Escribir un artículo para socialdemocracia es un placer. Pero escribir un artículo para socialdemocracia el día de Todos los santos y viendo documentales sobre vampiros en el canal Historia puede convertirse en una estupidez. Llevo dos tediosas horas viendo un programa sobre la historia de los vampiros y una original pregunta resuena en mi mente: ¿existen los vampiros hoy en día?
Por un puro ejercicio de humildad yo también quería citar hoy a mis primos, pero ni entrenándome voy a poder aproximarme al “estilazo” de Rajoy, con tantos y tan distintos como tengo, pues mientras uno está convencido de que los socavones, que revientan las obras del AVE de Barcelona son consecuencia de una azarosa mala suerte,
Inmunes a toda sentencia de cualquier tribunal, incluida la Audiencia Nacional y el Tribunal Constitucional, inasequibles al desaliento, impasible el ademán, contra toda evidencia racional y “a contracorriente”, los autores intelectuales de la “conspiranoia” del 11M corretean felices por valles y montañas, retozando en las verdes praderas de su onírica esquizofrenia colectiva. Dicen, ahora y antes, “in secula, seculorum” los apologetas del absurdo más dadaista, que ETA está tras el atentado islamista del 11M, así caigan chuzos de punta o sentencias de Audiencias Nacionales. Es lo que tiene saberse en posesión de la verdad absoluta, que no cabe, por definición, opinión en contrario ni discusión alguna.
Dentro de los nacionalistas hay dos grandes grupos. En el primer grupo tenemos a nacionalistas que se reconocen y actúan como tales. Son, llamémoslos así, nacionalistas clásicos. El segundo grupo lo conforman sujetos que son nacionalistas, pero hablan mal “del nacionalismo”, así, en general. Podemos llamarlos nacionalistas no-nacionalistas.
Dentro del primer grupo hay de todo, desde nacionalistas catalanes, vascos, gallegos o españoles. Por ejemplo, Artur Mas o Ibarretxe. Del segundo grupo predominan y destacan los nacionalistas españoles, como Bono o Aznar.