) estaba basada en el estudio de los clásicos (Aristóteles, Platón, San Agustín) y todo conocimiento que salía de lo que estos filósofos afirmaban era heterodoxia que no debía ser tomada en cuenta. El concepto “experimento” tiene poco peso y menos aún la falsación y la comprobación de cualquier modelo, si Aristóteles había dicho que un móbil se desplazaba siempre a la misma velocidad mientras mantuviera el impetus y que se frenaba en seco cuando lo perdía era absurdo medir la velocidad de desplazamiento de una piedra de catapulta. Puede parecernos un sistema arcaico pero hoy en día hay quien se empecina en que se enseñe en las escuelas el creacionismo o intenta adecuar los hallazgos en biología al mal llamado “creacionismo científico”. Incluso en la muy atea Unión Soviética se eliminaron los conocimientos de agricultura que no concordaban con las tesis del marxismo, llegando al paroxismo y a la hambruna durante años. No nos durmamos, los teocons y demás fanáticos están a la vuelta de la esquina.

  • Las academias” aisladas. O sea, un “Peer-Review” pero cada uno se adscribe a la academica de las ciencias que le quede geográfica o sociológicamente más cercana. Un aislamiento de los conocimientos, e incluso una dispersión de criterios de lo que es científicamente relevante de lo que no. Una “escuela” puede considerar científicamente válido cualquier artículo que esté realizado sin conocimientos serios de la materia pero basado en “la verdad del pueblo” y en la tradición (si los aldeanos siempre han considerado que la lluvia se produce porqué Thor brama en el cielo esto debe ser así), otra exige que todo argumento científico sera púramente empírico sin ningún espacio a la deducción o la construcción en base a modelos. El problema de ello es que casi cualquiera puede abrir una escuela a su gusto. No estamos muy lejos de ello, hoy en día en el debate del calentamiento global los think tank neocons financian ellos mismos a un conjunto de “científicos” que no logran publicar nada o casi nada en las revistas indexadas pero que crean un campo “alternativo” al campo original donde allí sí que son considerados expertos, para una vez cambiadas las reglas de lo que es científicamente relevante, imponer sus criterios y argumentos.

  • El que mejor comunique. El criterio “democrático” del mercado. O sea, si un científico convence a mucha gente de que lo que él defiende es científicamente relevante, entonces lo es. Esto puede parecer muy molón porqué deja en manos del “pueblo”, precisamente quien financia o justifica el esfuerzo del científico (que lo hace para mejorar el conocimiento y por tanto la sociedad), el que decida que es relevante y que no. Aquí triunfarían personas que sin capacidad científica seria y probada logran comunicar. A veces un gran científico es un gran comunicador (el caso de Stiglitz o Sala-i-Martin en el campo de la economía es un gran ejemplo), pero en general las aptitudes para investigar en una materia no incluyen la comunicación delante de los mass-media y la capacidad de empatizar ante la audiencia. En esta regla, Punset sería mejor físico que cualquier profesor del IFAE de la UAB. No confundamos, Punset es un gran divulgador de la ciencia y una persona capaz de sacar reflexiones muy interesantes de lo que la ciencia está realizando, pero no es un experto en ningún ámbito de la ciencia. Esto lleva al extremo en el caso de temas que mediáticamente necesitan ser vendidos, hace unos meses ví reproducido un debate entre un tipo de Greenpeace y otro del Instituto Juan de Mariana, el primero biólogo y el segundo economista sobre los fundamentos científicos que justifican el argumento de que exite un calentamiento global y este es producido principalmente por los gases de efecto invernadero producidos por el ser humano. Este es un tema difícil de entender en sus fundamentos más profundos incluso para un físico. En cambio alegremente el economista lanzaba argumentos que parecían plausibles y sólidos para negarlo, mientras el pobre biólogo respondía más mal que bien a estos. Un debate de geofísica que requeriría la presencia de unos cuantos expertos en climatología y en geofísica fué dirimido por dos tipos ideológicamente marcados pero científicamente limitados. El economista del Instituto Juan de Mariana apareció ante los medios como un “experto” en calentamiento global y en geofísica. Esto ocurre por ejemplo con expertos de una esfera de conocimiento que son citados como expertos en otras esferas. La opinión de Stephen Hawking respecto al calentamiento global no tienen ningún valor para la geofísica más avanzada, él es astrofísico, no geofísico, ni físico atmosférico. Un experto en física de materiales puede decir misa sobre los agujeros negros, no dejará de ser una opinión y no un argumento científico fundado (a menos que se base en artículos indexados de esa disciplina).

  • El modelo del emprendedor y el científico amateur. Hoy en día la ciencia no es un acto individual de un tipo que en base a su talento personal logra llegar donde otros no llegan, él solo. Ni siquiera Einstein que realizó su teoría de la relatividad especial en los ratos libres que le permitía su trabajo en la oficina de patentes dejó de estar desconectado. Estaba al tanto del trabajo de sus colegas y además contó con la ayuda de las matemáticas de Lorentz que dieron explicación matemática a las intuiciones y exposiciones que hacía el genio. Su trabajo fué expuesto a la luz de la comunidad científica y expuesto a ese “Peer-Review” que reconoció la importancia de su modelo y le llevó a la fama mundial. Creemos, y es fácil pensar así, que el científico es un ser solitario y que tipos aislados de la comunidad científica están menos contaminados, ellos en su soledad, con cuatro referencias y una gran fortaleza de espíritu y un cerebro muy sagaz pueden descubrir cosas que la comunidad científica no puede. Esto tal vez fuera cierto en los albores de la ciencia moderna, donde “todo” estaba por estudiar, deducir, analizar y modelizar. Pero hoy en día para poder considerarte experto en una materia se requiere prácticamente una vida y sobretodo leer y estar al tanto de lo que están realizando el resto de tus colegas. El volumen de información que se genera en cada campo de una disciplina, por muy pequeño que sea, es ingente. Pero aún así, un tipo por su cuenta podría llegar a grandes conclusiones, a pesar de ello, podría repetir errores de otros investigadores antes que él (y que el Peer-Review y el hecho de estar en contacto con la comunidad científica le alertaría), podría repetir vías de investigación que se han mostrado agotadas o poco fructíferas o que llevan nuevamente a otra que ya se está recorriendo. El conocimiento no se acumularía, sinó que se repetiría una y otra vez en la vida de cada investigador. Nadie se subiría a los hombros de anteriores científicos para ir algo más lejos, nadie aprovecharía los errores ajenos para aprender o para probar cosas que otros no habían probado. Un tipo solitario, aislado de la comunidad científica puede llegar a una conclusión interesante, seria y científicamente relevante por sí solo, pero la probabilidad de que malgaste el tiempo en vías agotadas, en deducciones incorrectas o en errores serios es mucho mayor que el de la genialidad. Daríamos por buenas las deducciones que se han mostrado erroneas y la ciencia no dejaría de ser algo rudimentario, no compartido.

 

Por tanto el Peer-Review se muestra como la más sólida de las herramientas para considerar lo que es científicamente relevante, basado en el sistema de la falsación (se elaboran modelos de los que se extraen hipótesis y estas se testean de forma empírica para intentar falsearlas), nos proporciona la más sólida de las alternativas para la construcción de conocimiento científico. No es que otras formas de conocimiento son rechazables, pero simplemente no tienen la demoledora capacidad de autoanalizarse, criticarse y hacerse crecer como el método científico.

Puede parecernos opaco, difícil de acceder, pero las pruebas ahí están, los “genios solitarios” logran publicar cuando su investigación es relevante y está bien hecha, los espíritus heterodoxos logran presentar sus teorías y modelos a pesar de no estar en el “main stream” de la ciencia (por ejemplo, los defensores del modelo MOND como alternativa a la materia oscura para describir la conformación de las galaxias). Lo que no entra en el Peer-Review en el 99,9% de los casos son los errores, las investigaciones mal hechas, los artículos que no aportan un gramo de conocimiento nuevo, las falacias, los fraudes, etc. esto y el sistema de exposición pública frente a la comunidad científica ha permitido levantar fallos graves, fraudes y errores, ha permitido que la comunidad científica no malgaste excesivo tiempo en “ruido” y ha permitido que la ciencia avance. Puede que exista ese 0,1% de artículos relevantes, correctos y que aportan conocimiento que se queden fuera, pero como todo Peer-Review permite, se puede volver a presentar el mismo artículo con mayores fundamentos, o presentar las conclusiones a un congreso de la disciplina e intentar convencer a los colegas expertos que las tesis de uno están fundadas, o presentarlo en una revista indexada de un nivel algo inferior, y permitir que el debate llegue a la comunidad científica.



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