En el discurso crítico con las reivindicaciones culturales e
identitarias de la periferia del Estado español (provenga del
antinacionalismo mas sincero o, mas frecuentemente, del nacionalismo
español) existe una afirmación recurrente que señala lo que este
discurso considera la falencia fundamental de estas reivindicaciones, a
saber: la idea de que lo que hay que garantizar no es la preservación
de las identidades culturales sino, por el contrario, el hecho de que
la comunidad política no tenga una identidad determinada.
El vigésimo
octavo aniversario de la Constitución Española se ha
visto acompañado de una controversia sobre la relación
que debe existir entre el Estado y el hecho religioso, a propósito
de un manifiesto
elaborado por la Secretaría de Libertades Públicas del
PSOE.
En el mundo del
nacionalismo español circula desde hace varios años la idea y el
término del “patriotismo
constitucional”. Pese a que saltó a la palestra mediática del Reino de
España a
partir de la adopción del término por parte del Partido Popular, lo
cierto es
que el origen tanto del término como de la idea que expresa se
encuentran en un
autor que razonablemente puede considerarse de izquierdas: Jürgen
Habermas. El
problema que se le planteaba a Habermas era el de cómo poder justificar
la lealtad e
incluso el amor patriótico hacia el Estado y la nación alemanas sin
caer en la
pendiente resbaladiza de un nacionalismo de raíz identitaria-cultural
que, según él, constituía
el alma intelectual del nazismo, gran demonio de la Alemania
democrática
post-Segunda Guerra Mundial. La respuesta de Habermas venia a ser ésta:
lo definitorio del ser alemán no eran ni la lengua, ni las costumbres,
ni la
Historia compartida, ni mucho menos la raza, sino el compromiso mutuo
de ser
leales a una Constitución común que garantizaba la libertad de todos.
ERC ha sido desde su nacimiento un partido heterogeneo. Su nacimiento
vino presidido por la imperiosa necesidad que la mayoría de la sociedad
catalana sentia a principios de los años 30 de dotarse de un gran
partido republicano y de izquierdas que asumiese las reivindicaciones
catalanistas. Estos dos ejes, catalanismo e izquierda, han sido siempre
los dos mínimos comunes denominadores de todas las familias políticas
que han pasado por ERC. A partir de ahí, sin embargo, aparecían
numerosas divisiones. Así, por ejemplo, respecto del nacionalismo nos
encontramos con que ERC siempre ha estado basculando entre el
predominio de un sector independentista que ha sido representado por
gentes tan diversas e incluso opuestas entre si como Francesc Macià,
Josep Dencàs o, mas modernamente, Carod y Puigcercós; y un sector
federalista representado por gentes también muy diversas como Lluís
Companys, Josep Tarradellas o Joan Hortalà. A lo largo de estos dos
extremos se extendían todas las familias políticas de ERC, acentuándose
el peso ora de unos, ora de otros.
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...
Hola Citoyen Hola Citoyen encantado de charlar contigo.
Recojo tus comentarios e intentaré en el próximo artículo o en otro comentar las diferencias, según los...