| Japón: ¿otro capitalismo? |
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Sin duda alguna el pacto a priori y a posteriori entre el Estado y la empresa privada es la clave principal del éxito japonés. El estado japonés lejos de plantear en primer término el servicio y el bienestar de los ciudadanos, la función de garante del estado de derecho y otros objetivos adyacentes a lo que suele denominarse sociedad del bienestar, ni corto ni perezoso su objetivo principal y primordial es el crecimiento económico y la conquista de los mercados mundiales por parte de las empresas a las cuales sirve, empresas lógicamente japonesas. Ahí el estado japonés sirve en la doble concepción del término, tanto en su aspecto de servicio como de servidumbre a las élites japonesas que en su prosperidad contagian al resto de la población dicha prosperidad, con la mediación y permiso del estado. Si en Europa pensamos que el beneficio de unos es el perjuicio de otros, una postura tendiente a un equilibrio homeostático (con una cierta orientación mágica de corte orientalista) ellos piensan que el beneficio de los buenos es el beneficio de todos, adoptando y perfeccionando cualquier Biblia neoliberal que pueda estar ya escrita. El estado japonés reduce las barreras legales y los impuestos gracias a los acuerdos con los agentes privados. Ahí se explica la elevada tasa de inversión en la investigación y el desarrollo tecnológico, el ahorro impositivo derivado a la inversión tecnológica para reasegurar los beneficios industriales y empresariales. La política del gobierno favorece a las pequeñas y medianas empresas con facilidades fiscales y crediticias promoviendo consorcios para cubrir la demanda interna y el mercado interno, en el cual utiliza una política diferente a lo que se refiere a sus grandes Trust y corporaciones encargadas de la demanda externa y del mercado internacional. Todo esto sin el mínimo peso del sindicalismo y la mentalidad japonesa claramente inclinada a la obediencia y a la glorificación mediante el deber laboral, superando todas las teorías del protestantismo y del desarrollo industrial propuestas por Weber, el shintoismo es más capitalista que el protestantismo. El sintoísmo fue utilizado como ideología legitimizante durante la fase militar del Japón pre-guerra Mundial, ahora es la ideología dominante del capitalismo nipón. Si le añadimos a ello un espíritu colectivo, pero no del tipo de colectivismo entendido por Europa o Estados Unidos, un colectivismo dirigido hacia la posesión comuna de las decisiones y de los medios de producción, de las oportunidades y de los recursos sociales, sino un colectivismo entendido en el esfuerzo y la sumisión a un objetivo común, la empresa que junto con la familia y la nación son los baluartes y motivos vitales para un japonés que se tercie como es debido (según su cultura). Así pues, el neoliberalismo se ha superado. Pero aún puede superarse más. La respuesta no es Estados Unidos o Europa, no la respuesta es el capitalismo de estado de Japón. Lejos del cristianismo, del ateismo, del agnosticismo quizá al capitalismo se le ocurra inventar una religión parecida al shintoismo.
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 09 de abril de 2007 | |
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Si nos atendemos a las definiciones
clásicas del capitalismo, Japón su economía y
seguramente, lo más importante, como ha conseguido su
desarrollo industrial, económico y tecnológico plantea
la adaptación y maleabilidad del capitalismo con la
inestimable ayuda del estado, en el caso del Japón parte
constituyente y constitutiva de la Gran empresa que es el país
nipón.






