Cada dos años, la prensa en Estados Unidos descubre a los hispanos. En todos los años pares, allá principios de octubre, todos los medios se lanzan a hacer la versión periodística del análisis sesudo de la realidad, utilizando una poderosa herramienta llamada en sitios con más sentido común "signo de interrogación".
Cito de memoria: hace unos dias aparecia un breve artículo en La Vanguardia con un siniestro titular que decía algo así como que “Chávez lanza su ataque a la propiedad privada”. Husmeando dentro del artículo, uno veía que el presidente Chávez había hablado de “construir el socialismo” (lo cual no es ninguna novedad) porque “constituye mejor garantia para la propiedad privada que el capitalismo”.
Uno de los personajes más relevantes de la historia europea en el primer tercio del siglo XX, ha sido Alejandro Kerensky, por su protagonismo en los primeros momentos de la revolución rusa. Si su actuación hubiera sido otra, la historia de Rusia hubiera seguido otros derroteros, y con ello la historia mundial habría discurrido por otros rumbos, ya que la primera revolución socialista habría fracasado. No obstante la historia, pienso, debe tratar de contar y explicar lo que ocurrió, y no lo que hubiera ocurrido si no hubiera ocurrido lo que ocurrió. No quiero entrar en más detalles, sobre la importancia del personaje anteriormente mencionado, ya que es incuestionable.
En esta serie de artículos analizo las formas en que argumentos que deberían sostenerse por vías racionales y fundamentos objetivos se terminan fundamentando en razones emotivas, en adscripciones automáticas, es decir que funcionan mecanismos que cortocircuitan los racionales y actúan de forma más o menos automática. En este artículo trataré cómo la adscripción ideológica lleva a sustituir en algunos casos la razón a la hora de asumir un razonamiento como válido.