Ante las enormes críticas al fórum, casi nadie se ha preguntado lo que hay debajo de tanto cemento y el porqué era necesaria tamaña inversión. Y es que el ecologismo no es gratuito, términos como el “desarrollo sostenible” están tan utilizados y gastados que han ido perdiendo su sentido y evocan más bien a una falsa concepción de que “podemos seguir viviendo a tutti-plen” y sin coste alguno a la vez que podemos mantener el medio ambiente. Nada mas lejos de la realidad, el ecologismo vale dinero, sobretodo porqué a diferencia de lo que hacen los mercados por sí solos que no tienen en cuenta la externalización de costes ambientales hasta que no se encuentra en situaciones extremas, el ecologismo busca atender esas externalidades y asumirlas en los costes económicos.
El otro día, un buen amigo me contaba que había enviado su currículo al buzón de una empresa estadounidense que seleccionaba diseñadores para páginas web. Mi compañero estaba aterrado por la frase que figuraba al final de la solicitud: “God save America”. “¿Que voy a tener que diseñar páginas para Dios?”, me decía en tono de sorna. Esta confusión, que, obviamente, quedó resuelta, me recuerda un fenómeno que hemos de tener muy en cuenta actualmente.
Cuenta la historia que un hombre y su hijo decidieron ir a la feria del pueblo a vender una de sus mulas. El camino era largo pero no tenían prisa; se pusieron en marcha, el hijo subido a lomos del mulo y el padre a pie, llevando las riendas. Al cabo de poco, se cruzaron con un par de frailes que, al verles, empezaron a susurrar:
- ¡Qué poca vergüenza la de este joven! ¡Él va montado tan pancho en el mulo, mientras su anciano padre tiene que tragarse el polvo del camino!
En francia hay un ejercicio que se llama disertación. A uno le dan un « sujet » que no es otra cosa que un tema. Puede ser un enunciado como « El principio de igualdad en los servicios públicos » o una pregunta como « En qué medida los servicios públicos son públicos ».