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sábado, 11 de febrero de 2012
Energías de futuro Imprimir E-Mail
Lecturas 243    

ImageLa energía mueve el mundo, no el dinero, ni la política, ni el amor, ni los militares. No hay poder en la Tierra capaz de mover nuestra civilización si no son las fuentes de energía.

 

Es por ello que la energía, su generación, su distribución y su uso, deben ser las principales medidas estudiadas para salir de la crisis.

 

Numerosos son los críticos de cualquier inversión o subvención pública en este sector, generalmente miembros de la propia industria, economistas y políticos afines.

 

Sus argumentos, el mayor coste de las energías limpias, del biocombustible, respecto a los hidrocarburos y la energía nuclear. Pero también la falta de infraestructuras para implantar un sistema energético nacional, o europeo, basado en energías de futuro.

 

Permitidme llamarlas así. No quiero usar el término de energías limpias, ni energías alternativas. La energía solar, eólica, hidroeléctrica, maremotriz, de biomasa y los biocombustibles (junto con otras como la geotérmica, de las olas, etc.) son el futuro que moverá nuestro mundo. No lo olvidemos.

 

El ITER, reactor experimental de fusión fría, tardará décadas en dar sus frutos, y luego se tardarán décadas en crear generadores comerciales. Mucho antes, el petróleo habrá iniciado su declive, y su precio subirá hasta hacernos creer que esos 147 dólares por barril del verano son baratos.

 

Otro de los argumentos que se usan contra estas energías de futuro es que con los precios de los combustibles actuales, no resulta rentable generar energía mediante estas fuentes alternativas.

 

Pero, ¿realmente es así?

 

Estudiémoslo con calma, pero fijemos nuestra mirada en todos los valores, en todas las áreas y los factores de influencia.

 

No hagamos el idiota como lo hemos hecho durante dos décadas, aceptando el discurso neoliberal de fondo, y peleando sólo en los detalles. Aceptando que lo único que importa al analizar el debate energético es el coste de generación y el precio de venta al usuario final.

 

Sería tan estúpido como volver a creer que lo mejor para el mundo es dejar libres los mercados financieros, porque los altos directivos bancarios son buena gente que busca su beneficio particular, y así nos beneficia a todos (ahora no suena tan lógico, a que no).

 

Hagamos el mismo análisis crítico con la energía, con las grandes empresas energéticas que dicen que no es rentable crear un modelo energético público basado en estas energías de futuro, mientras reciben las subvenciones del Estado por un lado, y por el otro recogen inmensos beneficios del petróleo y el gas.

 

¿Es realmente el precio y el coste de la energía lo único que importa para analizar la viabilidad de un modelo energético basado en energía solar, eólica y biomasa?

 

No.

 

Existen otros muchos factores a considerar.

 

Primero. La crisis.

 

La crisis económica, social e institucional ha puesto bajo una nueva luz lo que antes tomábamos como cierto.

 

Con las sombras que la desaceleración económica arrojan sobre la economía se ven las cosas de un color distinto.

 

Donde antes no parecía importar la salida de miles de millones de euros anuales hacia otros países, ahora encontramos un punto de apoyo a favor de la creación de una infraestructura nacional de estas energías de futuro.

 

Nos dicen los economistas que el coste de generar un kilowatio eólico o solar es mayor que hacerlo quemando petróleo, pero no que este argumento no tiene en cuenta es la balanza de pagos ni los flujos de dinero.

 

Crear una infraestructura energética nueva puede ser dos veces más caro en términos de coste unitario (y eso teniendo en cuenta el coste de levantar toda la infraestructura desde cero). Pero, ¿realmente es mejor para España o para Europa?

 

Pensémoslo bien.

 

Crear esa infraestructura requeriría un enorme esfuerzo en formación, construcción de factorías de molinos eólicos y fábricas de placas solares, creación de parques eólicos, solares, instalación, mantenimiento de los mismos.

 

También habría que crear una red de suministro interconectado con Europa, incluso en muchas ocasiones sistemas de almacenamiento de esa energía de forma subterránea o investigación en nuevos sistemas como la pila de hidrógeno. (Ese esfuerzo en I+D con el que nuestros políticos se llenan la boca y luego no saben como realizar).

 

Y no hablemos del mundo de la automoción. Habría que crear un sistema de gasolineras que sirviesen biodiesel o electricidad para los vehículos normales o eléctricos respectivamente.

 

Esas “gasolineras” romperán todos los moldes de lo que entendemos como tales, y quizás se encuentren en sitios tan dispares como nuestros propios garajes, o en los aparcamientos en plena calle.

 

Un esfuerzo inmenso, que debería ir acompañado con cambios importantes en el parqué de coches y una renovación de los edificios.

 

Pero merecería la pena.

Porque ahora mismo España tiene un ejército de casi cuatro millones de parados que nos gritan lo contrario.

 

Por cada parado que quitemos con ese gigantesco esfuerzo no estamos perdiendo dinero al pagar más cara la energía, estamos ganándolo, porque ese dinero que se queda en Europa no se pierde, se invierte.

 

Por cada mil millones de euros invertidos en formación, empleo, mantenimiento, fabricación y exportación de energía España se ahorra cientos de millones de euros que revierten directamente en la economía nacional.

 

Un beneficio que bien merece la deuda pública que acarrearía un plan de esta magnitud, y que gracias a esa misma deuda, no representaría un aumento de los precios de la energía. Al contrario, a medio plazo el aumento de disponibilidad de energía bajaría el precio.

 

La duda es, ¿esa deuda se pagaría con el aumento impositivo derivado del empleo creado por el plan?

 

Depende de muchos factores. Pero hay otros factores positivos que quizás sí logren compensar el aumento de deuda que tendría una inversión pública de esa magnitud en energías de futuro.

 

Además del obvio ahorro en las cotizaciones sociales de los cientos de miles de parados que el Estado se ahorraría (si sólo fuesen cincuenta mil personas que lograsen un empleo estable, el Estado podría ahorrarse quinientos millones de euros el primer año), existen otros ahorros potenciales.

 

Una estructura de gasolineras y plantas de fabricación de biodiesel requeriría un cambio radical en la política agraria europea. De subvencionar con cientos de miles de millones de euros cada año cultivos ineficientes (y que muchas veces ni se recogen) los gobiernos europeos deberán cambiar la política agraria para subvencionar cultivos que generen biocombustibles.

 

Eso ya de por sí sería un ahorro gigantesco, pero debemos tener también en cuenta el efecto positivo para los consumidores de una bajada de aranceles a los productos agrarios de fuera. Y el beneficio para decenas de miles de agricultores de países en desarrollo y para el comercio mundial, tampoco es despreciable.

 

Segundo factor a considerar. El aumento de producción eléctrica.

 

Dicho aumento no sólo tendría como efecto a medio plazo una bajada de los precios de la energía y los transportes, haciendo nuestras empresas más competitivas, sino también un incremento de las posibilidades de creación de proyectos.

 

Limitados como estamos por el techo del petróleo, muchos proyectos se quedan en las carteras de los inversores por falta de dinero. El descenso de los costes derivados de la energía podría sacar algunos de ellos de los cajones polvorientos, y dotar de nuevas infraestructuras a Europa.

 

Nuevas autovías inteligentes que salvasen vidas, redes de comunicación de alta velocidad a la altura del resto del mundo, y una interconexión con Francia y Europa que termine de una vez con el archipiélago energético europeo, que tantos quebraderos está dando a los políticos europeos en sus relaciones internacionales.

 

Tercer factor a considerar. La política europea y española.

 

La dependencia energética, como se ha demostrado, es un talón de Aquiles que se vuelve, día tras día, contra nosotros.

 

¿Hasta cuando se van a seguir manteniendo las dependencias de unos proveedores que cada año van a estar más necesitados de cubrir su propio mercado?

 

No lo olvidemos, el petróleo se va a terminar, y no sólo eso, sino que antes de que se termine se van a generar conflictos por el acceso a esta fuente de energía, y un aumento exorbitado de su precio, lo que va a volver a hundir nuestra economía en el plazo de unos años (la Asociación internacional de la Energía calculaba que para el 2015).

 

Diversificar las fuentes de generación, no sólo es bueno para España, sino que fortalecerá nuestro peso en la política internacional.

 

Incluso si para crear esta infraestructura de energías de futuro necesitamos fortalecer relaciones con el norte de África, emulando el proyecto presentado para Estados Unidos en el número de Marzo de 2008 de la revista Investigación y Ciencia, y crear un vergel energético en el Sahara, se crearía una interdependencia muy beneficiosa con Marruecos y Argelia.

 

Se fomentarían unas relaciones en pie de igualdad, en las que empresas españolas construirían una nueva generación de plantas solares que garantizasen el futuro de estos países a medida que sus actuales fuentes se fuesen agotando.

 

Y sería el primer paso para un viejo sueño, la creación de una agencia de exploración espacial que usase los recursos de las armadas y ejércitos de los países europeos y sus aliados para iniciar la conquista del espacio a gran escala.

 

Por su puesto, existen otros factores que invitan a emprender con prontitud esta tarea. El cambio climático, la garantía de desarrollo sostenido y sostenible por los próximos años…pero desde luego, si hasta ahora estas razones no han convencido a los escépticos, no lo van a hacer ahora.

 

Espero que estas otras razones económicas sirvan para despejar dudas sobre la necesidad de implantar un plan de nuevas energías de futuro que garantice el empleo, el bienestar económico y la pronta salida de la crisis que azota a Europa, y a España con mayor severidad.



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Escrito por Francisco Agenjo   
martes, 17 de febrero de 2009
 
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