martes 4 de noviembre de 2008

Lo que no es Obama



Nadie sabe muy bien lo que es Obama, pero sí lo que no es: no es un fundamentalista religioso, ni un fanático del mercado, ni un homófobo, ni un racista, ni vive de la cultura del miedo. De hecho, el senador Obama está lo más a la izquierda que se puede estar en los Estados Unidos y aún así tener posibilidades de ganar.

Curiosamente, además, sería la primera vez desde el año 1227 en que el hombre más poderoso del mundo no sea un hombre blanco. Ni tampoco negro, por cierto: Obama es un mulato, medio blanco, medio negro, con ancestros en América, Asia y África. Es el sueño de la multiculturalidad, de la suma de civilizaciones, e inspirará a millones.

Por todo ello y porque puede acabar con la negrura ultra de Bush el Asesino, GO OBAMA, GO USA!!!

sábado 11 de octubre de 2008

La derecha arruina a sus países mientras España resiste.

Y quien quiera rebatirlo, tendrá que aportar datos:
  • Estados Unidos. Sin comentarios. Gobierno ultra-conservador liberal de derechas. Inyectando billones de dólares para tratar de salvar los muebles, bancos y empresas emblemáticos en quiebra, intervencionismo masivo en un intento de hacer marcha atrás con respecto a las locuras neoliberales, y un largo etcétera.
  • Islandia. Gobierno ultra-liberal conservador de derechas. En "bancarrota nacional" (palabras de su presidente), contemplando pedir el rescate del Fondo Monetario Internacional. Quiebras bancarias masivas.
  • Dinamarca. Gobierno de centro-derecha liberal. Primer país de la Unión Europea en entrar en recesión. Su presidente es el autor del libro "Del Estado Social al Estado Mínimo". Con quiebras bancarias importantes.
  • Alemania. Gobierno de "gran coalición" virado a la derecha liberal. En crecimiento negativo. Con quiebras bancarias importantes.
  • Francia. Gobierno de derecha conservadora. En crecimiento negativo.
  • Italia. Gobierno próximo a la ultraderecha. En crecimiento negativo. Con quiebra de compañías emblemáticas.
  • Japón. Gobierno liberal-conservador. En crecimiento negativo.
  • Reino Unido. Gobierno de "tercera vía", centro-izquierda en lo social y ultraliberalismo en lo económico. Nacionalizando bancos y al borde de la recesión.
...
  • España. Gobierno socialdemócrata. En crecimiento levemente positivo, sin quiebras bancarias o de empresas emblemáticas. Bien es cierto que con unos índices de desempleo superiores, sin embargo acolchados por el sistema de protección social.
Imagino que los patriotas españoles estarán tan orgullosos como yo.

Yo no sé lo que ocurrirá dentro de un año (nadie lo sabe), pero estos son los datos a día de hoy, después de un año de crisis. Con el sistema global en algo parecido a un colapso y tan desvirtuado en sus "esencias liberales", es imposible hacer predicciones siquiera a corto plazo. Estos son los datos ciertos sobre hechos sucedidos, a día de hoy, después de aproximadamente un año de crisis.

Fuentes:

http://www.economist.com/finance/displaystory.cfm?story_id=12381879
http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601102&sid=aRL6_H3ksRYs&refer=uk
http://www.guardian.co.uk/business/feedarticle/7847965
http://www.nytimes.com/2008/10/10/business/worldbusiness/10icebank.html?_r=1&em&oref=slogin
...entre otros cuantos miles.

sábado 9 de febrero de 2008

Esperanza, la inquisidora

viernes 8 de febrero de 2008

La xenofobia del señorito

El partido que metió a la mayoría de los inmigrantes en España, cortos de papeles y aún más de derechos, ha descubierto los réditos electorales de apelar a los miedos del sector más asustadizo y mediocre de la sociedad. En su inacabable deriva a la ultraderecha, el mismo Ministro del Interior al que "se le colaron" unos cuantos millones de trabajadores precarios propone ahora un ridículo contrato según el cual los extranjeros tienen que adaptarse a las costumbres españolas. De su España, claro: la trabucaire, obispal, mesetaria, garbancera y provinciana; la del señorito del Círculo de Agricultores que critica a los trabajadores porque blasfeman, se emborrachan y huelen mal.

No es ningún secreto que las personas (de cualquier origen) que ocupan los segmentos más bajos de la escala social sufren como consecuencia fenómenos de exclusión (que, en el caso de los extranjeros, se manifiestan como fenómenos de no integración). Tampoco es ningún secreto que las personas próximas a la exclusión o sumidas en la misma tienden a concentrar mayores tasas delictivas, por motivos más que obvios. Y sólo un imbécil deja de comprender que la xenofobia es la reacción de los más temerosos e inseguros ante un poco de estas obviedades y un mucho de leyendas urbanas, alguna de las cuales lleva dando vueltas desde los años '20.

Por eso, las personas y los partidos responsables toman estas inquietudes más o menos legítimas con un grano de anís y no contribuyen a alimentar esta pelota de medias verdades y mucho asustachicos. En España, hasta ahora. Porque a partir de ahora, uno de los dos grandes partidos, el mismo al que "se le colaron" tres millones y medio de inmigrantes, ha decidido recurrir al populismo tremendista de Jean-Marie Le Pen o, en versión más castiza, España 2000 y Democracia Nacional.

La oposición del PP en la legislatura 2000-2004 pasará a la historia como el singular proceso mediante el cual un partido "de sistema", perfectamente integrado en las estructuras de la España democrática, ha ido calumniando e intentando destruir a todas las instituciones democráticas cual grupúsculo marginal: la judicatura, la policía, la guardia civil, los servicios de inteligencia, la Monarquía, el resto de formaciones políticas, todas las asociaciones de víctimas del terrorismo menos la suya, la política antiterrorista, la imagen exterior de España y mil más. La guinda de este recorrido hacia un fascismo perfectamente típico es la asimilación del discurso xenófobo ultraderechista: el "compórtate o lárgate" del SVP/UDC suizo, próximo al lepenismo. En cierto modo, me parece bien. Entre la nota obispera de la semana pasada y este giro fascista, ahora ya va quedando claro qué nos jugamos el 9 de marzo.

Estas han dejado de ser unas elecciones corrientes. A veces odio tener razón (y también aquí).

viernes 1 de febrero de 2008

La araña negra

Hoy, el obispero del PP ha hecho algo no por esperado menos espectacular: por primera vez en la historia de la democracia, se ha permitido dirigir abiertamente el voto de sus creyentes y de la ciudadanía en general. La nota de la Conferencia Episcopal papista es tan artera y maliciosa como todos los actos de un clero que ha escrito las páginas más negras de la Historia de España: carentes de la dignidad, estatura y valentía suficientes como para llamar a las cosas por su nombre, recurren al viejo truco de aquél alcalde que convocó una oposición municipal puntuando al candidato por su color del cabello, su estatura y el lugar donde cursó sus estudios.

Así, el obispero ha llamado a votar contra quienes negocien con ETA (no, Aznar no está incluido) o pacten con los nacionalistas ajenos a la cuerda beata; contra quienes hayan aprobado el matrimonio homosexual, la ley de la memoria histórica, el respeto a todas las clases de familia y la educación ética para la ciudadanía; contra el derecho al aborto y a la eutanasia; y en general, contra cualquiera que no siga ciegamente sus delirios medievales. Y por supuesto, a favor de quien les baile la tridentina agua. Que es, obviamente, el PP y quizás algún sector de CiU o el PNV.

Bien, quiero decir una cosa. La Iglesia Católica está en su pleno derecho de hacerlo. Esto es una democracia.

Al hacerlo, la Iglesia deja definitivamente de ser un operador religioso para convertirse en un agente político.

Desactiva así definitivamente el argumento tramposo de "si no sois creyentes, ¿por qué os importa tanto la Iglesia?". Bueno, pues es obvio: porque la Iglesia hace política, y la política nos afecta a todos. Después del día de hoy, la Iglesia Católica de España debe aceptar democráticamente las adhesiones y reacciones naturales que caracterizan a los agentes políticos. Ya no le vale escudarse en que cualquier crítica a sus acciones constituye anticlericalismo o persecución religiosa. En política se está a las duras y a las maduras.

Hoy, la Iglesia se ha manifestado como un asunto de todos, porque de todos es la democracia, el estado y la política. Al igual que sus dirigentes y militantes. En democracia, tenemos derecho a saber quién, qué y cómo está detrás de cada uno de los mecanismos del poder, y en qué condiciones, por si acaso constituyeran privilegios.

Hoy, la araña negra de que habló Blasco Ibáñez ha enseñado de nuevo los quelíceros con que viene envenenando a la sociedad española desde tiempo inmemorial. Pero ahora ya no estamos en los tiempos de Fernando VII, ni de la débil Primera República, ni en las tiranías que crearon y que todo les permitieron, ni de la acosada Segunda República. Ahora estamos en una democracia moderna, y tenemos derecho a exigir que, junto a los quelíceros, muestre también sus extremidades siniestras: las ocho patas arácnidas que se hunden en la educación, en la judicatura, en los negocios, en los medios de comunicación, en los partidos, en las confederaciones empresariales, en las asociaciones y en el estado. Como agente político que es, y por tanto, asunto de todos.

Hoy, la araña negra debe aceptar que surjan movimientos democráticos destinados a arrancar finalmente sus patas de los mecanismos de la sociedad española y a embotar esos quelíceros ponzoñosos.

Hoy, la Iglesia Católica de España me ha dado cuatro alegrías. Una a corto, otra a medio, otra a largo y otra al fondo. Atrapados en su mundo fantasioso de dioses psicóticos, milagros absurdos, vírgenes paridoras y santos que queman gente, no se han dado cuenta de cosas que hasta el más estúpido de los sociólogos sabe.

El tiempo lo mostrará.

miércoles 31 de octubre de 2007

Fue la clerigalla islámica

Ahora ya se puede decir con propiedad: fue la clerigalla islámica.

Una banda de fascistas, que ven en la fe musulmana lo que Hitler veía en Alemania, fue la autora del asesinato en masa de 192 conciudadanos nuestros en la terrible mañana del 11 de marzo de 2004. Españoles, rumanos, búlgaros, marroquíes, ucranianos, polacos. Nuestra gente. Los nuestros.

Existen incontables excusas en las que la clerigalla islámica se ampara para cometer sus atrocidades. Algunas de ellas son ciertas. Otras, incluso injusticias que claman al cielo. Pero esa no es una factura a nombre de los trabajadores y estudiantes de Madrid o, para el caso, de Bagdad. En realidad, no les importa. No les importa en absoluto. Temen el día en que pudieran quedarse sin esas excusas. Porque no desean la paz, la libertad y la justicia para su pueblo. Desean la guerra, la tiranía y la opresión clerical para todos los pueblos del mundo. Y especialmente para el suyo. Son como la peor memoria de nuestra clerigalla local, la de la Santa Inquisición y los Cien Mil Hijos de San Luis.

Son el enemigo. El enemigo de todos. De José y de Yusuf, de María y de Zoraida, de John y Tatiana. De ti y de mi.

No debemos darles ni una sola oportunidad. Hay que sacarlos de sus escondrijos y ponerles cara a cara con jueces democráticos. Hay que socavar su influencia social. Hay que cerrar el paso a la irracionalidad, y favorecer el de la racionalidad. Aquí y, sobre todo, allí. No con guerras estúpidas que sólo empeoran el problema, ni con declaraciones altisonantes, sino a la manera difícil pero eficaz: mojándose en el aquí y el ahora de nuestra realidad y también de la suya.

La clerigalla islámica no es la solución para nadie, sino una peste. Una peste que nos arrebató a 192 de los nuestros, y lleva muchos años arrebatando a cientos de miles de los suyos.

Maldigo a esta clerigalla que mató a 192 de los nuestros creyendo quizás hacer una justicia perversa. No la hicieron. Sólo cometieron otra injusticia más en su larga retahíla de crímenes.

Y digo que les vamos a ganar. Y que un día nos veremos libres de ellos, y serán sólo una sombra de la Historia como ahora son los Autos de Fe o el asesinato de Miguel Servet o Giordano Bruno.

Es la lucha de la razón contra las tinieblas. Hemos ganado todas las batallas de esa guerra, y vamos a seguir ganándolas hasta el final.

Y conseguiremos un mundo donde no hay cabida para esos espantajos.

martes 23 de octubre de 2007

Lugares comunes

domingo 14 de octubre de 2007

Los inmigrantes de Aznar

Me saca la sonrisa cínica ver ahora a los filibusteros del Partido Peligroso hacerse cruces de la inmigración y sus problemas. Lo malo que tiene existir –o gobernar, cuando gobernaban– de cara a la cámara y a la estadística electoral es que te deja a calzón bajado en cuanto alguien se molesta en mirar los datos duros y fríos.

Vamos a ver, aquí hay una cosa clara, números en la mano: la inmensa mayoría de la inmigración presente hoy por hoy en España entró con Aznar. Para ser exactos, tres y medio de los cuatro millones y medio de inmigrantes que hay en nuestro país. El último año de gobierno de Felipe González había empadronados en España 550.000 extranjeros, la mitad de ellos comunitarios. Y el último año de Aznar, había empadronados 3.730.610, es decir, tres millones y pico más; sólo un 12% eran comunitarios. Este año, curiosamente, hemos vivido el primer descenso en el número de inmigrantes extracomunitarios de toda la historia de la inmigración contemporánea en España. Sí, sí, con el gobierno de Zapatero, ese que nos iba a rendir ante la invasión.

Por tanto, quien en España quiera echar culpas sobre la inmigración, ya sabe adónde tiene que señalar: al empleado de Murdoch y de los especuladores que arruinaron a los accionistas de Terra, al mentiroso mayor del 11-M y al señor de los hilillos. En realidad nunca fue su intención evitarlo, sino más bien todo lo contrario. El neoliberalismo, para funcionar, necesita unas cuantas trampas de singular envergadura. Una de ellas es la necesidad de que haya siempre una reserva de parados en estado de desesperación, para presionar los salarios a la baja. Saben que siempre, en algún lugar del mundo, habrá unos cuantos millones de desgraciados disponibles para hacer dumping social y laboral. Ya se encargan ellos.

Y el modelo económico aznarista (el de la especulación inmobiliaria y el geriátrico de Europa) necesitaba enormes cantidades de esa mano de obra barata para sus parientes y socios, los patronos del ladrillo y del chiringuito, llámese playa, urbe o golf. Por no hablar del puterío. A Aznar y compañía no se le metieron tres millones de inmigrantes. Aznar y compañía dejaron pasar a tres millones de inmigrantes, y luego pretendieron mantenerlos en un limbo legal donde siguieran siendo fáciles de explotar y, en caso necesario, reprimir. Ya se sabe que para ellos, eso de los derechos ciudadanos, sociales y laborales es materia comunista e indeseable, y como todavía no se los pueden quitar a los de aquí (no del todo), ni de coña se los querían otorgar a los de allá. ¿Estropear el chollo? ¡Amos, anda!

El resultado era peligrosísimo: una masa sin apenas integrar, de número y configuración desconocidos, reventando a la baja el mercado laboral y social español: exactamente lo que se pretendía. Ahora costará muchos años rehacer lo destrozado, pero el primer paso se ha dado: la regularización.

Discutiremos más adelante, porque lo discutiremos, si toda esta gente hacía falta, si hacen falta más o menos y cómo fue el método para hacer que entraran en España. Lo evidente es que, metidos de mala manera y con nocturnidad y alevosía, constituía una ofensa económica, una lacra social y una inmundicia moral mantenerlos sin papeles. Pero, ¿de qué sorprenderse? Esta es la manera de hacer las cosas de los chicos de Aznar y Rouco Varela, para quienes lo importante, en el fondo, en el fondo, no es si eres marica, sino si se te nota o no; o sea, ir a la suya, cerrar los ojos ante la realidad y encarcelar sus consecuencias.