El candidato conservador a la presidencia de la República francesa (cuando lean esto tal vez sea el presidente electo), Nicolas Sarkozy presume de algo: hablar sin tabúes. Existe de un tiempo a esta parte una tendencia a ambos lados del panorama político de liberación del corsé que antaño imponía el pensamiento único del tabú. Las grandes convenciones formales van a ser, una por una, revisadas intensivamente en nombre de la libertad de expresión.
Si bien es cierto la identificación de clase, que caracterizaba a los partidos políticos en cualquier lugar del mundo hasta hace treinta años, ha perdido vigencia, la polémica, con visos de escándalo, que rodea las vacaciones de Sarkozy -el Presidente electo de Francia-, muestra que aquello, al menos en lo que se refiere a la vinculación entre la Derecha y los sectores más ricos y poderosos de la sociedad, aún goza de una robusta salud.
Definir un término político, y aún una etiqueta política, no es una cuestión trivial. Las palabras son muy cotizadas en el mercado de valores político. Los movimientos y partidos más avispados se preocupan mucho de guardar sus términos y de pescar en aguas ajenas con el objetivo de robar a sus competidores aquellas palabras suyas que funcionan mejor en los debates, académicos o no. Lo vemos, por ejemplo, en el conservadurismo que ha tomado el control de la política occidental desde los años 80 hasta aquí: las palabras "libertad" y "democracia", de sabor tan irremediablemente izquierdista hasta entonces, han llegado a nuestros días como sinónimos del modelo de sociedad que la derecha intenta implantar. Lo peor es que en no pocos casos la propia izquierda ha actuado como cómplice inconsciente de sus propios ladrones de palabras.
Cuando oigo / leo a un conservador hablando de “la gente normal” se me ponen los pelos de punta, porque sé que eso significa, por extensión, que considera a una parte de la población como “gente anormal“, y estoy segura de que esa dicotomía aterra a cualquier persona sensata. Cualquiera que no encaje en sus parámetros morales, de comportamiento o de origen tiene mucho números para ser considerado una persona “anormal“, lo cual no deja de ser una muestra, quizá encubierta o socialmente aceptada (¡qué poder tiene el lenguaje!) de intolerancia y sectarismo absurdo. “Todo aquel que no encaje en mis patrones no es normal, es anormal“. Aterrador, ¿no?
"La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz."
Dudas.... Interesante todo lo escrito sobre Oz. Solo una duda " redactada" en alto a lo escrito: ¿Europa realmente podría realizar ese papel de tercero en la...
ZP no es culpable zapatero no es culpable de que la crisis internacional haya cortado el credito y el dinero facil del que vivian las grandes empresas mantenidas,...
Estem... Reconozco que quien escribió el artículo está informado, pero tambien cegado. Sólo digo que los socialdemocratas hablan pestes del liberalismo...