| Cambio climático y estabilidad internacional |
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Hace un par de días se publicaba en el herald tribune un artículo sobre la relación entre la defensa nacional y el cambio climático. En este artículo pretendo hacer un pequeño comentario de la tésis que se defendía.
A primera vista no parece que haya una enorme relación entre temas tan reaccionarios y malvados como la política internacional, la defensa, la seguridad y la estabilidad y algo tan progre como el cambio climático. Cuando pensamos en estabilidad internacional pensamos en Apocalipsis nucleares, máscaras de gas y armas biológicas... A menos que creamos que los terroristas islámicos posean tecnologías para provocar huracanes o fantasías similares solo vistas hasta ahora en el Red Alert II (juego viejo y magnífico por cierto), no parece haber una relación directa entre garantizar la seguridad nacional y protegernos contra el cambio climático. Sin embargo merece la pena ir más allá de la primera impresión. El cambio climático tiene dos efectos principales: volver más impredecibles las secuencias climáticas y hacer que las catástrofes naturales tengan una intensidad hasta ahora desconocidas. Una vez precisado esto, merece la pena apuntar la regresividad redistributiva del asunto (I) para a continuación ponerlo en relación con la seguridad internacional (II). I Cambio climático y regresividad En primer lugar, en lo que se refiere a la impredecibilidad del clima, esto afecta fundamentalmente a las economías cuyo rendimiento está mas correlacionado con el clima. En la medida en que el clima afecta la producción, el hecho de que sea mas impredecible impide que sea posible cubrirse de los riesgos climáticos y anticiparlos. ¿Cuáles son estas economías? Fundamentalmente las economías agrícolas, poco intensivas en tecnologías y con un sistema de gestión del riesgo poco desarrollado. Un agricultor senegalés depende mucho más de los monzones en cuanto a su fecha y su intensidad que un obrero industrial europeo o un abogado. Si ese año las lluvias llegan un mes antes cuando las plantas están en flor, puede suponerle la ruina total. En cambio, un agricultor europeo tendrá mecanismos de gestión del riesgo como el Estado del bienestar o la PAC y cultivos de carácter transgénicos que lo harán mas resistente a los cambios de clima. En este sentido, da la casualidad de que la impredecibilidad afecta con más fuerza a los países mas pobres y sobre todo, a los sectores mas desfavorecidos de estos países, lo cuál intensifica la desigualdades. En segundo lugar hay que analizar la intensidad. El hecho de que las catástrofes naturales sean más “catastróficas” es algo que daña el tejido productivo. Pero lo hace en mayor medida en las zonas tropicales donde se ubican los países pobres que en las zonas templadas. En primer lugar, porque la intensidad es mas fuerte en esos lugares (el tsunami no ocurrió en Europa) y en segundo lugar porque las infraestructuras de esos países son menos resistentes que las de los países desarrollados. A nadie se le escapa que el Katrina, a pesar de haber sido catastrófico, no hizo que se terminara el mundo, mientras que el Tsunami asiático sí. Debido a ambos efectos, el daño marginal sufrido por el cambio climático disminuye con la renta (cuanto mas rico eres, menos te afecta) y viceversa y es por lo tanto regresivo en términos distributivos. II Redistribución, represión y estabilidad Sabemos (gracias egócrata) que la estabilidad de un régimen depende en buena medida del nivel de igualdad en la distribución de la riqueza. La posibilidad de mantener una oligarquía solo existe cuando derrocar el régimen establecido tiene un coste superior a los beneficios posibles de cambiar el régimen. El coste de derrocar el régimen está es igual a la capacidad represiva del régimen. En este sentido, un régimen será mas estable en función de la eficacia del aparato represivo (es decir, del coste de derrocar el régimen) y del nivel de desigualdad. Traducido al caso que nos interesa merece la pena echar un vistazo a los distintos efectos. Hemos dicho en el artículo anterior que el cambio climático tiene efectos redistributivos, tanto a nivel internacional como local, absolutamente regresivos, es decir, al afectar con mas fuerza a los más pobres, las desigualdades tienden a incrementarse. Pero por otro lado, las catástrofes naturales tienden también a debilitar la efectividad del Estado en su labor de mantenimiento del status quo. Las catástrofes naturales crean inestabilidad, desorganización (incluso en España : ¿os acordáis de la nevada de Burgos?), inseguridad (pillajes, epidemias…), reducción de recursos (al bajar la producción también lo hace la recaudación) y todo esto es susceptible de desestabilizar el régimen y su capacidad de defensa del orden. Esto es tanto más grave cuando, como hemos dicho, la intensidad de estos fenómenos aumenta en los países donde, ya de por sí, el Estado es débil. Un huracán, una inundación o una epidemia es la mejor receta para multiplicar Estados fallidos y competición por le monopolio de la violencia. En una situación de inestabilidad local, es mucho más fácil que surjan Estados dispuestos a financiar terroristas o dispuestos a vengar su honor contra los Estados occidentales (ya sean democracias islámicas o dictaduras seculares) y esto es un factor que potencia fuertemente la inseguridad en un sistema anárquico como la sociedad internacional. En este sentido, sería el momento de que pensáramos algún sistema con el que moderar los efectos del cambio climático. Este sistema, no solo permitiría mantener un desarrollo sostenible a largo plazo, también nos permitirá ahorrarnos bastante en ayuda humanitaria y en defensa internacional y, buena noticia libertarios, reducir los impuestos! Contrariamente a lo que se cree normalmente, la única forma de garantizar la defensa internacional no es aumentar el gasto militar.
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| Escrito por Citoyen | |
| martes, 05 de junio de 2007 | |
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