Criticadas hasta la saciedad desde ámbitos liberales, las subvenciones son uno de los puntos flacos donde falla la teoría impulsada por las principales empresas multinacionales, y los mayores representantes de gobiernos mal llamados liberales.
En ya varias ocasiones he tratado el objeto y método de estudio de la ciencia económica. Quería hoy explicar, más concretamente, cómo influye, en la vida real, lo que llamaré racionalización económica. Se trata, a mi modo de ver, de un aspecto metodológico básico que, desgraciadamente, no se tiene en cuenta en los debates tradicionales.
Su estrategia central es colocar a las transnacionales como principal actor económico al control de los recursos naturales del continente latinoamericano.
Una de las primeras sorpresas de un
europeo cuando visita Estados Unidos (y se aleja de Nueva York) es la
tremenda cantidad de espacio que ocupan las ciudades para todo. Las
calles son anchas incluso donde no pasa nadie, hectáreas de
aparcamientos al aire libre envuelven a los centros comerciales, las
aceras son enormes (y vacias), y cualquier cosa queda lejos,
lejísimos para ir a pie. Las razones para que esto ocurra como
de costumbre son variadas,
aunque el componente político ha jugado componente central en
este dibujo, a veces de forma no intencionada.