Reconociendo humildemente que su aburrida persistencia es una cualidad que estoy empezando a envidiar, y comprobando las ventajas que comporta, puede que en mi próxima reencarnación me incline por nacer obispo. No en vano la iglesia católica lleva más de 2000 años perfeccionando una estructura de poder, rígida, inamovible, machista-dicho sea de paso- y jerárquica, inigualable por partido político alguno.
Por otra parte todos los estudiosos de la ciencia psicológica están totalmente de acuerdo que en la etapa infantil se instauran las bases fundamentales del desarrollo de la personalidad, bases que en las sucesivas fases de la vida serán consolidadas y perfeccionadas. Cuando el niño nace, tiene todo un potencial de posibilidades. Lleva en él muchas promesas, pero esas promesas serán vanas si no reciben del medio humano y físico un conjunto suficientemente rico de estímulos de todo tipo.
Una de las deficiencias democráticas más esperpénticas de nuestro país es el sistema electoral, caracterizado por las circunscripciones y la ley D’Hont. Las consecuencias de emplear este sistema van mucho más allá de los meros resultados electorales, ya que también tiene una influencia muy importante en la cultura y conciencia política de los ciudadanos.
A muchos votantes del PsoE no les importan las concesiones del gobierno de Zapatero a la iglesia católica, ni que no se haya atrevido a denunciar los acuerdos del 79; tampoco parecen muy preocupados por el descarado giro al centro-derecha con sus propuestas neoliberales y rebajas fiscales, o con las renuncias a su programa electoral; No, no les importa y le seguirán votando –a veces con la nariz tapada-, con tal de que no gane el Pp. Pero lo curioso es que a la inversa ocurre lo mismo, y así, a muchísimos votantes del PP, no les importa el giro del Sr. Rajoy a la extrema derecha, ni que mientan por sistema, ni que desfenestren a su mejor activo –el Sr. Gallardón-, y así, con la máxima y demostrada fidelidad, le seguirán votando, con tal de que no gane el PSOE.