Langostas. Cuando alguien habla de una especie animal que avanza devorando los recursos que necesita, sembrando el hambre, agotando las fuentes de recursos naturales, afectando a otras especies causando su extinción, uno no puede sino pensar en las langostas.
Estos insectos forman enjambres de miles de millones de individuos, que avanzando consumiendo todos los alimentos disponibles, causando el hambre y la muerte de todos los animales y seres humanos que compiten con ellos por esos alimentos.
Paradójicamente, el neoliberalismo actúa de forma similar. El ser humano, guiado por la ideología neocapitalista, devora los recursos a un ritmo creciente e insostenible. Y, sin querer ser consciente de la gran contradicción que el progreso en manos de unos pocos causa, encamina al mundo a la escasez, la guerra y la involución social.
Se argumenta desde pupitres pagados por neoliberales que la tecnología resolverá a su debido tiempo todos los problemas que nuestro consumismo desmedido e insostenible cause.
Todos creemos en el avance científico, como motor de progreso y creador de bienestar pero también todos sabemos que el estado de las cosas, el poder establecido no permite que los avances tecnológicos se filtren a los niveles necesarios, y a la velocidad necesaria para mejorar la vida de las personas de forma rápida y eficaz.
Se investiga, se invierten millones de dólares y euros en nuevos motores de gasolina, un poco más eficientes, cuando se podrían investigar en motores alternativos, basados en hidrógeno.
Se dice que esa tecnología es inviable, pero hay que preguntarse cuanto de verdad hay en esa afirmación, y cuanto de intereses empresariales. La inventiva del ser human es ilimitada. Debidamente cultivada, sostenida, fomentada, puede resolver cualquier problema, crear cualquier cosa, así que hay que suponer que el único motivo para que no haya tecnologías energéticas limpias e ilimitadas es la falta de inversión y apoyo por parte de gobiernos y empresas.
Ante esto el liberalismo radical arguye que se alzarán empresas que reten el poder de las grandes petroleras, con energías alternativas, cuando el petróleo escasee y suba más su precio. Pero, ¿por qué no ahora? ¿Por qué poner obstáculos a la innovación personal y empresarial, porqué restar recursos al progreso para mantener un sistema arcaico y destructivo con las personas y el medio. Por ambición.
El liberalismo, con su absoluta beatificación del Mercado, el nuevo Dios que fagocitará incluso otras religiones más espirituales, como el cristianismo, el shintoismo, etc., apuesta por que las leyes del mercado y los precios libremente asignados por éste resolverán todos los problemas del mundo. No importa que el liberalismo idóneo, al igual que el comunismo, sean sólo utopías inalcanzables. Siempre habrá gente que use su posición de poder para mantener el estado de las cosas, defendiendo su posición de poder, aunque eso suponga obviar los principios del mercado. Monopolios, duopolios y oligopolios se llaman. Pero en mi tierra, a quienes abogan por el libre mercado pero cierran sus fronteras, compran empresas rivales para eliminar competencia, presionan a los organismos antimonopolio, y compran mediante donaciones y aportaciones a los representantes del pueblo se les llama hipócritas.
Unas pocas cifras. El presupuesto militar y de seguridad de Estados Unidos en 2006 es de más de 500.000 millones de dólares. Con un crecimiento de más el 4%, lo que está ayudando a provocar que en el principal país promotor del liberalismo, se esté incrementando el déficit fiscal del Estado de forma alarmante. No sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo.
En el mundo de la globalización, los lazos económicos entre naciones nos arrastrarían en caso de que Estados Unidos no consiga ser consecuente con lo que dice. Propugna un estado menos intervencionista y más pequeño, pero lo hace a costa de programas sociales y medioambientales, mientras incrementa es gasto público para ejecutar su programa militar y defender los derechos de empresas como las petroleras. Es decir, mientras se aboga por el liberalismo, la igualdad de oportunidades y la supremacía del mercado, se usa el dinero público para garantizar que las empresas norteamericanas puedan romper las leyes del mismo.
No sé el resto de vosotros, pero yo, personalmente, prefiero no esperar a ver si las lumbreras que nos han metido en el hoyo por ambición y codicia serán luego capaces de resolver el problema y sacarnos de la crisis social y ambiental a la que nos han arrojado de cabeza.
Apostar la vida de nuestros hijos, nietos, hermanos y amigos, e incluso ya la nuestra, a que la industria petrolífera, cuando se quede sin petróleo que vender, será capaz de, no sólo crear un sistema alternativo de energía que ahora mismo ya es viable, sino que esa energía será accesible a todo el mundo, me parece arriesgado.
Y no solo eso, una vez contaminado el aire de todo el planeta, cuando los arrecifes de coral, que ya empiezan a sufrir el efecto invernadero sufriendo un proceso de muerte (blanqueamiento) paulatina, me pregunto si el liberalismo será capaz de crear programas de conservación y restauración que serán increíblemente costosos, o delegarán esas funciones, de ser todavía posibles, en el Estado que tanto odian y critican, o en la voluntad de ONG´s y personas particulares.
El crecimiento económico en el mundo ha sido este año espectacular. Tanto en 2004 y 2005 el crecimiento mundial ha estado entorno al 5%.
Sin embargo, esto no repercutido igual entre los países pobres, y las diferencias entre naciones desarrolladas y países pobres se agravan. Muere una persona de hambre cada pocos segundos. Decenas de miles al día. En países en los que el liberalismo alcanza su máxima expresión, y hasta la vida humana se puede comprar. Mientras que muchas personas viven mejor, otras muchas viven peor todavía. Dos mil millones de seres humanos viven peor ahora que hace unos años, y no se puede achacar la culpa a que sus países sean más o menos corruptos.
¿Es culpa de la globalización? Seguramente no. Seguramente es culpa de que si no hay beneficio económico en ir a un país, las empresa no van. Así de lógico y simple. El liberalismo olvida a los pobres. No les hace más pobres, sólo les deja morir.
Otros ejemplos, la tasa de extinción de aves es cien veces más rápida de la natural. En otras especies más sensibles la tasa es mil veces más rápida de lo normal, como explicaron los profesores Stuart L. Pimm y Clinton Jenkins en Scientific American.
Son sólo ejemplos aislados que forman parte de un cuadro mucho más amplio repleto de ese tipo de casos. Casos donde se perpetúan paradojas como un crecimiento económico desmesurado a costa de una destrucción del medio irreversible.
Los liberales volverán a recomendar crear mercados para los recursos públicos y ambientales. De hecho, esa podría ser una de las soluciones, si se hiciese desde la igualdad y el Mercado no fuese una utopía inalcanzable. Siempre habrá quienes rompan el mercado, y sólo un Estado fuerte puede impedir abusos. Por eso precisamente se desea que desaparezca desde ámbitos neoliberales.
Si una empresa quiere usar el aire para contaminar, que pague por ello. Que el aire y el agua pertenecen a los ciudadanos y al medio natural es indiscutible. Debe de existir un Estado fuerte que garantice que los mecanismos de uso de esos recursos sean equitativos, o todo programa encaminado en este sentido fracasará y generará abusos de los más fuertes. Como lo hizo el mercado de emisiones de dióxido de azufre en Estados Unidos.
Ante esta paradoja del capitalismo, que crea un crecimiento macro pero genera grandes desigualdades a nivel micro, tenemos el reto de demostrar que existe una alternativa en la que el Estado vela por la libre competencia real y por una distribución de la riqueza más equitativa y protectora del medio.
Que genere comercio incluso con aquellas naciones que han sido dejadas de lado por las grandes multinacionales, que cree igualdad de trato en las relaciones internacionales, que fomente la innovación en áreas que las empresas consideran perjudiciales para sus intereses, aunque sean beneficiosas para los seres humanos. Por eso debe existir un Estado, y un sistema de ONG´s independientes paralelo al sistema económicos que los neocons quieren establecer como único e indiscutible.
Creemos riqueza, seamos competitivos, pero protejamos también a los indefensos y el medio ambiente. Es nuestro futuro lo que está en juego.
La historia social nos enseña que no hay política social sin un movimiento social capaz de imponerla, y no es el mercado, como se tiende a hacer creer hoy en día, sino el movimiento social quién ha civilizado la economía y ha contribuido de manera fundamental a hacerlo eficaz
Esa es la teoría de la opción cero. Parece que Carles es uno de esos hombres-termómetro que se suma al vuelo a las corrientes de opinión predominantes en la sociedad.
El punto de vista...
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...