| La insoportable levedad de la paz en Euskadi |
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Un odio que generó odio, que genera odio, retroalimentándose de un lado a otro. Hay que agradecer la valentía de algunos que siguen soñando con la paz en Euskadi, a pesar del odio de unos y la hipocresía con oportunismo de otros. El tiempo pasa y las excusas se acaban. Vindicamos el recuerdo del absurdo para no volver a matarnos entre nosotros. Hace afortunadamente muchos años que en Iberia, en España o en las Españas, llámenle como más les guste, no nos matamos bajo las más diversas banderas. Sólo Euskadi, pobre Euskadi conserva esta sangrienta tradición. ¿Qué dejamos a las generaciones venideras? ¿Un número de muertos, reivindicaciones históricas legítimas pero no legítimas en el modo y en la forma? ¿Dolor, homenajes a lo absurdo? No, no es esto, tanto da por el lado que se mire: una lucha y menos por la libertad o por cualquier derecho se justifica con sangre. Si violamos lo más sagrado de nuestra especie, la vida, todo lo demás envilece perdiendo la categoría de humano. Al fin y al cabo, en un pasado de hace 15.000 años, todos procedemos de la misma madre y del mismo padre. Un pedazo de tierra, un poder, una cultura en peligro y otras infinidades de cosas e intereses que se entremezclan no justifican el miedo, el dolor, el odio, la muerte, en definitiva el fratricidio.
¿Cuanto pesa una vida humana? ¿Es equiparable a un agravio histórico?¿Vale su peso lo mismo que el peso de su muerte en la conciencia? ¿Por qué esta insoportable levedad de la paz en Euskadi? Sólo puedo recitarles a aquellos que bajo un ideal renuncian a la humanidad este verso de Lluís Llach: No era això companys no era això pel que vàrem morir tantes flors, pel que vam plorar tants anhels, potser cal ser valents altre cop i dir no, amics meus no es això.
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 08 de enero de 2007 | |
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La insoportable levedad de la paz en Euskadi vuelve a
golpearnos a todos. Demasiada sangre vertida, demasiados sueños rotos,
demasiado dolor para una situación que, como el humo, fluye sin peso y sin un
camino previsto. Ni unos ni otros soportan la levedad de la situación; cuantos
esfuerzos y cuanta locura vertiendo sangre por unos ideales, otro de tantos,
que nos llevan al absurdo y abominable fratricidio justificado en una historia
y en unos actos acaecidos quien sabe cuando y quien sabe porqué.





