| ¿Qué pueden aprender los Reyes Magos de la economía del bienestar? |
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Cuando yo era niño- y ahora todavía un poco- esperaba la Navidad desde el 12 de Junio-justo después de mi cumpleaños- con gran ansiedad. La razón principal eran los regalos. Para esa época del año guardaba todos los juegos de videoconsola que debía gastar en los seis siguientes meses. Hoy algunos años después, la pregunta que me hago como economista es: ¿por qué nos hacemos regalos en navidad? ¿qué optimizan los individuos que hacen regalos navideños? Publicado originalmente en La ley de la Gravedad Mecanismos de asignación de recursos Para un economista, los regalos de navidad pueden ser vistos como un mecanismo de asignación de recursos. Hay muchos mecanismos, en principio. Los comités de planificación central, la ley de la cachiporra, las elecciones, son todos métodos de asignación de recursos. Sin embargo, después de varios miles de años de historia humana, la selección natural ha retenido uno que afecta a casi todas las facetas de nuestra vida: el mercado de intercambio indirecto. Un mercado puede ser de intercambio puro (cuando hay trueque) o de intercambio indirecto (cuando interviene dinero). Me referiré a este último como el mercado a secas. Pues bien, los economistas tenemos cierta idea de por qué los mecanismos de mecardo suelen ser mejores asignando recursos. Concretamente, existe algo llamado “segundo teorema de la economía del bienestar” que dice que cualquier asignación deseada se puede hacer distribuyendo renta (dinero) y dejando jugar al mercado. La idea detrás este este postulado obtuso es bastante intuitiva. Cada persona sabe mejor que los demás lo que le gusta, yo sé qué comics me hacen reír más y qué libros necesito. Si tenemos dos personas de las cuáles una tiene muchos comics y otra ninguno, en lugar de quitarle comics a una y dárselos a la otra, es mejor hacer una transferencia monetaria y que la otra persona elija los comics que le gustan más. Este mecanismo tiene la ventaja de que el individuo ajusta su gasto en bienes individuales a su presupuesto y por tanto “revela” sus preferencias. Si me preguntan “cuantos comics necesito” lo más probable es que yo diga “todos los posibles”. Si en cambio me dan dinero y me dejan comprarmelos, sólo me compraré unos cuantos. Esta es la razón más importante por la que el mercado es un buen mecanismo asignando recursos. El enigma aparece entonces. “Oye mira perdona, pero la navidad no funciona así”. En efecto, el mecanismo mediante el cuál asignamos recursos en navidad no es, la mayor parte de las veces, un mecanismo de mercado. Aunque regalar dinero es algo relativamente común no es algo que sea general y si os fijáis- luego veréis por qué- siempre es un sustitutivo de regalar algo en especies- a mí personalmente me parece abominable regalar dinero. Al contrario, es un sistema de asignación directa dónde la gente transmite bienes y servicios que, en general, él ha elegido, a otra gente que normalmente no ha expresado sus preferencias. ¿Qué sentido económico tienen los regalos navideños? Antes de que los sociólogos y antropólogos presentes en la sala se me tiren al cuello tachándome de economicista y perder así mis derechos civiles, quiero apuntar que no pretendo explicar la existencia de la navidad, como fiesta, por los argumentos que voy a dar a continuación. Es probable que la navidad sea una Optimizando recursos Lo que me interesa aquí es: ¿cómo podemos optimizar los regalos que hacemos? es decir ¿Qué pueden aprender los reyes magos del segundo teorema de la economía del bienestar? 1. Problemas de información: Una primera cosa que se puede aprender es que presenta inconvenientes que no presentaría, por ejemplo, un mecanismo de mercado, concretamente al nivel de la revelación de preferencias. Todos hemos vivido esas situaciones dónde comienzas la encuesta de preguntar “¿oye, sabes qué necesita fulanito?” o “qué le puedo regalar a megano”. O pensad en cuando vais a regalar ropa: ¿qué talla usa vuestra amigo? Podría uno preguntárselo, claro, pero aparte de que eso arruinaría el regalo (vis infra) la persona se sentiría cohibida diciendo lo que necesita. Es decir hay costes de transacción muy fuertes y la ausencia de un mecanismo de mercado crea problemas graves de información. La selección natural ha previsto, obviamente, mecanismos de información para solucionar este problema. La carta a los reyes magos es una de ellas, pero también lo son en un contexto más amplio las listas de bodas, esa comunicación secreta que le haces a tu madre para que la difunda en la familia. Este tipo de mecanismos de listas es un mecanismo a medio camino entre el mecanismo de mercado y el mecanismo de asignación directo. Hay dos extremos: en un mecanismo de mercado, yo digo lo que necesito y me dan el dinero para que me lo compre, la acción del que regala es sólo firmar el cheque y la mía elegir el regalo. Con el mecanismo de lista, la persona que regala tiene cierta capacidad de elección, aunque restringida. Pero ¿como se puede optimizar desde el punto de vista del que regala? 2. Instituciones. Las razones individuales por las que regalamos es porque existe una “norma”, una institución social que considera normal hacer regalos en navidad. Esta norma, en función del vínculo de amistad o cercanía puede tener un caracter más o menos obligatorio y más o menos normal. Por ejemplo, en navidad yo espero que mi familia me regale algo, hasta el punto de que me sentaría realmente mal que no me regalaran nada, no es un “extra” es lo “normal”. No me espero al contrario que en otra época del año me regalaran algo sin que existiera razón alguna. Al contrario, aunque no me espero que, digamos, mi exnovia me regale algo, si me parecería algo relativamente normal. Esto no sería así en otra parte del año dónde un regalo sin algún tipo de excusa provocaría una sensación de extrañeza. Esto nos lleva al segundo punto: el efecto de la existencia de una norma sobre la motivación individual es cambiar el equilibrio de Nash por defecto. Concretamente, un regalo es un mecanismo de señalización. Los individuos tenemos una concepción-una expectativa- de lo que es normal o “justo” para cada persona. Al contrario, una desviación de esta norma supone una forma de transmitir un mensaje- señalizar una idea que no podríamos señalizar de otra forma. Si mi madre no me regala nada en Navidad cuando yo considera que es normal, es probable que yo considere que está enfadada es decir, que ese acto significa algo que ella siente pero que no me transmite de viva voz. Esto es la esencia de la teoría de la preferencia revelada la formalización conductista de la teoría de Paul Samuelson que considera que las acciones de los individuos revelan sus preferencias. Cuando yo no cumplo la norma que dice que debo regalar en navidad, estoy revelando algo que junto con el resto de informaciones podrá significar una cosa u otra: bien que no tengo dinero, bien que estoy enfadado, bien que soy una persona descuidada etc… Algo semejante ocurre cuando se regala algo que uno no está obligado a regalar: es una forma de señalizar gratitud, amistad, cariño, amor, etc… La razón principal para que sea necesario hacer esto es que uno no tiene por qué ser creíble cuando dice algo, es decir, el refrán aquél de “hechos son amores y no buenas razones”: conductismo cotidiano puro y duro. Esta idea nos da también una pista de por qué no regalamos dinero, aunque esto sea relativamente más eficiente en términos de asignación. Una razón es que con regalos en especies podemos señalizar cosas que con el dinero no podemos. Regalar un libro de poesía puede ser una forma de señalizar nuestro amor y regalar un despertador puede querer decir “a ver si dejas de llegar tarde a las citas”. Las cosas que se pueden señalizar con casi infinitas: desde el buen gusto personal hasta el malo, el respeto, los sentimientos, la generosidad etc… También nos da una pista de por qué preferimos los regalos al dinero. Si nuestro objetivo es que esa señal perdure en el tiempo por ejemplo, recordándole a la persona que se lo regalasteis vosotros, es mejor regalar algo tangible que simplemente dinero- los osos de peluche son especiales, los billetes son todos muy parecidos. 3 Preferencias externas/paternalismo suave: una razón importante de los regalos navideños es el fenómeno de las “preferncias externas” (other regarding). En general, los individuos tenemos preferencias respecto a nuestro propio bienestar: necesito tal o cuál o cosa, me gustaría tener tal otra. Pero también queremos que otros fueran de otra forma. Todos conocemos amigos cuyas novias les regalan ropa en navidad para conseguir que se vistan mejor o ropa que combine. Yo suelo regalar libros en un intento de colonización intelectual. El efecto es interesante porque puede tener dos vertientes. En primer lugar tiene efecto de modificar las elecciones futuras, pensad que necesitáis un par de vaqueros, pero en vuestro orden de preferencias preferís que esté teñidos de color morado y a ser posible de campana a que sean más convencionales. Dado que vuestro par actual está viejo, en un máximo de dos meses tendréis que pasar por el contrabandista que os proporciona este material prohibido para comprar vuestros adorados vaqueros morados-hippy. Sin embargo, vuestra novia aborrece vuestra inclinaciones hippies de sexualidad cuestionable y le gusta más el modelo Zara convencional, de corte recto. Así, con la esperanza de que no os compreís los vaqueros de contrabando, se pasa por zara a elegiros un par de vaqueros clásicos y bonitos. Cuando os regala los vaqueros, entonces pensais que, aunque hubierais prefereido el modelo morado, estos también están bien y decidís no pasar por el vuestro amigo el contrabandista. Luego vuestra novia tendrá un incentivo fuerte para pasar por Zara. ¿Por qué ocurre esto? La razón es relativamente simple y se llama “teoría de la demanda de características” y fue formulada por Kelvin Lancaster. Lo que Lancaster decía es que los individuos no demandamos bienes, sino características que están contenidas en esos bienes. Yo puedo valorar muchos aspectos en un bien: que sea un par de pantalones, que sea vaquero, que sea morado, que sea de tal marca, que sean de campana. Eso hace que los bienes sean parcialmente sustitutivos en función de las características que compartan: los pantalones de Zara y los hippies de contrabando son sustitutivos en la medida en que ambos son vaqueros y ambos son pantalones. Cuando yo decido gastar 30 euros, lo que estoy comprando es una cesta de características que valoro en 30 euros. Sin embargo, si cuando ya tengo un par de pantolones, el único valor añadido de los vaqueros morados es, eso, que son morados, algo que tal vez valores en menos de 30 euros y por lo tanto mi elección será no gastarme el dinero que vale comprarme esos pantalones. Otra razón para que esto ocurra es que los individuos, por razones psicológicas, tendemos a “conformarnos” con lo que tenemos. Es el fenómeno de las preferencias adaptativas. Es posible que os regalen algo que al principio no os haga gracia pero de lo que luego desarrolléis una dependencia enorme. Pensad en el teléfono móvil, o en internet, o en cualquier avance. También es posible que otorguéis un valor específico por el hecho de que os lo haya regalado una persona concreta y tenga un significado especial. En ese sentido, el regalo de la persona modifica las vuestras elecciones y vuestras preferencias y para la persona que os lo regala es una buena elección. Por todas estas razones lo llamamos paternalismo suave “soft paternalism”: la idea es que alguien elige en vuestro lugar de forma paternalista para modificar vuestra conducta. 4. Transferencia de conocimiento/información asimétrica: una justificación alternativa para el paternalismo suave es que es posible que yo no tenga toda la información necesaria para elegir por mi cuenta. Cuando uno va a comprar algo, muchas veces no sabe lo que está comprando por su información es imperfecta. Pensad en los coches usados . En este sentido, una parte del regalo es el hecho de transmitiros un “servicio”: el de elegir y evaluar el bien en cuestión. No penséis en bienes como las patatas, pensad en un bien relativamente complejo, por ejemplo un libro. Una de las razones por las que yo regalo libros es para hacer descubrir a la otra persona cosas que yo he descubierto por mi cuenta. Es una forma de decirle a la persona “lo he leído y está muy bien”. Si mi transacción se hubiera limitado a darle un sobre con dinero, probablemente él nunca habría comprado ese libro porque no lo conoce. Esto también es aplicable al caso de la ropa: a veces nos cuesta elegir y preferimos que alguien elija en nuestro lugar. Y en el caso de las novias/novios es algo especialmente importante: si lo que os importa es vestiros de forma que le gustéis a vuestra novia, podéis preguntarle qué ropa le gusta, pero es posible que no quiera influir en vuestra decisión. Si le dejáis que le elija ella, es posible y probable que elija el que más le guste: es un mecanismo de revelación de preferencias (again). A modo de conclusión Hasta aquí por hoy. Quería analizar alguna cosa más. Por ejemplo, los regalos son un juego simultáneo con acción oculta y por lo tanto algo muy parecido a un dilema del prisionero que además se repiten cada año y eso hace que tenga efectos redistributivos que no he contemplado. Pero lo que uno debe ver en este análisis son varias cosas. En primer lugar, es simplemente absurdo pretender que “el homo oeconomicus” actúa de forma idiota, como hace, digamos, Amartya Sen cuando los economistas modelizamos individuos maximizando funciones de utilidad en ningún caso estamos presuponiendo algo concreto dentro de esa función de utilidad. La gente puede maximizar su utilidad haciendo regalos, cuidando negritos o viendo películas porno. Tampoco estamos asumiendo una suerte de cálculo ultrarracional: el análisis de las preferencias adaptativas es un caso concreto de que esto no es así y en general cualquier forma de irracionalidad puede modelizar como información incompleta o asimétrica. Además, esto muestra que el análisis económico en términos de maximización es perfectamente compatible, contrariamente a lo que se dice a menudo, con la existencia de “normas” o “valores sociales”. Los fenómenos de estacionalidad en el consumo, o de “exceso de sensibilidad” se pueden entender metiendo “normas” en la función de utilidad de los agentes. Esto es precisamente lo que reivindicaba Georges Akerloff es su discurso presidencial de la AEA. La gente considera “normal” consumir más en Navidad, y también considera “normal” hacer regalos en esa época y desviarse de esa norma supone un coste y desde luego supone una elección- igual que conformarse a la norma tambien tiene un beneficio y supone una elección. Por esta razón, tiendo a tender que la microeconomía samuelsoniana es en general superior a las visiones sociológicas en términos de “Teoría de Roles”. Por otro lado, todo esto nos da pistas de cuando los mercados son eficientes, es decir, cuando se cumplen los teoremas de la economía del bienestar. En ocasiones, cuando sus presupuestos no se cumplen, las interacciones de mercado pueden tener problemas de información, o costes de transacción muy fuertes- por eso no regalamos dinero. Además, las instituciones sociales -la norma social que nos dice que hay que hacer regalos en navidad- afectan a las cosas que podemos o no podemos hacer- nuestro conjunto de elección. Una pregunta adicional es saber si los regalos navideños son o no son eficientes. Ahí tenéis la gente que directamente regala dinero, o la gente que no celebra la navidad. Como he dicho, se trata de una institución sujeta a la regla de los rendimientos crecientes- una vez que la hemos aceptado, es muy dificil desviarse- y es perfectamente posible que todo el mundo prefiriera que le regalaran dinero pero como los demás no lo saben, se sigan haciendo regalos normales. En ese caso, los Reyes Magos deberían repasar su libro de micro.
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| Escrito por Citoyen | |
| jueves, 25 de diciembre de 2008 | |
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Un mito abominablemente persistente dentro de la sabiduría convencional es la idea del “homo oeconomicus”. Según este mito, los economistas tenemos-si, ya me he acostumbrado a usar la primera persona- una concepción sesgada de la naturaleza humana según la cuál los individuos actúan de forma egoista e inmoral etc,… Aunque esto era cierto en tiempos de Stuart Mill, no lo es hoy en absoluto. Otro mito persistente es la idea de que la economía, especialmente los teoremos del bienestar, viven desconectados de la realidad y son por tanto totalmente inútiles. En este post voy a ilustrar mediante un case study que ambas concepciones son falsas.





