En el anterior artículo me quejaba de la tendencia que existe a juzgar la historia. Juzgar la historia, decía, puede ser interesante desde el punto de vista puramente causal y descriptivo. También se pueden juzgar hombre y acciones desde un punto de vista moral pero, ya dije, que para eso había que tener en cuenta elementos que, la mayoría de las veces, ignoramos y por lo tanto es mejor abstenerse de ello.
Tanto jaleo negociador, tanto ir y venir con los pasillos y tanto drama, para acabar de esta forma tan tonta. El pacto que el PSN había conseguido cerrar con sangre, sudor y lágrimas con Nafarroa - Bai es cortado de raíz en Ferraz de la forma más torpe posible.
Para Jordi Barbeta, “Catalunya, entendida como sujeto político, cultural y social específico, atraviesa un período de decadencia” y el aeropuerto, el desastre de las cercanías, el gran apagón, el déficit de infraestructuras, no son un síntoma sino el fruto del fiasco del “catalanismo” y, en especial, de los políticos catalanes.
Pero, Catalunya no solo está en declive, sino que prefiere buscar culpables (los políticos) antes que asumir su responsabilidad colectiva: sin el complejo de superioridad catalán, esos “políticos” nunca lo hubieran conseguido.
El advenimiento del sistema democrático a España supuso la quiebra definitiva del nacionalcatolicismo, doctrina consistente en considerar que la esencia de lo español radica en la religión católica; tal como se contempla en el Concordato de 1953 firmado entre el Estado Español y la Santa Sede, y que en su artículo 1º especificaba: La Religión Católica, Apostólica Romana, sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.
"La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz."