dijous, maig 10, 2007

Encuentro digital con Daniel Raventós, a propósito de la desigualdad

A lo largo de esta semana, se ha venido produciendo en la web La Fábula Ciencia un encuentro digital con el profesor Daniel Raventós, presidente de la Red Renta Básica y uno de los autores de este blog. El encuentro versaba sobre la desigualdad económica y la exclusión social. Lo reproducimos aquí por sus evidentes lazos con la temática de este blog.

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Hemos invitado a Daniel Raventós para responder a las preguntas de los internautas acerca de las desigualdades económicas y la exclusión social.
Daniel Raventós es economista y profesor titular del departamento de teoría sociológica y metodología de las ciencias sociales en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona. Es miembro fundador de la revista política internacional Sin Permiso. En la actualidad preside la Red Renta Básica (RRB), sección de la Basic Income Earth Network, y coordina la web de esta asociación. Es miembro del consejo científico de ATTAC en Cataluña y Madrid, así como del International Board de la Basic Income Earth Network (BIEN). Ha dedicado diversos trabajos a la renta básica y a la teoría social. Entre ellos el libro El derecho a la existencia (1999, Barcelona: Ariel) y La Renta Básica. Por una ciudadanía más libre, más igualitaria y más fraterna, del que fue editor (2001 y 2002, Barcelona: Ariel).
ENCUENTRO digital con Daniel Raventós


Moderador dijo...
Estimado Daniel Raventós: bienvenido a los encuentros digitales de La Fábula Ciencia. Después de treinta años de hegemonía neoliberal, ¿cuál es el saldo, en términos de libertades e igualdad, tanto a nivel mundial como en el seno de las sociedades occidentales más desarrolladas?

Si usted forma parte del diez por ciento más rico de la población mundial, las cosas deben haberle ido bien. Si forma parte del otro noventa por ciento, tiene posibilidades altas de que le hayan ido mal las cosas. Pero más concretamente. No hay estudios en abundancia sobre la distribución mundial de la pobreza y de la riqueza, pero el del World Institute for Development Economics Research (WIDER) de la Universidad de las Naciones Unidas en Helsinski es uno de ellos. Este estudio abarcaba el noventa y cuatro por ciento de la población mundial. En el año 2000, según afirma el WIDER, había ya 13,5 millones de personas que tenían más de un millón de dólares (por cierto, más de lo que indican los estudios de los administradores de fortunas Merrill-Lynch y Forbes). En el Reino de España existen oficialmente 677.089 personas físicas que tienen un patrimonio superior a los 150.000 euros (sin contar los bienes inmuebles): el 1,5% aproximadamente de toda la población.

Sabemos que actualmente miles de millones de personas subsisten con menos de un dólar por día, y que la mitad de la población mundial lo hace con dos dólares diarios. Pero también sabemos que si en el año 1900, aproximadamente, la diferencia entre el nivel de ingreso medio en los países ricos del “norte” y el de los países pobres del “sur”, era de 1 a 4, a principios del siglo XXI, la proporción es ya de 1 a 30.

Ante una situación de creciente desigualdad, la libertad se resiente. Igualdad y libertad no son independientes. Las grandes desigualdades sociales son un auténtico impedimento para la libertad de muchos millones de personas. La pobreza es, como se acostumbra a señalar, privación y carencia material; pero es también, como no es habitual que se señale, dependencia de la codicia de otros, hundimiento de la autoestima y compartimentación social de quien la padece. Quien es pobre (y recordemos que la acepción clásica de pobres es aquel que no tiene propiedad que le permita vivir; Dostoievsky lo expresaba en Crimen y castigo con pocas pero inequívocas palabras: “… era una pobre… en una palabra, que vivía de su trabajo…”) no tiene, por definición, garantizada su existencia material. Por ello, ve crecientemente menguada su libertad (en forma de “contratos de primer empleo”, precarización, temporalidad, o paro sin cobertura); y la creciente mengua de su libertad, redunda en el crecimiento de la desigualdad material. Esta desigualdad material está llegando en el país más poderoso del planeta a extremos que son difíciles de justificar incluso para los más conformes con el status quo. El veterano profesor de la Universidad de Maryland, Gar Alperovitz, en un artículo de principios de 2006 (www.bsos.umd.edu/gvpt/alperovitz/AnotherWorldIsPossible.pdf, artículo que en castellano puede leerse en www.sinpermiso.info) decía que en Estados Unidos actualmente los 2,5 millones más ricos de la población tiene más del doble de ingresos que los 100 millones de estadounidenses con menos ingresos. Que es lo mismo que decir que ¡el 1% de la población más rica dobla los ingresos del 34% del estrato inferior! Una desigualdad tan acusada afecta a la libertad de la mayoría.


Lluís dijo...
Estimado Daniel: te haré una pregunta quizá un poco abstracta, pero (creo que coincidirás conmigo) importante: ¿crees que dentro del sistema capitalista se puede llegar a una situación estable de igualdad económica tal que no haya individuos que se vean obligados a vivir con el permiso de terceras personas y, también, tal que no haya poderes económicos capaces de poner en jaque a los estados democráticos? Y, de no ser así, ¿qué alternativa crees que podria suplantar al capitalismo?

Eso no es un pregunta, ¡al menos son tres! Interesantes, por supuesto, pero no fáciles de responder en pocas palabras. Voy a intentarlo. Mi primera respuesta es no. No creo que dentro del capitalismo, tal como lo hemos conocido (y bien es verdad que hablar de “un” capitalismo es simplificar mucho, porque del capitalismo anterior a la Primera Guerra Mundial, al capitalismo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial y al que tenemos hoy a principios del siglo XXI, ¡hay grandes diferencias!) pueda llegarse a una situación de igualdad económica en que todos puedan vivir sin el permiso cotidiano de otras personas. La segunda respuesta es no. Creo que hay buenas razones para pensar que el capitalismo es inconcebible sin poderes económicos (básicamente las grandes transnacionales) dictando a los estados democráticos hasta dónde pueden llegar. Y la tercera respuesta es que cualquier proyecto que pueda suplantar al capitalismo tal como lo conocemos deberá tener como primera prioridad que los intereses de unos cuantos miles de personas no puedan dictar las condiciones materiales de existencia de centenares de millones, como ocurre hoy en día. Eso quiere decir, por ejemplo, asegurar que: todo el mundo tiene la existencia material asegurada, la propiedad tiene responsabilidad social y no está solamente para enriquecer a unos pocos… lo que comporta medidas prácticas como la prohibición de los paraísos fiscales y de las deslocalizaciones (lo que habría de hacerse mediante cambios en la legislación internacional, por supuesto), y el establecimiento de una Renta Básica de ciudadanía. Quizás pueda llamarse aún capitalismo a lo que quede después de estas medidas, pero sería un capitalismo a buen seguro muy diferente al que se conoció a lo largo del siglo XX y, por supuesto, al que conocemos hoy.


Luis Valcarce dijo...
Estimado Daniel: ¿qué opinión le merecen las últimas reformas tributarias en materia de IRPF e IS (impuesto de sociedades)? A mí me da la sensación de que la progresividad se resiente cada vez más. Un saludo.

Opinión negativa. La reforma del IRPF votada en las cortes españolas el pasado 18 de mayo puede resumirse en pocas palabras: el tipo máximo pasa del actual 45% al 43%; se pasa de los cinco tramos actuales a cuatro; se establece un tipo único del 18% (hasta ahora, era del 15%) para todas las variedades de ahorro: cuentas bancarias, fondos de inversión, etc.; se retocan algunos detalles de las desgravaciones por vivienda, pero se mantiene el 15% de deducción con un máximo de 9.015 euros anuales; se mantiene una diferencia importante entre la base especial y la general (es decir, no todos los euros tributan con el mismo criterio, puesto que dependiendo de su origen lo hacen en mayor o menor cuantía).

En cuanto al impuesto de sociedades, ya en noviembre de 2005 se anunció que el gobierno del PSOE pensaba rebajar el impuesto de sociedades de las grandes empresas, es decir, las que facturan más de 8 millones de euros anuales: bajará del 35% al 30%. Ello supondrá unos 4.500 millones de euros que dejará de recaudar el estado con motivo de la reforma tributaria IRPF e IS. No es difícil sacar conclusiones. En la Comunidad Autónoma del País Vasco, por poner un ejemplo de una zona de la que dispongo de datos precisos, 54.563 empresas hacen declaración de impuesto de sociedades, pero 30.847, es decir, bastante más de la mitad, no pagan ni un euro de impuestos.

A lo largo de los últimos lustros se ha ido imponiendo la absurda idea, que han abrazado con mayor o menor entusiasmo algunas izquierdas después de proclamarlo las derechas de todo tipo, de que cuantos menos impuestos se paguen, mejor. No puedo más que recordar lo que Cass Sunstein, profesor de la Universidad de Chicago y uno de los constitucionalistas estadounidenses más prestigiosos, ya dejó escrito hace ocho años en la entrevista que le realizó el University of Chicago Chronicle (puede leerse en castellano la entrevista completa en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1135): “Lejos de ser una obstrucción a la libertad, los impuestos son una condición necesaria de su existencia.”
Esta forma de entender los impuestos ha provocado que, como afirmaba recientemente el analista alemán Elmar Alvater, refiriéndose a la publicación del FMI World Economic Outlook de abril de 2007: “se muestra que la proporción representada por los ingresos del trabajo en el producto social en los países industriales no ha dejado de bajar en los últimos diez años: en la Europa continental, se ha pasado del 74% al 63%; en EEUU, del 64% al 60%; en Japón, de un 70% a un 58%.”


Dolores dijo...
Estimado Dani, como economista y presidente de la Red Renta Básica en España, quisiéramos preguntarte lo siguiente: ¿cuáles serían los posibles efectos, positivos y negativos, que traería como consecuencia la implementación de una Renta Básica de Ciudadanía en un país como Venezuela, que depende casi exclusivamente de la renta petrolera? ¿qué impacto inflacionario supondría el aumento del flujo de capital de los venezolanos una vez se otorgara la Renta Básica?, y por último, ¿qué porcentaje del PIB se consideraría aceptable utilizar (como máximo) para implementar la Renta Basica en Venezuela? Muchas gracias por tu atención. Un abrazo.

No conozco suficientemente la economía venezolana y cualquier opinión que aventurase sería, en consecuencia, temeraria. Sí, en cambio, soy de la opinión de que muchas de las virtudes atribuidas a la Renta Básica (precisamente La Fábula Ciencia publicó un artículo, http://www.lafabulaciencia.com/archivo/06/06-octubre/tribuna.html, en donde se comentaban algunas de ellas) son perfectamente aplicables a Venezuela.

El impacto inflacionario de una Renta Básica, tanto en Venezuela como en cualquier otro país, depende de la forma de financiarse que se adoptase. Hay formas que podrían ser inflacionarias y, por ello mismo, desaconsejables, y otras que no. Se han realizado distintas propuestas de financiación para zonas geográficas muy amplias que abarcan muchos estados (UE, por ejemplo), propuestas específicamente para estados, y propuestas para naciones que no tienen estado (Cataluña, por ejemplo) y que pretenden no ser inflacionarias.

Por distintas razones, creo que la Renta Básica, si logra introducirse en el debate social y político en Venezuela, al menos como ha logrado hacerlo en otros países latinoamericanos como Argentina, Brasil y, más recientemente, México, puede desplegar muchas de sus virtudes en dicho debate.


Alfonso dijo...
¿No sentimos todos algo de impotencia cuando una gran empresa como es el caso de Delphi ignora a los trabajadores, los sindicatos, a todo un pueblo y sigue con sus planes como si tal cosa? Es como si la democracia ya no tuviera capacidad de decisión.

El caso de la empresa Delphi, efectivamente, es para reflexionar sobre distintos problemas. Voy a mencionar dos que me parecen particularmente importantes. En primer lugar, las subvenciones públicas que reciben muchas grandes empresas y que éstas utilizan para el más estricto interés privado; en segundo lugar, la democracia (por laxa que sea la concepción que uno pueda tener) poco tiene que ver con que un consejo de administración pueda dictar las condiciones materiales de existencia de miles de personas.

Anónimo dijo...
Querido Daniel: pienso que ya existen modelos de organización social y económica alternativos al capitalismo, pero se ha producido un absoluto divorcio entre los intelectuales progresistas y la ciudadanía. Pienso que este divorcio se debe en parte a la exclusión de estas voces disidentes, pero también a que a veces el lenguaje se ha vuelto incomprensible. ¿Qué podemos hacer para salvar este abismo? Gracias.

Creo que puedo saber a qué se refiere cuando dice “se ha producido un absoluto divorcio entre los intelectuales progresistas y la ciudadanía”, pero creo que es más interesante la otra parte de su pregunta. Cuando dice que “el lenguaje se ha vuelto incomprensible” toca un punto al que soy particularmente sensible. Una vez me comentaron algo que creo puede resumir parte de mi punto de vista. El comentario venía a decir que los intelectuales (y no creo necesario entrar en precisiones sobre qué es un intelectual) se dividen en dos grandes grupos. El primero está formado por aquellos que consideran que el mundo es muy complicado, pero que hay que explicarlo lo más claramente posible; el segundo grupo está formado por aquellos que consideran que el mundo es sencillo, pero que hay que explicarlo lo más oscuramente posible. No hace falta decir que el grupo interesante es el primero. Pero desgraciadamente debo añadir que el segundo es mayoritario. Claro que parte de la culpa de ello es el lenguaje pretencioso y vacío de buena parte de los postmodernos, pero también es verdad que el pavoneo con lenguajes oscuros no es solamente patrimonio de estos últimos. Muchas veces me viene a la memoria la inmortal sentencia que con mucha retranca Mijaíl Bulgákov pone en boca de uno de sus personajes de El maestro y Margarita: “Hay que reconocer que entre los intelectuales también se encuentra gente con cerebro. No hay duda.”


tito dijo...
¿Podría convertirse en la Renta Básica en España en un factor de cohesión entre los habitantes de las comunidades autónomas? Gracias.

No puedo saber con precisión a qué se refiere con “cohesión”. Si por cohesión entre los habitantes de los distintos territorios del reino de España se refiere a evitar la animadversión que la derecha y algunos sectores de izquierda ultraespañolistas está consiguiendo establecer contra catalanes y vascos entre buena parte de la población española, poca cosa puede hacer la Renta Básica, en verdad.


André (Galicia) dijo...
Buenos días. Me gustaría serle completamente honesto. Soy muy pesimista acerca del futuro del mundo y de la democracia desde el momento en que aceptamos los procesos de privatización de recursos naturales. Me gustaría conocer su opinión acerca de este punto. Cordialmente.

Permítame, antes de entrar directamente a su pregunta, una pequeña digresión sobre el optimismo y el pesimismo.

A la hora de razonar, no creo que tenga el menor interés en el asunto que uno sea más o menos “optimista” o “pesimista”, que dependerá de estados de ánimo que, a su vez, pueden estar en manos del exceso o falta genéticos de determinados neurotransmisores, de las drogas que ingerimos o no, de la vida sexual que desarrollemos en relación a los objetivos previamente marcados, del ejercicio físico que practiquemos, de los resultados de nuestro equipo de fútbol preferido y de muchos otros factores que poco tienen que ver, o a lo sumo de forma anecdótica, con el análisis. Descontado por sabido el significado trivial de “juzgar las cosas en su aspecto más favorable”, un optimista (o un pesimista) verá o evaluará o enfocará una situación de forma muy diferente según los mecanismos de análisis empleados. Pero poco tendrá que ver este enfoque o evaluación con este optimismo (o pesimismo). Tendrá que ver con los mecanismos analíticos empleados. Un optimista visceral puede considerar que una situación determinada es desastrosa. Una pesimista reincidente puede evaluar una situación concreta con los colores más agradables. Un(a) optimista o un(a) pesimista también puede estar sobrado o escaso de características tales como la oligofrenia, el carcamalismo, la torpeza analítica, la ingenuidad compulsiva, la estolidez política, la sagacidad argumentativa… Todo esto tendrá más relación con un buen o mal análisis que el provisional o permanente estado de pesimismo u optimismo. Aun así, en muchos debates tabernarios, académicos o deportivos, el estado de ánimo sale de inmediato como una supuesta razón a esgrimir. O algo a tener en cuenta. Las palabras “optimista” y “pesimista” y sus derivadas se interponen con lo que no viene a cuento. Más allá de algún detalle sin importancia, el optimismo o el pesimismo nada tienen que ver con un buen o mal análisis. El análisis tiene sus reglas estemos o no sobrados de endorfinas en tal o cual ocasión. Lo que no debe ser a su vez ningún obstáculo para intentar todo aquello que se crea justo conseguir. Creo que puede resumirse perfectamente con la archiconocida sentencia de Antonio Gramsci cuando se refería al pesimismo de la inteligencia y al optimismo de la voluntad.
Entro directamente a su pregunta. Existen desde hace tiempo justificaciones de teoría económica estándar sobre los supuestos beneficios de la privatización de muchos factores (servicios, empresas clave…). Y, ¡cómo no!, no podía faltar también la justificación de la privatización de los recursos naturales. Mi opinión es contraria. No se me ocurre una buena razón (buenas razones no son las vulgaridades interesadas del estilo de que “el propietario cuidará mejor el recurso natural porque es suyo”) por la que los recursos naturales favorezcan más a la comunidad estando en manos privadas que siendo propiedad pública.


Moderador dijo...
Estimado Daniel Raventós: en la actualidad no hay un sujeto histórico homogéneo que, al modo del proletariado, pueda convertirse en motor de un cambio frente al creciente poder económico del capitalismo. Al mismo tiempo, los sindicatos y los partidos políticos atraviesan por una crisis de popularidad. ¿Pueden las asociaciones jugar un papel dinamizador de la cultura y la sociedad democráticas? ¿Cuáles son sus limitaciones? Gracias por aceptar nuestra invitación a los encuentros de La Fábula Ciencia.

Yo no afirmaría tan contundentemente que “en la actualidad no hay sujeto histórico”. Bien es verdad que con este rótulo y muchos de parecidos se han dicho auténticas barbaridades, se han justificado las aberraciones más infames, y se han hecho muchos ejercicios de mala escolástica. Pero siempre tenemos tendencia a estar muy influidos por la situación más inmediata. Cuando pintan bastos, siempre pintarán bastos; cuando fluye la bonanza, siempre habrá bonanza. ¿Alguien podía llegar a imaginar hace tan sólo diez años o incluso menos que América Latina tendría gobiernos democráticos que intentan resistir las consecuencias de lustros de neoliberalismo? ¿Alguien podía pensar hace diez años que los indios americanos irrumpirían en la escena política latinoamericana con la fuerza y contundencia que lo han hecho? Quizás alguien lo pensara, sí, pero no era un pensamiento muy extendido, realmente.

Las asociaciones, tal como las conocemos hoy, no son nada parecido a un posible sustituto del proletariado como sujeto histórico, por utilizar sus mismas palabras. Las asociaciones están, en general, muy centradas en uno, dos o, a lo sumo, pocos temas. Y lo que hacen para el desarrollo y conocimiento de estos temas propios es muy interesante y difícil de sustituir, pero no representan nada que ni remotamente pueda suponer una alternativa de cambio global. Y bien está que sea así, tampoco creo que pretendan otra cosa las asociaciones. Además, son muy heterogéneas. En mi propia asociación hay miembros que se situarían en la derecha política (pocos, es verdad), otros que lo harían en la izquierda moderada, y otros aún que lo harían en la izquierda de la izquierda. La asociación une a sus miembros solamente por su defensa de, en este caso, la Renta Básica. Pero por lo que hace a opiniones políticas y sociales, pueden encontrarse muchas diferencias entre distintos medios de la asociación. Y bien está que así sea. Porque la asociación tiene como empeño la defensa de la Renta Básica (como otras tendrán otros muy variados objetivos específicos), nada más.

Muchas gracias a vosotros por la invitación.

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dilluns, gener 29, 2007

Entrevista a Daniel Raventós, presidente de la Red Renta Básica

Daniel Raventós

El número 4 de la revista Panorama Social, editada por la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), entrevistó a Daniel Raventós acerca de la relación entre el Estado de bienestar (a cuyo tema está dedicado este ejemplar) y la Renta Básica. Condujo la entrevista la coordinadora de Panorama Social y profesora titular de la UNED, Elisa Chuliá.


Los sistemas de protección social europeos se fueron construyendo a lo largo del siglo XX sobre una idea central: la necesidad de proteger a los individuos (bien a los trabajadores y a sus familias, bien al conjunto de la ciudadanía) de las contingencias derivadas de la pérdida de la salud, el trabajo remunerado o la capacidad para ejercerlo. Esta filosofía ha marcado en gran medida el desarrollo de los estados de bienestar, uno de cuyos pilares centrales constituyen los sistemas de pensiones y prestaciones económicas (de jubilación, viudedad, incapacidad, desempleo o maternidad). Pese al recurrente debate sobre las dificultades de financiación de los estados de bienestar, lo cierto es que este modelo institucional, tal como hoy se conoce, ha resultado muy estable.

No obstante esta estabilidad, en los últimos años se ha avivado el debate en torno a propuestas alternativas. Entre ellas destaca la de la renta básica, concepto que hace referencia a un “ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”. Ésta es la definición que aparece en la página web de la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org), una asociación que inició su actividad a principios de 2001 y que define sus fines como “la promoción y difusión de estudios y la investigación científica sobre la renta básica, para un mejor conocimiento de la propuesta y de su viabilidad". Desde 2002 la Red Renta Básica está integrada en la organización internacional Basic Income Earth Network (BIEN), que entre sus principales actividades organiza un congreso mundial cada dos años para reunir a gente interesada en la renta básica.

Daniel Raventós, uno de los fundadores y presidente actual de la Red Renta Básica, es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Barcelona. Ha dedicado diversos trabajos a la renta básica, entre ellos el libro El derecho a la existencia (1999, Barcelona: Ariel), La Renta Básica. Por una ciudadanía más libre, más igualitaria y más fraterna, del que fue editor, (2001 y 2002, Barcelona: Ariel) y (con Jordi Arcarons, Alex Boso y José Antonio Noguera) el estudio La Renda Bàsica de Ciutadania: una proposta viable per a Catalunya (2005, Barcelona: Mediterrània). En esta entrevista, Raventós contesta a algunas cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de la renta básica y los principios ético-filosóficos que subyacen a ella. Asimismo aclara ciertos malentendidos que con frecuencia se asocian a la renta básica y aporta información valiosa sobre el avance de esta propuesta en la práctica.

Panorama Social
: ¿En qué se diferencia la propuesta de la renta básica (RB) de otras propuestas como las rentas mínimas de inserción (RMI) o como el impuesto negativo sobre la renta (INR)?

Daniel Raventós: Con las RMI hay muchísimas diferencias; con el INR también, aunque técnicamente menos. Las RMI, que están introducidas en muchos países europeos, incurren en las conocidas trampas de la pobreza y el desempleo. Los programas de RMI contemplan prestaciones en dinero que no son acumulativas. Son prestaciones que, a lo sumo, complementan una posible renta percibida hasta el umbral que el programa fije. Esta condicionalidad supone un estímulo negativo para aceptar posibles ofertas de trabajo de baja remuneración (los pocos beneficiarios de estos programas no acostumbran a tener una calificación laboral muy alta) o incluso de trabajo remunerado a tiempo parcial. No estimula a hacerlo porque se pierde una unidad monetaria de prestación por cada unidad monetaria de ingreso salarial que pudiera provenir en el caso de aceptar estos trabajos. Ahora bien, los beneficios a corto plazo que implica la obtención de dos rentas (la de la prestación y la de un trabajo sumergido) estimulan el trabajo sumergido y, por tanto, el “pequeño” fraude fiscal. Aunque los perjuicios a largo plazo (no se generan derechos para una pensión contributiva) y a no tan largo plazo (la imposibilidad de acceder al seguro de desempleo) son muy grandes, las necesidades del corto plazo pueden pesar más.

La cobertura insuficiente de los programas de RMI es otro de los problemas de estos programas. Efectivamente, no llegan a alcanzar a la totalidad de la población que potencialmente podría llegar a ser beneficiaria. Asimismo, la estigmatización de los beneficiarios representa un problema no menor asociado a las RMI. Algunas de las personas beneficiarias de estos programas se consideran, por el hecho mismo de entrar en un programa para pobres, fracasadas socialmente. De ahí la calificación de estigma social para referirse a este problema.

Estos programas, a su vez, suponen unos costes de administración muy importantes. La proporción de este coste en relación al presupuesto total del programa es muy elevada. Ello es así porque hay personal implicado en la selección, el seguimiento de los beneficiarios, la evaluación de los resultados, etc. Todo esto cuesta dinero. Además, como quiera que se ha de cumplir una serie de condiciones para acceder a las RMI y estas condiciones deben ser regularmente controladas, se produce una invasión inevitable de las vidas de los beneficiarios de las RMI.

Las RMI también plantean problemas relacionados con las transformaciones más propias de la crisis del estado de los últimos 30 años. Por ejemplo, la desconexión de las RMI (entre otras prestaciones sociales) del sistema fiscal motiva que los gastos fiscales superen en no pocas ocasiones a las cantidades de las prestaciones de las RMI (y de otras prestaciones). Ello genera una evidente falta de equidad puesto que, además, las desgravaciones y deducciones fiscales benefician de forma muy mayoritaria a las franjas de rentas medias y superiores.

Finalmente, habría que mencionar los problemas más directamente relacionados con los programas de inserción laboral (las propias RMI) o de trabajo remunerado protegido. Como se decía en una investigación en la que participé con varios miembros de mi asociación (La Renda Básica de Ciutadania. Una proposta viable per a Catalunya): “En el primer caso, la promesa de inserción laboral raramente se cumple en condiciones normales equiparadas a las del resto de la población ocupada estable, de forma que los diferentes ‘planes de inserción’ a menudo se convierten en una serie de actividades para ‘tener entretenidos’ a los pobres, más que un proceso de inserción con garantías reales de éxito. En el caso de la ocupación social protegida, los trabajos proporcionados acostumbran a ser, en muchos casos, desagradables y poco calificados; lo que hace difícil conseguir los objetivos previstos de inserción, reconocimiento social y similares: un trabajo ‘de caridad’ no es mucho mejor que una renta ‘de caridad’”

Respecto al INR, la RB presenta menos diferencias. La que a mí me parece más importante estriba en que un programa de INR solamente alcanzará los efectos deseados sobre la pobreza si se complementa con un sistema de pagos por adelantado suficientes para posibilitar que la gente pueda sortear la miseria, hasta que puedan comprobarse sus declaraciones de impuestos al final del año fiscal.

Panorama Social: ¿Qué ventajas sociales tiene un esquema de provisión de renta básica sobre un sistema de bienestar como el de la mayoría de los estados del bienestar europeos, que combinan prestaciones universales (como la sanidad y la educación), contributivas (como las pensiones) y no contributivas (como los subsidios)?

Daniel Raventós
: Yo creo que muchas, aunque para evitar una desgraciadamente frecuente confusión, no debe considerarse la RB incompatible con algunas de las grandes conquistas del estado de bienestar, por ejemplo, la sanidad y la educación públicas. Ningún partidario de la RB que yo conozca está proponiendo financiarla mediante la privatización de la educación y la sanidad. Personalmente añado lo siguiente para dejarlo bien claro: si así se financiase una RB, los efectos para la población más pobre y de menor renta serían muy probablemente peores que dejar las cosas tal como están.

Pero, entrando más directamente en la pregunta formulada, creo que pueden establecerse una serie de ventajas de la RB sobre las prestaciones de los estados de bienestar que conocemos:

- La RB suprime de raíz la lacra conocida por “estigmatización”. Al tener derecho a ella de forma universal, sin condición adicional a la de ciudadanía o residencia, no estigmatiza a los perceptores porque lo serían todas las personas.

- La RB permite una mayor flexibilidad del mercado de trabajo. Ahora bien, esta flexibilidad iría acompañada por una gran protección para el trabajador. Le permitiría mayor libertad para elegir un trabajo. Una cuestión especialmente importante es que posibilitaría una elección crucial: la de no trabajar asalariadamente. Es decir, la fuerza de trabajo sería, parcialmente al menos, desmercantilizada. También abriría más posibilidades de elección sobre la forma organizativa del trabajo remunerado (autoocupación o cooperativas, por ejemplo).

- La RB evita las ya mencionadas trampas de la pobreza y del desempleo. Estas trampas aparecen por el hecho de que las cantidades monetarias de los subsidios condicionados no son acumulativas (es decir, que son subsidios complementarios a una renta ya existente y hasta un umbral establecido). Se explica así la inexistencia de estímulos para aceptar ocupaciones a tiempo parcial o de cualquier remuneración. Técnicamente lo podemos expresar de la siguiente manera: el tipo impositivo marginal que se aplica a cada unidad monetaria que no sea la del subsidio condicionado es en muchos casos del 100%, es decir, se pierde una unidad monetaria de prestación por cada unidad monetaria de ingreso salarial que se pueda obtener. A diferencia de los subsidios condicionados, la RB no constituye un techo, sino que define sólo un nivel básico, a partir del cual las personas pueden acumular cualquier otro ingreso (el trabajo remunerado incluido).

La RB permite otro reparto de los tres tipos de trabajo (remunerado, doméstico y voluntario). Las personas son más libres de decidir cuándo y cómo prestan su fuerza de trabajo a cambio de un salario, si prefieren realizar un trabajo voluntario o dedicar más tiempo al trabajo reproductivo o doméstico. Asimismo, la RB mitiga la aversión al riesgo y permite una mayor innovación. Hay dos tipos de emprendedores: aquellos que tienen un colchón (familiar la mayoría de las veces) que les permite plantear un proyecto empresarial de forma racional, y aquellos para los cuales la autoocupación es la única salida laboral. En estos casos, el riesgo es no sólo perder la inversión, sino también los medios de subsistencia, lo que hace cualquier decisión mucho más angustiosa. Pero no sólo esto: en muchos casos, la falta de capital inicial mínimo retrae a potenciales emprendedores; la RB podría facilitar la capitalización de los pequeños proyectos empresariales y, al tiempo, permitiría sobrevivir sin depender del éxito de estos proyectos.

Por lo demás, la RB elevaría simultáneamente los salarios de los trabajos poco atractivos, poco estimulantes, que ya nadie se vería obligado a aceptar para subsistir, y reduciría los salarios medios de los trabajos atractivos e intrínsecamente gratificantes. Los trabajos penosos, los que se desempeñan bajo condiciones físicas extremas, dejarían de ser aceptados con los niveles salariales actuales. De este modo, aumentaría la presión sobre los empresarios para asumir incrementos salariales sustanciales que hicieran atractivas las mencionadas tareas. En definitiva, la RB daría una mayor capacidad de negociación a los trabajadores.

Panorama Social: ¿Supondría la introducción de la RB la supresión del sistema de prestaciones contributivas de la Seguridad Social?

Daniel Raventós: Depende siempre de la forma de financiación de la RB. En el estudio antes citado se proponía la supresión de las prestaciones contributivas inferiores a la cantidad de RB. Las superiores quedarían suprimidas solamente en la cantidad que fuera igual a la de la RB. Esto es, la diferencia entre la prestación percibida y la RB seguiría percibiéndose. En ningún caso, en la propuesta mencionada, un pensionista saldría perjudicado (a lo sumo, en el caso de las pensiones más altas, quedaría igual como está ahora) y la inmensa mayoría saldría beneficiado.

Panorama Social: La introducción de una RB para todos los ciudadanos de un país plantearía necesariamente la pregunta de quién es ciudadano. De no limitar la condición de ciudadano a los nacionales de un país, ¿no se incentivaría la inmigración masiva, generando una presión insostenible sobre las finanzas públicas del país que hubiera introducido la renta básica?

Daniel Raventós
: Creo que en esta pregunta hay muchos conceptos mezclados: ciudadanía, residente acreditado (o no), causas de la inmigración…. Para ser breve, desarrollaré solamente una línea de argumentación de las muchas que creo que pueden esgrimirse.

Bien podría decirse, siguiendo la lógica de que cuanto mejor estén los peor situados en los países ricos mayor “efecto llamada” se produciría entre los pobres de los países pobres, que cualquier medida que suponga una mejora de la situación de los sectores más pobres de los países ricos incentivaría la inmigración. Las reformas sociales que en los países ricos merezca la pena impulsar pueden suscitar argumentos favorables o contrarios, pero es de dudosa coherencia el de “puesto que los habitantes de los países pobres no disponen de esta prestación o derecho, no se debe poner en práctica”. Por poner algunos ejemplos: la reducción de la jornada laboral, los aumentos salariales, la extensión de la cobertura de las prestaciones por desempleo, el adelanto de la edad de jubilación… Cuando se discuten estas demandas sociales, en los países ricos no se está pendiente de cómo pueda repercutir su introducción entre la población de los países pobres. Y es muy razonable pensar y actuar de esta suerte.

La presión de emigrar de los países pobres hacia los ricos nace del convencimiento de la imposibilidad de llevar una vida en el propio país que merezca el calificativo de digna. Si esto es así, las supuestas consecuencias sobre el “efecto llamada” de la introducción de una RB deberían limitarse. En cuanto a la “presión insostenible sobre las finanzas públicas”, cabe remitir al ya mencionado estudio porque esta pregunta exigiría una contestación más larga de lo que permite el espacio de esta pequeña entrevista. Pero la respuesta rotunda es: de ninguna manera. En www.redrentabasica.org también pueden encontrase algunos trabajos que abordan directamente esta cuestión.

Panorama Social
: ¿No sería mejor potenciar todas aquellas medidas que favorezcan la posibilidad de encontrar trabajo?

Daniel Raventós: Defender la RB no significa sostener también la opinión según la cual disponer de un trabajo remunerado reconocido socialmente carece de valor. Ser partidario de la RB es perfectamente compatible (hasta complementario, podría afirmarse) con la defensa del acceso a un trabajo remunerado para quien quiera tenerlo. Más bien, algunos defensores de la RB han expuesto las ventajas que la RB podría suponer para posibilitar el acceso a un trabajo de este tipo. Entre estas ventajas, cabe mencionar telegráficamente las tres que siguen:

- En primer lugar, la RB podría facilitar que muchas personas pudieran trabajar menos horas, mediante jornada a tiempo parcial, porque circunstancias de la vida provisionales (estudios, formación laboral…) así lo aconsejasen.

- En segundo lugar, la RB permitiría un mayor acceso al trabajo remunerado o empleo para muchos individuos, de varios modos: a) suprimiría la famosa “trampa del desempleo”; b) podría permitir una mayor flexibilización del mercado de trabajo que no se tradujese en desprotección e inseguridad social, como ocurre en la actualidad, al aumentar el poder contractual de la parte débil del contrato laboral; c) haría más factible para muchas personas la aceptación de determinados tipos de trabajos que pueden ser demandados e incluso atractivos, pero que por su baja productividad son mal pagados.

- Finalmente, con la RB las condiciones de posibilidad de una mayor autoestima aumentarían a través de la realización de distintos tipos de ocupación, dado que ésta ya no sería “artificial”, simplemente para garantizar la “asistencia” a los desempleados. Si a esto añadimos que la RB aumenta la fuerza negociadora del empleado potencial (la parte débil del contrato laboral), los salarios de los trabajos desagradables deberían subir -o sus condiciones hacerse más aceptables- para generar una oferta de trabajo suficiente. La RB implicaría incrementar la posibilidad de elección de un trabajo (en vez de estancar a la gente en la “trampa del desempleo” o en trabajos absurdos garantizados de forma workfarista).

Además, conviene destacar que la RB no discriminaría entre quienes realicen empleo remunerado y quienes lleven a cabo trabajo doméstico o voluntario: todos recibirían una renta, con lo cual aumentaría el grado de equiparación entre los tres trabajos mencionados.

Panorama Social
: ¿Qué justificaciones filosóficos políticas (o éticas, quizás) se han ofrecido sobre la RB?

Daniel Raventós: Desde bien conocidas posiciones filosóficas liberales (académicas) de izquierda, como la de John Rawls y la de Philippe Van Parijs, y de derecha, como la de Robert Nozick, se han dado sofisticadas argumentaciones. No quiero dar a entender con ello que autores como Rawls o Nozick estuvieran de acuerdo con la RB (el caso de Van Parijs es diferente porque “ideó” una teoría de la justicia precisamente para justificar la RB); lo que afirmo es que hay quien basándose en las teorías de la justicia de estos autores ha desarrollado una justificación normativa.

Un grupo de economistas, filósofos y sociólogos ubicados principal pero no únicamente en Barcelona, estamos trabajando desde hace algunos años en una justificación normativa republicana (tradición más de dos veces milenaria del pensamiento social y político) de la RB. Muy brevemente, la justificación va por este camino:

(1) Ser libre significa no depender de otro particular para vivir, no ser arbitrariamente interferible por este otro particular. Quien depende de otro para vivir, no es libre. Quien no tiene asegurado el “derecho a la existencia” por carecer de propiedad, no es sujeto de derecho propio –sui iuris—, vive a merced de otros, y no es capaz de cultivar ni menos de ejercitar la virtud ciudadana, y ello porque esta dependencia de otro particular le hace un sujeto de derecho ajeno, un alieni iuris, un “alienado”.

(2) La libertad republicana puede alcanzar a muchos (democracia plebeya, como defienden los republicanos democráticos) o a pocos (oligarquía plutocrática, como defendieron los republicanos oligárquicos), pero siempre está fundada en la propiedad y en la independencia material que de ella deriva. Cuando la propiedad está muy desigualmente repartida, poco espacio hay, si alguno, para la libertad del resto que está privado de aquélla. La independencia, la existencia material, la base autónoma (son expresiones aquí perfectamente permutables) que confiere la propiedad es condición indispensable para el ejercicio de la libertad. De ahí la idea defendida por parte de los defensores republicanos de la RB: “universalizar la propiedad”. Universalizar la propiedad debe entenderse de forma metafórica. Nadie está pensando seriamente en repartir la propiedad de un país dado, o del mundo, entre los habitantes del país en cuestión en el primer caso, o del mundo en el segundo. Universalizar la propiedad debe ser entendido aquí de forma equivalente a tener la existencia material garantizada.

La instauración de una RB supondría una independencia socioeconómica, una base autónoma de existencia, mucho mayor que la actual para buena parte de la ciudadanía, sobre todo, para los sectores de la ciudadanía más vulnerables y más dominados en las sociedades actuales (buena parte de los trabajadores asalariados, pobres en general, parados, un buen número de mujeres, etc.). En definitiva, la libertad republicana, para algunos grupos de vulnerabilidad, vería ensanchadas sus posibilidades con la existencia de una RB.

Panorama Social: ¿Existen experiencias en otros países que permitan valorar hasta qué punto la propuesta de la RB consigue los objetivos que se persiguen con su implantación?

Daniel Raventós
: En el estado norteamericano de Alaska existe desde 1982 una RB. Ya hace pues un cuarto de siglo que toda persona que resida legalmente en Alaska un mínimo de 6 meses recibe una RB. Actualmente cerca de 700.000 personas cumplen esta condición de ser residentes legales de aquel lugar. La historia merece ser contada aunque sea brevemente.

Jay Hammond, que murió en 2005, es uno de los nombres asociados a esta historia. Fue el gobernador de Alaska durante 8 años, de 1974 a 1982. La Bahía de Prudhoe, en Alaska, es rica en petróleo y Hammond defendía que la riqueza generada beneficiase a la población presente y futura de aquella zona. En concreto, Hammond propuso la constitución de un fondo que tuviera por objetivo asegurar, mediante un depósito de una parte de los ingresos que proveía el petróleo, la continuidad del beneficio de esta riqueza. Fue en 1976 cuando se creó el Alaska Permanent Fund para tal fin.

La RB de Alaska es un dividendo correspondiente a una parte del rendimiento medio, a lo largo de los cinco años precedentes, del fondo permanente constituido a partir de los ingresos de la explotación del petróleo. Este fondo ha sufrido muchas modificaciones, representando actualmente una cartera diversificada a escala mundial. La RB de Alaska supuso en el año 2000 un monto de 2.000 dólares para todo residente. Si la riqueza en el conjunto de Estados Unidos a lo largo de las últimas décadas ha tendido a distribuirse a favor de los más ricos, en Alaska ha seguido una tendencia contraria, haciendo de Alaska el Estado más igualitario de los Estados Unidos. La RB que existe en Alaska no es, por su modo de financiación, la que personalmente me parece más adecuada, pero bien es verdad que su existencia es una realidad única en el mundo.

Panorama Social: ¿Ha entrado la propuesta de la RB en la agenda política de algún partido español? ¿Ha llegado la propuesta de la renta básica a alguna asamblea legislativa?

Daniel Raventós: Así, tal como está definida al principio de esta entrevista, solamente sé que la RB está incluida en el programa de las juventudes de Esquerra Republicana de Catalunya. Iniciativa per Catalunya-Verds tiene en su programa una propuesta que se le asemeja mucho, aunque limitada a menores de 25 años y mayores de 65. Sé de otros partidos que lo están discutiendo. Jordi Sevilla, el actual ministro de Administraciones Públicas, era un firme partidario de la RB, como puedo atestiguar porque compartí varias mesas con él antes de que fuera ministro, si bien siempre especificó que era partidario de una implantación muy gradual.

Se ha creado una subcomisión parlamentaria de las Cortes (con el apoyo del PSOE, de IU-ICV y ERC) para tratar el estudio de la viabilidad de una RB para todo el reino de España. En mayo de 2002 (cuando en Catalunya aún gobernaba CiU) se discutió en un plenario del Parlament una proposición de ley presentada por ERC e ICV proponiendo una RB. Sé también que se ha discutido o va a discutirse en el Parlamento vasco, en el andaluz y en el de Castilla y León. Y más esperanzador aún es que en muchos lugares del mundo, con situaciones económicas muy diferentes, está creciendo el interés por las grandes potencialidades de la RB, tal como ha quedado evidenciado en el último congreso (el XI) del BIEN realizado a principios de noviembre de 2006 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

divendres, gener 12, 2007

El dret a l'existència i la reforma constitucional

Lluís Pérez Lozano

Un dels arguments més poderosos que el moviment de reivindicació de l'habitatge digne està esgrimint en aquests moments fundacionals al Regne d'Espanya és el de que el dret a un habitatge digne és un dret reconegut per la Constitució espanyola. Evidentment que aquest recordatori no constitueix per si mateix un element de pressió especialment important sobre la classe política del Regne d'Espanya, que en aquests moments prefereix fer veure que el problema de l'habitatge no existeix. El que si que constitueix aquest argument és una font d'autoritat moral suficient com per a aparèixer davant dels ulls de la opinió pública, no com un grup d'esvalotadors i radicals nihilistes, sinó com els més fidels guardians de la lletra i l'esperit de la Constitució pel que fa a la problemàtica de l'habitatge. Suposa una indefugible bufetada al rostre dels polítics: “no estem fent res mes que reclamar-vos que compliu la Carta Magna d'on se suposa que emana la vostra legitimitat per a governar-nos”.

Els i les defensores de la Renda Bàsica no tenim, a hores d'ara, quelcom similar a on agafar-nos quan plantegem les nostres reivindicacions. Òbviament, no és el més gran dels nostres problemes, i sigui com sigui portem a les esquenes anys i panys de treball teòric, suficients com per posar sobre la taula multitud de bones raons en favor de la nostra proposta, raons que van molt més enllà del que pugui dir o deixar de dir la Constitució. El cas és, però, que més tard o més d'hora s'obrirà un procés de reforma constitucional que els grans partits majoritaris espanyols ja estan incubant. És d'imaginar que, quan el procés s'obri, multitud de grups intentaran aprofitar qualsevol escletxa oberta per a constitucionalitzar les seves aspiracions.

No estaria de més, doncs, que els caps pensants i dirigents del moviment pro-Renda Bàsica anessin plantejant-se si no seria una bona idea indicar als partits d'esquerres la necessitat de constitucionalitzar el dret a l'existència com a dret de ciutadania. Segurament no és l'aspiració més important a la qual podem dedicar els nostres esforços, i segurament que no hi faltaran raons que ho desaconsellin. Abans, però, de descartar la idea, caldria una reflexió serena sobre els beneficis que podria aportar. Entre ells, per exemple, el de que a la pràctica obligaria moralment l'Estat a implantar la Renda Bàsica o quelcom similar (com ara un impost negatiu sobre la renda), ja que difícilment es pot garantir el dret a l'existència de la ciutadania, de tota la ciutadania, mitjançant la complicada teranyina de subsidis condicionats que conformen l'actual Estat del Benestar espanyol. És com per pensar-hi, si més no.

dilluns, desembre 11, 2006

Call for papers del VII Simposio de la Renta Básica (2007)

Call for papers

Call for papers

VII Simposio de la Renta Básica

III Seminario de Derechos Humanos Emergentes

El VII Simposio de la Renta Básica y III Seminario de Derechos Humanos
Emergentes se realizará en Barcelona los días 22 y 23 de noviembre de
2007.

El comité organizador está formado por Camila Vollenweider, Águeda Mera,
Jaume Saura y Àlex Boso.

La inscripción valdrá 50 euros de forma general y 25 euros en el caso de
estudiantes. Para las personas que sean socias de la RRB o del IDHC, la
inscripción será gratuita.

Aunque el programa no es definitivo, el VII Simposio / III Seminario
constará de una plenaria inicial y otra de clausura, y de 8 mesas sobre
los siguientes temas:

1) Derechos Humanos y Renta Básica.

2) Mujeres y Renta Básica.

3) Mercado laboral, derecho al trabajo y Renta Básica.

4) Financiación y economía de la Renta Básica.

5) Derechos de los inmigrantes y Renta Básica.

6) Justificación normativa de la Renta Básica.

7) Agentes políticos y sociales y Renta Básica.

8) Derecho a la seguridad vital (agua, alimentación, energía) y Renta
Básica

Cada mesa estará compuesta por 3 ó 4 ponentes. Las personas que deseen
presentar una ponencia deberán enviar por correo electrónico un resumen de
no más de 300 palabras antes del 1 de mayo de 2007 a las personas que
integran el comité científico del Simposio:

David Casassas, University of Oxford, RRB-XRB: dcasassas@ub.edu

Águeda Mera, IDHC: comunicacio@idhc.org

Daniel Raventós, Universitat de Barcelona, RRB-XRB: danielraventos@ub.edu

José Luis Rey, Universidad P. Comillas, RRB-XRB: jlrey@der.upco.es

Jaume Saura, Universitat de Barcelona, IDHC: jsaura@ub.edu

La persona que envíe el resumen, deberá hacer constar también:

Nombre completo

Lugar de trabajo, Universidad, grupo de investigación

Dirección electrónica

Día de nacimiento

Mesa en la que solicita presentar la ponencia

El comité científico comunicará a los/as autores/as del resumen si ha sido
aceptado o es necesaria alguna aclaración adicional.

Posteriormente, se deberá enviar al comité científico la ponencia antes
del 15 de septiembre de 2007. Las ponencias deberán tener las siguientes
características:

1. Podrán estar escritas en catalán o castellano.
2. Tendrán un mínimo de 6.500 palabras y un máximo de 9.000 en total. La
bibliografía, las notas, los cuadros, etc, están incluidos en el recuento
de palabras.

El comité científico comunicará antes del 30 de octubre al autor/a la mesa
en que finalmente ha sido incluida su ponencia, pudiéndose dar el caso de
que sea en una mesa diferente de la solicitada.

Las ponencias serán presentadas por sus autores/as en un tiempo de 15-20
minutos en las sesiones de las mesas asignadas.

El comité científico otorgará un premio de 600 euros a la mejor ponencia
presentada por autores o autoras menores de 30 años.

El comité científico realizará una selección de las mejores ponencias con
la finalidad de publicarlas en un libro que editarán conjuntamente el
Institut de Derechos Humans de Catalunya y la Red Renta Básica-Xarxa Renda
Bàsica.

Diciembre 2006

Institut de Drets Humans de Catalunya

Red Renta Básica-Xarxa Renda Bàsica (sección del Basic Income Earth
Network).

dilluns, desembre 04, 2006

Impresiones personales sobre el VI Simposio de la Red Renta Básica

Lluís Pérez Lozano

Nada mas subir al avión hacia Santiago de Compostela me encontré ni mas ni menos que con Álex Boso y Xavier Fontcuberta, que junto con este servidor forman parte de lo que se podría llamar los "sospechosos de siempre" de la Renta Básica: si se los encuentra juntos, casi seguro que tiene que ver con la Renta Básica. Y en efecto, así era: nos dirigiamos a la capital gallega para asistir al VI Simposio de la Red Renta Básica. Nada espectacular, pues, a parte del hecho de que coincidió que nos sentábamos el uno inmediatamente delante del otro, y que me tocó el asiento "23-F". Ahí es nada. Llegando a la capital, aprovechamos las largas horas que nos quedaban por delante hasta el inicio del Simposio para almorzar y charlar sobre los problemas de Cataluña y otros rincones del mundo. Pronto aparecieron por ahí Antoni Domènech, Daniel Raventós y David Cassasas, tres de los pesos pesados de este simposio. También sospechosos de los de siempre.

El Simposio empezó mas o menos a la hora prevista (las 16:30). La tarde entera del jueves se dedicó a reflexionar sobre los 20 años de la Renta Básica desde un punto de vista filosófico. La única excepción fue la de José Antonio Noguera, a la sazón autor de este blog, que habló sobre cuestiones de táctica y viabilidad política o, como dijo Antoni Domènech, sobre un leninista "¿qué hacer?". Como me suele pasar con él, me encantó su exposición por clara y sólida, pero no estuve de acuerdo en casi nada; tuvimos una animada aunque breve discusión al respecto. A parte de esta ponencia, hubieron muchas otras que cubrieron, como digo, toda la tarde. Unas ciertamente pésimas, otras ciertamente brillantes. Me quedo especialmente con la Antoni Domènech, tan incisiva y clara como su autor, y muy interesante por cuanto dió cuenta de los vaivenes filosóficos de Philippe Van Parijs (padre de la RB, al menos en su forma moderna) en todo este asunto de la Renta Básica.

Al dia siguiente, se nos comunicó que la mesa de la tarde (a la que debían asistir representantes de partidos y movimientos sociales gallegos) se suspendía debido a que diversos problemas de agenda impedían la asistencia de los ponentes. Pese a esto, la mesa de la mañana se desarrolló con normalidad. Al contrario que en la mesa del jueves por la tarde, cuyo interés y nivel fue muy irregular, en la mesa del viernes por la mañana en general no tuve en ningún momento la tentación de echar una cabezadita. De esta mesa me quedo especialmente con las ponencias de Sara Berbel y Dani Raventós. Cuando las ponencias terminaron, se aprovechó lo que quedaba de Simposio para presentar la revista Basic Income Studies y para realizar la Asamblea de la Red, donde este servidor se incorporó a la Junta Directiva de la asociación. Un pequeño gran honor para un teleoperador aprendiz de sociólogo.

La impresión que me he llevado del Simposio es que, en general, el debate filosófico entorno a la Renta Básica tiene pinta de estar mas bien agotado, tal como señaló Noguera en su ponencia. Se puede sacar punta a las disputas entre tal y cual escuela de filosofia política, y esto sin duda tendrá relevancia en éste campo intelectual y en eso que se llama la "batalla de las ideas", pero no en el campo de la Renta Básica. Se trata de una propuesta cuya validez normativa ya está mas que asegurada por un ejército de argumentos filosóficos pulcramente troquelados por 20 años de debates. Por contra, y también en la linea que señalaba Noguera, ahora ha llegado el momento de hablar del "¿qué hacer?", de cómo crear una masa crítica que fuerze a la clase política a impulsar y defender la propuesta. Cabe recordar que algún que otro partido de izquierdas se ha guardado de proponer la implantación de una RB a partir de la respuesta abrumadoramente negativa que entre la ciudadanía obtuvo el lanzamiento de según que "globos sonda" mediáticos que apuntaban en esa dirección. Ese es el gran "qué" al cual deberemos enfrentarnos en los próximos años. La RB debe saltar de la Academia a las calles para entrar en algún momento en las urnas, qué es como en democracia se impulsan los proyectos políticos. Y ahí, en la discusión sobre cómo lograr esto, si que nos queda mucha tela que cortar.

Por lo demás, al acabar el Simposio no acabó mi estancia en Santiago. Muy al contrario, me reuní con mi chica con la perspectiva de pasar el fin de semana en la hermosa capital gallega. Pero eso ya es otra historia...

Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.

dimarts, setembre 26, 2006

Prólogo a La Renta Básica de Yannick Vanderborght y Philippe Van Parijs

Daniel Raventós

En cantidad superior a lo razonable abundan los libros gruesos que podrían haberse escrito, en beneficio de los árboles y de la paciencia de un gran número de personas, con muchas menos palabras. En cambio, no son muchos los libritos que con un número más bien escaso de páginas informan y aportan abundante material de reflexión. Si hay quien escribe de la forma más enrevesada de que es capaz, con la sola pretensión de aparentar “profundidad” donde no hay sino jerga pretenciosa e ininteligible, también hay quien hace de la claridad expositiva una divisa permanente. El libro de Yannick Vanderborght y de Philippe Van Parijs pertenece a este segundo grupo: por el abundante material de reflexión comprimido y por la claridad con que consigue presentarlo.

Quien se introduzca en su lectura tendrá, en pocas páginas, una muy buena panorámica de esta propuesta social conocida como Renta Básica, lacónicamente definida casi al comenzar el libro como “una renta aportada por una comunidad política a todos sus miembros, individualmente, sin control de recursos ni exigencia de contrapartidas”.

Los autores tienen un conocimiento firme de esta propuesta social. El más veterano de los dos, Philippe Van Parijs, escribió, entre muchos otros trabajos académicos y divulgativos, la obra filosófica dedicada a la justificación de la Renta Básica sin duda más ambiciosa (Real Freedom for All, editada por la Oxford University Press en 1995 y traducida al castellano poco después como Libertad real para todos, Paidós, 1996). También fue uno de los fundadores de la asociación internacional, la Basic Income European Network (a partir del año 2004 ya Basic Income Earth Network) que, desde su lejana creación en 1986, viene desarrollando un denodado trabajo para la promoción del conocimiento de la Renta Básica. Philippe Van Parijs ha sido miembro activo de su Ejecutiva, como Secretario y editor del newsletter hasta el año 2004.

Yannick Vanderborght forma parte del grupo de jóvenes que ha tomado el relevo de los mayores en la BIEN, garantía de su continuidad. Es autor también de un buen número de obras, tanto académicas como divulgativas, sobre la Renta Básica. Yannick es también uno de los autores que más ha estudiado las dificultades que tiene la Renta Básica para penetrar entre los sindicatos. Actualmente es el editor del newsletter de la BIEN.

Eso para decir sin temor a equivocarse que difícilmente podría haber autores más calificados para un libro –excelentemente traducido por David Casassas— que pretende introducir en la propuesta de la Renta Básica. Como han tenido los autores la amabilidad de pedirme un prólogo a la edición en castellano, me limitaré en él a apuntar unas pocas reflexiones sobre el devenir de la Renta Básica en los últimos tiempos.

Desde que se fundó la BIEN hasta hoy han pasado más de 20 años y el mundo ha cambiado de forma apreciable. Para circunscribirme a unos pocos aunque importantes hechos, cabe recordar que en Estados Unidos el Presidente era Ronald Reagan, y la Primera Ministra del Reino Unido era Margaret Thatcher, campeones de lo que con mayor o menor fortuna se ha llamado neoliberalismo; en gran parte de América Latina aún imperaban unos dictadores entusiastas de las programas neoliberales (Chile, bajo la bota de Pinochet, quizás sea el caso más evidente) y que imponían unos regímenes terroristas contra sus poblaciones; la todavía subsistente URSS estaba en plena crisis, y el neoliberalismo (es decir, la voluntad confesada de favorecer a los más ricos, argumentando que tal objetivo era bueno de forma obvia no solamente para esta minoría sino para toda la sociedad y, todo hay que decirlo, convenciendo en este empeño a buena parte de la izquierda) campaba a sus anchas. Fueron tiempos de crisis para la izquierda menos acomodaticia. Ni el paraíso “socialista” tenía nada que ver con la realidad que sufrían las poblaciones de la URSS y de la denominada Europa Oriental bajo el yugo de las castas burocráticas dirigentes respectivas, ni las maravillas que auguraban los fanáticos del neoliberalismo se correspondían con las condiciones cada vez más duras que tenía que sufrir la clase obrera y la población no rica en general. El paro aumentaba vertiginosamente de una forma que hacía muchos años que no se conocía en la entonces llamada Europa Occidental. Fue precisamente en la década de los 80 cuando el paro alcanzó cotas realmente impensables en aquella plácida Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial.

Ese era el contexto en que nació la BIEN. Recordaré que uno de los seminales artículos, publicado también en 1986, que sirvió para lanzar la propuesta de la Renta Básica, escrito por Robert Van der Veen y uno de los autores del presente libro, Philippe Van Parijs, tenía por provocador título “Una vía capitalista al comunismo”. La propuesta de la Renta Básica fue un fogonazo en medio de un oscuro panorama de ideas muy escaso de originalidad. Pero pasados 20 años, la situación ha cambiado de forma notable. No existe la URSS ni sus países satélites de la Europa Oriental; el neoliberalismo no despierta las mismas fanáticas adhesiones, porque ahora ya puede hacerse un balance de sus nada tranquilizadores resultados. Y en América Latina existen muchos gobiernos democráticos, de izquierdas varias, pero todas empeñadas a su modo en resistir al neoliberalismo. En un contexto tan diferente al de hace dos décadas, la Renta Básica puede desempeñar, y en realidad creo que ya lo está haciendo, un papel políticamente muy interesante, al que aludiré luego de destacar otros dos puntos.

En segundo lugar, hace 20 años la Renta Básica solamente estaba circunscrita a ámbitos académicos y poco más. Actualmente ya no es así. La propuesta de la Renta Básica es conocida, aunque ni mucho menos ampliamente aceptada, en ámbitos sindicales, sociales y políticos. Me limitaré a una breve relación, no exhaustiva, de las discusiones habidas o previstas en algunos parlamentos (en ningún caso, en todos) de las Comunidades Autónomas y en las Cortes del Reino de España. Más adelante también me referiré a algunos ejemplos de América Latina.

El Parlamento catalán debatió en plenario una propuesta de ley sobre la Renta Básica en mayo de 2002. El Parlamento español, a principios de 2005, aprobó una resolución por la que se establecía que “el Congreso de los Diputados considera necesaria la creación de una Subcomisión en el seno de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales para la elaboración de un estudio sobre la viabilidad económica de una renta básica universal. El Gobierno deberá colaborar con el funcionamiento de esta Subcomisión aportando la documentación e información necesaria para el desarrollo de sus trabajos”. El 31 de enero de 2006, el Parlamento de la Comunidad Autónoma del País Vasco creó en el seno de la comisión de Trabajo y Acción Social una Ponencia “para el análisis y reflexión sobre distintos modelos que hoy existen sobre la Renta Básica”.

Que los Parlamentos discutan sobre la Renta Básica puede considerarse más o menos importante, pero lo realmente interesante es que si lo hacen es porque en el interior de los partidos políticos, dentro de los movimientos sociales y, en definitiva, entre una parte de la ciudadanía existen personas que piden que esta propuesta sea considerada muy seriamente. Y esta ciudadanía está además dispuesta a hacer algo para ello, a exigirlo.

Y en tercer lugar, hace 20 años, el mencionado interés académico por la Renta Básica estaba circunscrito, con escasas excepciones, a Europa. Hoy, la Renta Básica, con este o con otro nombre, ya no es una completa desconocida en países no europeos. Una muestra de ello es que si en el año 2002, después del noveno congreso de la BIEN, realizado en Ginebra, solamente había cinco secciones reconocidas oficialmente, europeas por supuesto, dos años después, en el décimo congreso, ya había 11 secciones oficiales reconocidas, tres de las cuales corresponden a países no pertenecientes al viejo continente: Argentina, Brasil y Estados Unidos. Precisamente este libro empieza con el breve relato del acto realizado en Brasilia el 8 de enero de 2004, en el que el actual Presidente de Brasil, Lula da Silva, firmó solemnemente una ley de “Renta Básica de Ciudadanía”, si bien contemplando una instauración extremadamente gradual.

Este interés por la Renta Básica en países, como los citados Argentina y Brasil (pero también de forma señalada México y Colombia) que en ningún caso pueden ser considerados del selecto grupo de los ricos no creo que sea completamente azaroso. Recordemos que poco antes de la fundación de la BIEN, en 1980, y hasta finales del siglo XX, el PIB por cápita de los países ricos (o desarrollados) pasó de los 20.000 hasta los 30.000 dólares (en dólares constantes del año 1995), mientras que en los países pobres (o no desarrollados), se retrocedió de 265 a 257. Es decir, los primeros multiplicaban por 1,5 su PIB por cápita, mientras que los segundos no lograban siquiera mantener el mismo nivel a lo largo de los últimos 20 años del siglo pasado. O dicho de otra forma: los países pobres disponían de un PIB por cápita más de 120 veces menor que los ricos (o desarrollados). Una desproporción apabullante.

Vengo ahora a lo que me he limitado a apuntar un poco antes: el fascinante papel político que la Renta Básica puede desempeñar en la actual situación de principios del siglo XXI.

La Renta Básica tiene unos rasgos formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad exactamente idénticos a los del sufragio universal democrático. Igual que ocurre con el voto, se tendría derecho a la Renta Básica por el sólo hecho de existir como ciudadano –o residente acreditado—, independientemente del sexo o de la etnia de pertenencia, del nivel de ingresos de que se disponga, de la propia opción sexual o de la confesión religiosa profesada. Los grandes combates por el sufragio universal y la democracia llevados a cabo en el siglo XIX y primer tercio del XX por las poblaciones trabajadoras –excluidas del mismo por el sufragio censitario defendido de consuno por conservadores y liberales en el siglo XIX— tuvieron ciertamente una buena dosis de instrumentalidad, ya que se deseaba la democracia para poder acceder, se creía, a otros objetivos (el socialismo, la justicia redistributiva, etc.). Pero la lucha por el sufragio universal fue mucho más que una lucha instrumental, porque a la universalidad y a la incondicionalidad del sufragio se les acabó asignando valor por sí mismas, fueran cualesquiera las consecuencias que los muy antidemocráticos liberales y conservadores decimonónicos manifestaban lastimeramente que traía consigo.

Yo creo que la lucha por una Renta Básica de ciudadanía podría llegar a desempeñar en lo venidero un papel parecido. Tiene, desde luego, un lado instrumental, ya que se defiende para acabar con la pobreza y para poner freno y bridas a las políticas neoliberales, es decir, para evitar que el grueso de la población mundial tenga que vivir en la pobreza, quedando a merced de la arbitrariedad de muy pocos ricos. Mas la Renta Básica puede convertirse en algo no instrumental, y su exigencia puede cristalizar en los movimientos sociales y en la opinión pública democrática como un punto irrenunciable de justicia y dignidad, con valor por sí mismo, fueren cualesquiera las consecuencias que los muy antidemocráticos neoliberales y neoconservadores del siglo XXI vociferen que trae consigo.

Una de las grandes fuerzas morales que puede llegar a suponer la defensa de la Renta Básica es que no solamente apunta a la evidencia de la terrible desigualdad del mundo contemporáneo, sino que apunta también a las menguas de libertad que trae consigo la gran desproporción de las rentas y de las riquezas. Igualdad y libertad no son dos objetivos a elegir independientemente uno del otro. Las grandes desigualdades sociales son un auténtico impedimento para la libertad de muchos millones de personas; y al revés, la falta de libertad de muchas personas, la necesidad cada vez más perentoria en que se hallan las poblaciones trabajadoras de pedir diariamente permiso a los ricos y a los muy ricos para poder subsistir en las condiciones dictadas por éstos, dispara a su vez el ulterior incremento de la desigualdad. Porque la pobreza, en efecto, no es sólo privación y carencia material, diferencia de rentas; es también dependencia del arbitrio o la codicia de otros, quiebra de la autoestima, aislamiento y compartimentación social de quien la padece. Quien cada vez tiene menos garantizada su existencia material, ve crecientemente menguada su libertad (en forma de “contratos de primer empleo”, precarización, temporalidad, “flexibilidad”, o puro desempleo sin cobertura alguna); y la creciente mengua de su libertad, redunda en el crecimiento de la desigualdad material (en forma de salarios reales descendentes, pensiones de jubilación inciertas, infraestructuras y servicios públicos o privatizados o pauperizados y... ¡beneficios financieros y granempresariales por las nubes!). Esta desigualdad material está llegando en el país más poderoso del planeta a extremos que son difíciles de justificar incluso para los más conformes con el status quo. Quizás hace falta recordar, como lo hacía el veterano profesor de la Universidad de Maryland, Gar Alperovitz, que en los Estados Unidos actualmente los 2,5 millones más ricos de la población tiene más del doble de ingresos que los 100 millones de estadounidenses con menos ingresos. Que es lo mismo que decir que ¡el 1% de la población más rica dobla los ingresos del 34% del estrato inferior! Una desigualdad tan acusada afecta a la libertad de la mayoría.

Con Philippe Van Parijs he tenido ocasión de conversar sobre lo que fue resumido perfectamente por él mismo en un texto de 1999: “La filosofía política nunca ha sido para mi un juego frívolo que solamente busca hacer distinciones sutiles que permitan lucirse, sino que se trata de una parte esencial de la urgente tarea de reflexionar sobre lo que debe hacerse para conseguir que nuestras sociedades y nuestro mundo sean menos injustos que ahora o simplemente eviten el desastre.” Este libro que escribieron originalmente en francés Yannick Vanderborght y Philippe Van Parijs y que ahora Paidós ofrece traducido al castellano será sin duda, al menos para quien se niegue a entender la filosofía política como “un juego frívolo que solamente busca hacer distinciones sutiles”, una utilísima herramienta para reflexionar, comprender y aquilatar la Renta Básica como programa de cambio social y político. Una propuesta desde luego destinada a contribuir a que este mundo “sea menos injusto”.

Pocos libros ofrecen tanto en tan pocas páginas.

diumenge, setembre 24, 2006

L'allocation universelle de Van Parijs y Vanderborght, en castellano

Phillippe van Parijs es, junto con Robert van der Veen, el creador del concepto moderno de la Renta Básica. Los dos belgas formularon esta propuesta en los años 80 en un artículo hoy ya clásico, titulado "Una via capitalista hacia el comunismo". Van Parijs, además, tiene publicado el libro Real freedom for all, traducido al castellano por Paidós, donde desarrollaba una extensa teoria normativa a modo de justificación de la RB. Hasta hace poco, sin embargo, no existia ningún libro de este brillante pensador dedicado específicamente a la propuesta de Renta Básica.

El año pasado, sin embargo, apareció L'allocation universelle, escrito en compañia de Yannick Vanderborght, donde ambos autores condensaban sus ideas sobre esta propuesta. La Editorial Paidós acaba de poner a la venta la traducción castellana de este libro, que sin duda se va a convertir en un imprescindible de cualquier bibliografia sobre el tema. La esmerada traducción al castellano ha sido realizada por David Casassas, y el prólogo a la edición castellana ha sido redactado por Daniel Raventós, ambos miembros de la Red Renta Básica y autores de este blog.