Desde noviembre del año pasado, el gobierno sandinista (¡quién lo iba a decir!) promulgó una ley que eliminaba las pocas excepciones legales bajo las que se podía practicar el aborto.
En el anterior artículo de ésta serie describí el problema de la desigualdad de género en el acceso al poder político en términos de libertad, cómo un problema relacionado sobre todo con la problemática situación en la que forzosamente se va a hallar la autonomía de las integrantes de un grupo social que representa el 50% (más o menos) de la población y que no obstante en muchas ocasiones no llega a controlar ni el 25% de su poder político. Quisiera concluir ésta serie desarrollando ésta idea en una de sus más funestas consecuencias: la falta de visibilidad de los problemas de la mujer.
Tengo ganas de echarle mano al primer libro de Jessica Valenti, Full Frontal Feminism , donde con el habitual estilo desenfadado desgrana los secretos a voces de los dobles estándares a los que se somete a las mujeres en la vida diaria.
Decía en el primer artículo de ésta serie que las desigualdades de género en el acceso al poder político son rechazables ya de entrada por motivos de justicia, porqué constituyen un premio inmerecido a la condición masculina por causas sociales y seguramente biológicas que, tanto unas como otras, son fruto del azar y no de las elecciones libres y responsables de los individuos con independencia de su sexo. No obstante, también añadía que existen motivos de más peso para considerar que la igualdad en el acceso al poder político entre hombres y mujeres es un objetivo por el que hay que luchar; motivos que tienen que ver, no con la justicia, sino con la libertad.
Esto de internet es fantástico. Uno está tan pancho, en su casa, repasando blogs o viendo el youtube para pasar el rato, y se encuentra con cosas que ni por asomo sabría que existen si hubiera que fiarse de los medios de comunicación tradicionales.
En realidad, si uno teclea las etiquetas que identifican al siguiente video apenas encontrará referencias – si es que hay alguna- al respecto en las agencias de noticias de toda la vida, ni siquiera en los medios de información más adaptados a las nuevas tecnologías. Y es una pena, la verdad, que esta pieza deba verse relegada al relativamente minoritario mundo de internet y a los programas de sucesos de las cadenas de cable americanas (un gran aplauso a Oprah , de todos modos, por sacar a la luz el asunto).