La función está a punto de terminar. El telón está al caer y los personajes del espectáculo ya se han quitado la careta. El público ha asistido atónito a la comedia teatral que han protagonizado los políticos. No, nos equivocaríamos si vertiéramos toda la responsabilidad en ellos.
Patidifusa me he quedado al ver el último cartel de campaña de Duran Lleida, candidato de Convergència i Unió a las próximas elecciones generales. Os lo muestro y os lo traduzco:
La gente no se va de su país por ganas sino por hambre. Pero en Catalunya no cabe todo el mundo.
Es curioso el triunfalismo de algunos cuando llega un crisis. Lo que es más curioso, sin embargo, es cómo los agoreros leen las presuntamente catastróficas previsiones que se van haciendo públicas estos días.
Ser dirigente de un partido debe ser algo muy duro, y llegar a serlo aún más. Creo que fué egócrata quien dijo, con razón, que un candidato a la presidencia ha tenido más rivales internos que externos. Me explico: para llegar a ser candidato de un partido, esta persona ha tenido que enfrentarse a numerosos competidores a todos los diversos niveles de su partido a lo largo de su carrera política y luego tan sólo se tiene que enfrentar a un pequeño puñado de rivales de otros partidos.