| Sobre ETA |
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Aplicando estos sabios consejos al gravísimo problema del País Vasco, todos deberíamos coincidir en que ETA es una banda terrorista que jamás debería haber existido. El siguiente paso sería el de reconocer que habría que resolver el problema lo antes posible. Es aquí cuando ya nos encontramos con el primero de los dilemas. Descartando a los lunáticos de COPE y El Mundo –que no cuentan, por higiene intelectual y falta de espacio, para este análisis-, nos encontramos con el drama de las víctimas del terrorismo. ¿A quién puede parecerle bien que el descomunal asesino De Juana Chaos pueda ser alguna vez puesto en libertad, cuando ha matado a 25 personas? Son 25 vidas truncadas por un asqueroso fanático que ahora se las da de víctima y mártir. Parece difícil creerlo, aunque la jurisprudencia, en legítimo ejercicio, pueda tener razón.
Pero, llegados al punto de valorar la opinión de las víctimas del terrorismo, nos encontramos con el problema de que su opinión, en la gran mayoría de los casos, viene manipulada y fagocitada por un partido que no acepta su derrota en marzo de 2004 y que utiliza a estas personas sin remordimiento alguno para remontar su desventaja. Si es tan inmoral “darle la espalda a las víctimas”, mucho más perverso es hacerles la corte cuando lo que se pretende es asaltar el poder.
Nos encontramos, en una especie de conflicto moral: queremos acabar con un problema, pero, por el camino, tenemos que pasar por alto sufrimientos reales: las víctimas que mucho han perdido y pueden coincidir en la misma vivienda con el asesino de su padre, por citar un ejemplo. Es una situación difícil y al Ejecutivo ahora situado en Moncloa le toca elegir. Y, claro, uno no es de piedra: acabar con el terrorismo, como el alcalde que pasa a la historia por inaugurar un pantano, supondría para el PSOE un rédito electoral que se convierte en un lujo del que es difícil prescindir. De ahí que sea previsible que incurra en errores y cesiones precipitadas, que no han sucedido aún.
Las decisiones políticas, como en todo campo, no vienen exentas de sacrificios y renuncias. Descartando que el partido político que nos gobierna no es la Madre Teresa de Calcuta, y tiene –como es legítimo que así sea- interés de perpetuarse en el poder, debemos prever que se produzcan giros y pasos que a muchos dolerán, pero que, si, al final, redundan en un beneficio mayor para la sociedad –el fin de la ETA y el comienzo de una democracia sin chantajes-, merece la pena apoyarlo, aunque llevemos siempre con nosotros un sano e impertinente espíritu crítico.
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| Escrito por Andrés Villena | |
| lunes, 18 de diciembre de 2006 | |
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Decía Dale Carnegie, en un libro
que mezclaba el protofascismo y el gran sueño
americano, llamado “Cómo ganar amigos e influir sobre
las personas”, que, en una discusión, había que
partir de los aspectos en los que se estaba de acuerdo, para así
afrontar con mejor actitud aquellos en los que no se coincidía.
El sociólogo Pierre Bordieu, decepcionado por el cariz que,
hace unos años, tomaban los debates televisivos en Francia,
afirmaba que el objetivo de un debate no era vencer, sino conseguir
un acuerdo y una serie de puntos en común entre las personas
que tomaran parte.





