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Escrito por Invitado, on 20-10-2006 10:21,
1. Gulliver
Encuentro que el artículo es en el mejor de los casos algo corto de miras. Así que no me queda más remedio que intentar darle una perspectiva personal y transferible más amplia. 
Para empezar, la autora debería reconocer que ella es la que pertenece a un “club” de privilegiados, porque la distancia que le separa del ser humano medio en Asia, América Latina o África en cuanto a la calidad de la alimentación, educación, los cuidados médicos o el tren de vida en general, es mayor que la que le une a su rico amigo. En vez de reconocerlo, prefiere señalar con el dedo a su amigo diciendo que es él quien tiene “un serio problema”. 
¿Tienen un serio problema o cada uno defiende lo suyo? No es extraño que, como se insinúa en otro texto de este portal, y salvo honrosas excepciones, los privilegiados son de derecha y los que creen que se pueden beneficiar de la redistribución de riqueza votan a la izquierda. Tampoco es extraño, que el votante medio de izquierda, que aprueba la redistribución a nivel “nacional”, esté a favor de que se den limosnas al tercer mundo (ayuda al desarrollo) para tranquilizar su conciencia (aquí hay un paralelismo con lo que decía Jose en otro texto sobre los privilegiados que dan más dinero a ONGs), pero esté en contra de que le toquen lo suyo y de que la redistribución se haga en pie de igualdad favoreciendo a todos los ciudadanos del planeta. En fin, que aunque nos revistamos de grandes ideales, a grandes rasgos cada uno defendemos nuestros intereses. 
Esto enlaza con el siguiente punto. El artículo se queda en condenar la desigualdad como si fuese una realidad unidimensional que acabase en sí misma, pero por supuesto no es así. La desigualdad es un fenómeno complejo relacionado con la creación de riqueza para todo el mundo. Décadas de historia económica de las sociedades modernas nos dan ejemplos una y otra vez de que la desigualdad y la ambición de unos cuantos, es el motor que crea empresas productivas, puestos de trabajo y en riqueza en general. Al contrario, los experimentos que se han intentado de imponer una relativa “igualdad” (URSS, China pre-capitalista, Cuba, Corea del Norte) han acabado en pobreza y estancamiento. Una vía intermedia de intervención en las empresas por parte del Estado también tiene más probabilidades de acabar en corrupción e improductividad que en lo contrario. 
Mi inspiración en cuanto a política económica es un país donde hay desigualdades evidentes, y donde hay personas asquerosamente ricas y privilegiadas como el Sr. Ikea. Efectivamente no me estoy refiriendo a los EEUU, sino a Suecia y a los países nórdicos en general. Su secreto es combinar los instrumentos del liberalismo (libre mercado, libre empresa, flexibilidad laboral…), con un estado del bienestar que proprociona servicios básicos para todos, oportunidades y capacitaciones para que todo el mundo pueda beneficiarse subiéndose al carro de la economía capitalista y una red para los que por algún motivo no logran ayudarse a sí mismos. Idealmente, y simplificando muchísimo, el Estado no se “mete” en el modo en que las empresas crean riqueza, y las empresas no se meten en el modo en que el Estado mejora las oportunidades, proporciona servicios sociales y rellena los agujeros redistribuyendo recursos. 
En este sentido la desigualdad se podría considerar un mal menor, digamos que saludable, si lo comparamos con el estancamiento económico que empíricamente hemos observado en los intentos de imponer la igualdad, o incluso de interferir en la creación de riqueza por parte de las empresas. La experiencia, tras muchas pruebas y errores, nos dice que, pese a lo que puediera pensarse después de leer este artículo corto de miras, lo saludable económica y socialmente no es intentar abolir los privilegios como los del señor Ingvar Kamprad, o más de actualidad los de los señores de Gates, (premios Príncipe de Asturias como ejemplo de altruismo), sino en mejorar la situación de los que están en la parte de debajo de la escalera, para que suban cuanto más arriba mejor. Sobre todo dándoles oportunidades para que suban por sus propios medios, y proporcionando escaleras mecánicas para los que por circunstancias ajenas a su voluntad y esfuerzo no pueden subir por sí mismos. 
 
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