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viernes, 05 de diciembre de 2008
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Tres crisis de Europa Imprimir E-Mail
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ImageLa globalización comienza a principios de los 90 con la IED en China. El objetivo la paz duradera se ha conseguido. Los retos europeos eran interiores, a partir de entonces los retos vienen desde fuera. UE es un gigante económico sin cabeza y sin brazos. Ampliación e integración deben guardar un equilibrio complementario. Crisis de identidad, presupuestaria y constitucional. Límites neoliberales del actual proyecto Europeo. Perspectivas para el futuro inmediato. El problema clave que las decisiones dependan en exclusiva de los Jefes de Estado.
 

Artículo de Fernando Moreno Bernal, publicado originalmente en Red Economia Crítica  


La quinta onda larga de Kondratieff, la globalización, comenzó a principios de la década de los noventa. En 1989 cae el muro de Berlín, en 1993 China entra en la Organización Mundial del Comercio (OMC), el microchip se había inventado en 1971 pero no es hasta principios de los noventa que se generaliza el uso de los ordenadores personales y con ellos el trabajo en equipo, y hasta 1997 no se universaliza la gran revolución: Internet. Dos modelos de desarrollo se enfrentaban en el horizonte: de una parte el modelo chino, políticamente centralizado, sin participación democrática, con salario miserable y deshumanizado; de otra, el modelo europeo, democrático, con participación social y respeto a la libertad individual. Las transnacionales comenzaron a invertir y trasladar actividades a China y a India, optaron por el primero.

Las recientes celebraciones del 50 aniversario de la firma de los primeros Tratados que dieron lugar al nacimiento del proceso que nos ha traído hasta  la Unión Europea han estado dominadas por el pesimismo. La crisis social ha provocado la crisis de confianza que reflejan los eurobarómetros, inseguridad y falta de perspectivas de futuro. Como pone de manifiesto Vicenc Navarro[1] en su reciente trabajo "La crisis de la Europa social" el rechazo hacia las instituciones de la UE procedía primordialmente de las clases populares que se sentían más inseguras frente a los desarrollos económicos y sociales en sus vidas cotidianas, en su calidad de vida.

Los elementos que provocan este euro escepticismo, según Vicenc Navarro, son el desempleo, desigualdad creciente entre rentas del capital y rentas del trabajo a favor siempre de las primeras y la ralentización del crecimiento del gasto público social por habitante y que afectan directamente a la calidad de vida de amplios sectores de la población.

Como nos señala el premio Nóbel de economía norteamericano Joseph E. Stiglitz[2] los europeos no deben desalentarse porque son procesos globales que se manifiestan más duramente en Estados Unidos; realidad que no impide que la opinión pública responsabilice a las instituciones de la UE.

La motivación fundamental de los fundadores del Mercado Común Europeo hace cincuenta años fue alcanzar una paz duradera. Ese sueño se ha conseguido y, con él, Europa se ha convertido en un gigante económico con el mayor número de habitantes tras China e India, con el mayor PIB del mundo y la segunda moneda más importante; con la mayor diversidad cultural y calidad de vida generada por su solidaridad institucionalizada en el Estado del bienestar. Bienestar económico, democracia y justicia social son los valores que convierten a la UE en deseo del resto del mundo. En palabras de otro norteamericano, Jeremy Rifkin[3], "la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano".

Hasta comienzos de esta quinta onda larga, los noventa del S. XX, los retos europeos eran interiores, hacia dentro de si misma. A partir de entonces los retos vienen desde fuera: desempleo estructural provocado por la revolución tecnológica, deslocalización empresarial provocada por el dumping social que genera inseguridad, inmigración y cambio climático. En este contexto la rivalidad entre EE. UU. y la UE se acrecienta. Las guerras comerciales se suceden y las relaciones de cada gran área económica con el resto del mundo cobran mayor importancia.

Se pone de manifiesto que la UE es un gigante económico sin cabeza (integración) y sin brazos (política exterior común y poder militar propio). En la guerra ilegal de Irak la UE se dividió, a pesar de estar claro desde el principio que un objetivo básico no era otro que desplazar el control de las reservas de petróleo de transnacionales europeas y rusas a las norteamericanas y de Gran Bretaña. En el reciente y patético episodio con Rusia por el contrato de suministro de gas la UE ha vuelto a estar dividida. Como tristemente señala Joschka Fischer[4], que fue ministro de Exteriores y Vicecanciller de Alemania entre 1998 y 2005, "Europa vuelve a escandalizarse: da la impresión de que las dos grandes potencias de la guerra fría no se toman en serio a Bruselas."

Estados Unidos, conciente de la ventaja comparativa que esta situación le ofrece, la potencia. Hace quince años, con la Europa de los quince, existía un equilibrio entre dimensión e integración. Los objetivos estaban claros, los instrumentos estaban adaptados a su realidad y la ampliación se realizaba sin poner en peligro su unidad e integración. En la actualidad, tras la "gran ampliación" a 25 primero y a 27 posteriormente, estos equilibrios se han roto. Algunos de los nuevos socios (Polonia y Republica Checa) obedecen las instrucciones de Washington antes que las de Bruselas, como demuestra el triste episodio de los inútiles e innecesarios escudos antimisiles en sus territorios que también son los de la UE. Las presiones de US para integrar a Turquía en la UE responden también a fomentar el enfrentamiento y las dificultades de las tomas de decisión.

Para evitar que cada vez haya más europeos pero cada vez menos Europa y para que la ampliación no reduzca su ambición política, ampliación e integración deben guardar un equilibrio complementario. Y hoy muchos europeos perciben el desequilibrio entre una dimensión que no cesa de aumentar, objetivos cada vez menos claros e instrumentos cada vez menos adaptados.

Manuel Castells[5] en el segundo volumen de "La era de la información" señala que para enfrentarse a los retos de la globalización tan sólo podemos apoyarnos en el poder de nuestra identidad, en lo que nos hace únicos, peculiares.

La Unión Europea es un proyecto colectivo que como todos ha de tener una misión (qué soy) y una visión (qué quiero llegar a ser, cual es mi "demos", mi razón de ser). Europa sabe que ha sido. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas la ha sumergido en esta primera gran crisis de identidad.

En la medida en que no sabemos dónde queremos ir es difícil acordar los presupuestos comunes. Europa tiene Presupuesto, la gasolina para el viaje, pero este es ridículo para las tareas y envergadura de este. El Presupuesto total para el periodo 2007-2013 asciende a 864.300 millones de Euros, el correspondiente a 2007 es de 126.500 millones de Euros. Aunque parezca una gran cantidad no lo es. Sólo el PIB de España de 2006 ha ascendido a 985.000 millones de Euros. Es decir, el Presupuesto de la UE para siete años es inferior al PIB español del año pasado, y no llega a suponer el 1,19% del PIB europeo. Comparece con el Presupuesto de EE. UU. el 19% de su PIB anual.

Sin destino claro no sabemos que avituallamiento necesitamos y, ni siquiera sabemos para qué queremos las ampliaciones por lo que se pone en entredicho la solidaridad interior característica de la UE. En el debate de los últimos Presupuestos los Estados se negaron a incrementar sus aportaciones por lo que al haberse ampliado el porcentaje sobre el PIB disminuyó. La segunda gran crisis europea es la Presupuestaria, que se une a la falta de homogeneidad interna de las políticas fiscales, que favorece y potencia el dumping fiscal entre los Estados miembros y a la independencia y falta de control político - democrático del Banco Central Europeo, es decir, de la política monetaria de la UE.

Crisis de identidad y destino que provoca, en palabras de Martín Ortega Carcelén[6] "una brecha insalvable entrecreación de una identidad europea que se suma a la de los Estados nacionales, y por eso aceptan la idea de Constitución, y los más nacionalistas que quieren mantener a toda costa el protagonismo de los Estados individuales y conciben la UE como una mera organización internacional de coordinación, por lo que rechazan símbolos como la bandera." La tercera gran crisis europea es la Constitucional.

  • Límites neoliberales del actual proyecto Europeo

El último Consejo Europeo de Berlín, celebrado el 7 y 8 de marzo 2007 se ha enfrentado a los retos que tiene la UE ante la globalización. El punto fundamental de la agenda ha sido la política energética y el cambio climático. Se ha conseguido una propuesta unitaria de cara a la reunión del G-8 en junio, donde defenderá el impulso de las negociaciones para un Acuerdo post Kyoto en el marco de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2007-2009. Pero el concepto de la energía como un servicio público está ausente, sacrificado a la dinámica interna de un mercado único en formación bajo el dictamen de las grandes empresas energéticas europeas.

El Consejo tomó nota de la recuperación de la economía europea, en especial de la zona euro y de Alemania, con una tasa de crecimiento del 2,7%. Hay un crecimiento de la economía mundial, sobre todo de la capacidad productiva, que implica una fuerte competencia por cuotas de mercado, que afectan a una economía exportadora como la europea. Las exportaciones europeas tienen que competir con un dólar muy devaluado, lo que abre el interrogante de las posibles estrategias para mantener su competitividad. Bien una estrategia de incremento de la productividad que permita salarios y empleos de calidad, defendida por Segolene Royal o una reestructuración que haga recaer en los trabajadores, sus salarios y calidad de empleo, defendida por Zarkozy en Francia.            

La cuestión clave en Europa es en qué medida la recuperación económica va a permitir un reforzamiento del modelo social europeo a través de una mayor participación de los salarios en la renta total y reforzar la demanda interna.

Es evidente que no se puede construir más Europa con menos derechos sociales para los europeos. 

El acuerdo alcanzado en el Consejo de Berlín se basa en tres compromisos. Como señala G. Búster[7] este triple compromiso está lejos de las necesidades para una lucha consecuente contra el cambio climático. Europa necesita un modelo energético que parta no de los beneficios de las empresas del sector energético sino de las necesidades de los ciudadanos.

 
Con respecto al Tratado Constitucional la presidencia alemana quería forzar un cuarto apartado en la declaración sobre el 50 Aniversaria del Tratado de Roma del próximo 25 de marzo con un compromiso de acuerdo sobre el futuro del Tratado Constitucional para finales de la presidencia portuguesa en el segundo semestre del 2007 y la ratificación del nuevo tratado antes de las elecciones al Parlamento en 2009.

A pesar del nuevo lobby de 19 Estados miembros creado en Madrid bajo el patrocinio español, el Tratado constitucional parece condenado por la oposición cerrada de Reino Unido, Polonia, República Checa, Países Bajos y Francia. El texto rechazado es inaceptable políticamente para quienes lo rechazaron por sus políticas neoliberales convertidas en ley. Pero el reforzamiento de los derechos sociales como contrapartida es inasumible para quienes se oponen a cualquier proceso de construcción política. El bloqueo parece total. 

  • Perspectivas para el futuro inmediato

Trás los atentados del 11-S, el unilateralismo de la Administración Bush ha sido un desafío al compromiso con el multilateralismo. A Europa se le reclama desde el resto del mundo que puede y debe convertirse en el gran defensor de un mundo multipolar, defendiendo los valores que nos han convertido en lo que somos: la democracia entendida como participación activa y diaria, lo que supone una sociedad civil organizada, informada, comprometida y participativa, que vaya más allá de la mera votación cada cuatro años en las elecciones,  que se implique en la toma de decisiones de un desarrollo económico, social, sostenible y participativo de sus territorios y poblaciones; la justicia social, la defensa de los derechos humanos, la paz y la armonía con el medio ambiente, que exigen superar egoismos para conseguir el bién común.

Las perspectivas para el futuro inmediato interno de la UE vienen marcadas por el intento de Angela Merkel de impulsar un minitratado europeo y por el resultado de las elecciones francesas del seis de Mayo.

La corta y triste Declaración de Berlín es el síntoma de crisis interna: La falta de acuerdo en cuestiones esenciales entre los 27 gobiernos. Merkel quiere conseguir un acuerdo en el Consejo Europeo de Junio, introducir los cambios necesarios hasta final de 2007, completar el proceso de ratificación en 2008, antes de las elecciones al Parlamento Europeo de 2009.

            Las cuestiones claves de esta propuesta están, según Jose Ignacio Torreblanca[8] en:

  • la hoja de ruta para salvar la Constitución
  • gobiernos mandan y se excluye a los Parlamentos
  • pensamiento minimalista y escéptico acerca de la Unión Europea de Merkel

El principal problema no es el NO en los referendum francés y holandés. Son los gobiernos euroescepticos, las dosvisiones de futuro de Europa en el mundo. Merkel, Blair y Sarkozy quieren una mini-constitución; otros pretenden hacer cambios menores y el club de los 19 (los 18 que ya la han ratificado, Alemanía entre ellos aunque no ha completado el proceso de ratificación, más Eslovenía) surgido de la convocatoria conjunta hispano-luxemburguesa del pasado 26 de Enero en Madrid, quieren preservar el texto tal como está.

Lo importante para el club de los 19, como defiende Martín Ortega Carcelén[9] es que se cree la figura del Presidente Europeo para evitar la rotación semestral, establecer un ministro europeo de Asuntos Exteriores con competencias, incrementar el papel del Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales, cambiar la toma de decisiones a mayorías cualificadas en lugar de la actual unanimidad, y atribuir nuevas competencias en cambio climático, inmigración, terrorismo y crimen organizado.

Las dificultades vendran de los euroescepticos (Gran Bretaña, Irlanda, Polonia, República Checa, Dinamarca, Finlandia y la Francia de Sarkozy) que menosprecian la integración política, no ven razones para atribuir nuevas compentencias a Bruselas y, en cuestiones internacionales, piensan que Europa debe alinearse siempre con EE. UU.

Dentro de los posibles escenarios futuros el más previsible es la potenciación de la europa a varias velocidades. Posiblemente los países que han adoptado el euro como moneda se verán forzados a una mayor integración por las incertidumbres y riesgos que vendrán desde la economía internacional. La fuerza de esta tendencia ha dependido del resultado de las elecciones francesas. No es lo mismo que su Presidente sea Sarkozy que Segolene Royal. El primero se unirá a Gran Bretaña arrastrando a Merkel. La segunda se hubiese aliado con Zapatero y Prodi forzando a la unión a Merkel.

Como dice Josep Borrell[10] cualquier revisión que sea necesaria del Tratado Constitucional debe incorporar la dimensión parlamentaria. Europa no se seguirá construyendo sin sus ciudadanos, es decir sin una mayor implicación de sus Parlamentos. Es una de las grandes lecciones de la experiencia del intento fallido de aprobar el llamado Tratado Constitucional Europeo. El intento de Merkel, Blair y Sarkozy se verán enfrentado a una gran oposición ciudadana.

La propuesta de constitución que no llegó a aprobarse fue un intento por otorgar a las políticas de la Unión ya existentes un estatus legal superior que, una vez ratificado, resultaría extremadamente difícil de enmendar.

Sin embargo, son los propios fundamentos institucionales de la UE los que representan el problema clave. Desde la firma del Tratado de Roma, la Unión ha tendido a aislar a las fuerzas económicas de toda responsabilidad democrática. Esto es fruto, en parte, del ‘intergubernamentalismo', es decir, del hecho de que las decisiones de la UE dependan, en exclusiva del Consejo Europeo, de los jefes de Estado unicamente.

El tratado constitucional prometía unas mejoras muy limitadas en este sentido, aunque lo que ofrecía por un lado lo restaba por el otro ya que, al otorgar a las políticas económicas neoliberales el estatus de constitucional, que exigiría la unanimidad para su cambio, impediría todo posible debate futuro sobre la política económica y social.

Esta continua tendencia a colocar el neoliberalismo por delante de la responsabilidad democrática constituye el verdadero fracaso histórico de Europa. Otra Europa aún es posible, y no es difícil imaginar los principios sobre los que se podría construir. Igualmente otro mundo es posible, pero le corresponde a Europa tomar la iniciativa para lograrlo. 

Casi doscientos años después de la Constitución de 1812, que inauguró nuestra historia constitucional y fue la semilla de la que surgieron los estados latinoamericanos, la actual generación está llamada a ser la que inicie la historia de Europa como Estado-continente.

Europa debe ser protagonista en la mundialización, en la construcción de otro mundo posible, y para ello ha de poder actuar con autonomía en temas trascendentales como los de la paz y la guerra, equilibrios ambientales del Planeta, justicia penal internacional, comercio y desarrollo mundial.

Los europeos sabemos que para enfrentarnos a los problemas actuales de la globalización neoliberal nuestros Estados nacionales no son operativos. La naciente Europa necesita SER si quiere poder regular la globalización, construir ese otro mundo posible.

Lo urgente, en el momento actual, es neutralizar la hegemonía de EE. UU. en Europa y comenzar a contruir nuestra propia hegemonía en nuestro beneficio y en el de la totalidad de la humanidad. Paradógicamente el NO francés y holandés al Tratado Constitucional, fundamentalmente basado en el deseo de más Europa política y social, está justificando y dando lugar a la ofensiva de los euroescepticos que podan precisamente los aspectos progresistas y sociales que encerraba. Para ello Europa debe tener VOZ ÚNICA.

Lo necesario, lo inaplazable, es la defensa de la paz y de las condiciones mínimas de supervivencia de la humanidad; enfrentarnos a los retos y desafios del cambio climático. Europa debe estar a la cabeza demostrando que se puede dejar de lado los pequeños egoismos para conseguir el bién común. Para ello necesitamos la EUROPA POLÍTICA

Lo importante, si queremos recuperar el entusiasmo y la ilusión de la ciudadanía europea, si queremos que este proyecto se sostenga en el tiempo, si queremos darle alma desarrollando su identidad al proyecto europeo, Europa tiene que desarrollar políticas en beneficio de su ciudadanía, que tiendan a resolver las necesidades de su población, abandonar las políticas neoliberales que ha desarrollado hasta ahora. Para ello necesitamos la EUROPA SOCIAL.

La propuesta de este humilde articulista consiste en eliminar el Título III del fallido Tratado Constitucional, que núnca debería haberse incluido, y ratificar el resto del fallido Tratado Constitucional simultaneamente, el mismo día, en referendum en los 27 países, según el procedimiento planteado por los eurodiputados Carlos Carnero y Bronislaw Geremek[11], al que desde aquí muestro mi solidaridad por el acoso que desde el antidemocrático gobierno actual de Polonía se ve sometido.

Una consulta de estas características permitiría cotejar la realidad política de cada país con las otras 26. Ningún resultado podría interpretarse en clave nacional.

Se generaría el debate entre toda la ciudadanía europea y se impulsaría la toma de conciencia de que lo que está en juego es que papel representará Europa en el mundo en las próximas décadas y, en el fondo, nuestro bienestar y desarrollo social futuro.

Para que tal iniciativa pudiera llevarse a cabo es necesario la implicación y el protagonismo del Parlamento Europeo y el de los Parlamentos Nacionales en colaboración con el Consejo y la Comisión Europea.

Este referendum haría emerger la identidad europea, el alma europea. Acercaría la UE a la ciudadanía, situandola en el corazón de la política europea y y daría sentido y vigor a la noción de ciudadanía europea.

Fernando Moreno Bernal

Cádiz, a 8 de Mayo de 2007



[1] "La crisis de la Europa social" Navarro, Vicenç  El País  24/01/07

[2] "La misión mundial de la UE" Stiglitz, Joseph E. www.project-syndicate.org 2007

[3] "El sueño europeo: Cómo la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano" Rifkin, Jeremy Ediciones Paidós Barcelona 2004

[4] "Una Europa de nuevo dividida. La política respecto a Rusia se parece cada vez más a un corral de gallinas" Fischer, Joschka www.project-syndicate.org 08/04/07

[5] "La era de la información. Vol. 2 El poder de la identidad" Castells, Manuel Alianza Editorial S. A. Madrid 1997

[6] "Escenarios para Europa" Ortega Carcelén, Martín El País 28/04/07

[7] Los limites neoliberales de las políticas sociales y ecológicas de la UE" Búster, G. www.rebelión.org 16/03/07

 

[8] "España toma la iniciativa europea" Torreblanca, José Ignacio Investigador Principal de Europa, Real Instituto Elcano ARI Nº 8/2007  23.01.2007 

[9]  "Escenarios para Europa" Ortega Carcelén, Martín El País 28/04/07

[10] "De Mesina a Berlín" Borrell Fontelles, Joseph El País 23/06/06

[11] "¿Y si consultásemos a los europeos?" Geremek, Bronislaw y Carnero, Carlos El País 30/03/07



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